Review MD: Everything’s different, nothing…

¿A quién está abrazando Susan? Lo sabremos hacia el final del capítulo

Un mes de “descanso” que no necesitábamos nos ha traído por fin el capítulo 17 de la séptima temporada de Desperate Housewives, un episodio para mí más bien flojo, pero que ha tenido elementos de season finale, y hasta de series finale si me apuráis. Antes de continuar, sin embargo, una pequeña mala noticia: otra pausa. Pero sólo de dos semanas. Incluyendo el próximo capítulo está previsto que haya cuatro semanas de normalidad, que ya era hora. Sin embargo, lo que planean hacer con esta séptima temporada me tiene muy intrigado, ya que después de Everything’s different, nothing changed me queda la sensación de que sólo hay una línea argumental de la que se pueda tirar, línea y media a lo sumo.

Pero no quiero enrollarme más. Empecemos con los acontecimientos de este capítulo que viene después del cliffhanger que suponía el tiro en la cabeza de Beth Young, la nueva y breve esposa de Paul que aprovechando su compatibilidad con la necesitada Susan como donante de riñón decidía ayudar a su vecina marchándose de un mundo que se había vuelto demasiado cruel para ella.

Nuestras amigas no tenían ni idea de lo que había ocurrido con Beth, de ahí su Nuestras amigas no tenían ni idea de lo que había ocurrido con Beth, de ahí su “poca sensibilidad” con el asunto

La alegre noticia de la súbita aparición de un donante alegra a Susan, a su marido y a sus amigas, que la esperan en el hospital para celebrarlo con ella. Es allí donde se enteran de quién es la donante y cómo ha llegado a serlo. Y viene después de un momento humorístico de los varios que tiene el episodio: Renée está planeando una fiesta en el vecindario, y cuando el doctor les pregunta si no están también algo tristes ella responde que sólo hay que decirle al del catering que habrá una persona menos, lo cual sorprende, naturalmente, al doctor, que no sabe que Renée se refiere a Susan y a su previsible ausencia por la operación.

Quien se entera de la donación desde el otro punto de vista es Paul, que se niega a permitir que desconecten a su esposa (sí, ha sobrevivido) por mucho que le digan que no va a despertar, y está menos dispuesto aún a que se lleve adelante el trasplante a una de sus enemigas, a quien le dice, no sin acierto, que no lo merece, puesto que ni ella ni ninguna de sus amigas acogió a Beth como una más en Wisteria Lane. Por lo tanto, de momento no hay riñón. A pesar de los papeles que había firmado la clínicamente fallecida, mientras esté viva legalmente es su marido quien debe tomar esta decisión, pero Mike está dispuesto a luchar cuanto haga falta por conseguir ese órgano que su mujer necesita urgentemente. Susan, sin embargo, cree que Paul tiene razón e intenta hacer que su marido desista.

“Si hubiera querido a un homosexual borracho en mi sofá me habría casado con mi novio de la universidad”

Por otra parte, ¿cuánto hacía que no veíamos a Andrew van de Kamp? Pues en este capítulo ha vuelto para crearle un nuevo problema a su madre: la señora McCluskey, que en este episodio sale en varios momentos breves pero soltando varios de sus comentarios cínicos, los que la hacen tan entrañable, se lo ha encontrado borracho en su sofá, y es que el chico tiene ahora un problema con la bebida, presuntamente heredado de Bree y tan grave que su marido Alex lleva tiempo rehuyendo su compañía, hasta que no puede más y lo abandona. Justo antes de que eso ocurra Bree lleva a su hijo a una reunión de su grupo de Alcohólicos Anónimos, donde Andrew, fingiendo que no son parientes, echa la culpa de su problema a su madre y todos (menos la pelirroja, claro) le dan la razón. Sí, es una explicación razonable, sabemos de los múltiples errores que ha cometido Bree como esposa y madre desde que la conocemos, pero… ¿a qué viene este arrebato etílico por parte de Andrew, que en el pasado ya había manifestado lo fastidiado que estaba por dentro de formas mucho peores? Sinceramente, esta parte no me ha convencido. Lo peor: que sí, que al final han hecho las paces y parece que de ahora en adelante tendrán una relación más cercana, pero… es una subtrama que ni siquiera ha durado dos episodios, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿era necesaria? Para mí, no.

Mientras tanto, sólo Renée quiere continuar con la fiesta, y acaba convenciendo a Gaby (son tal para cual, algo que ya sospechábamos pero que vamos confirmando durante el capítulo), aunque la señora Solís se preocupa por la mala imagen que están dando en el vecindario y cambia de opinión para intentar quitarle la idea de la cabeza. No hay manera: Renée se muestra claramente irrespetuosa con lo que ha ocurrido con Beth, como vemos en otro de los momentazos humorísticos de esta semana: “Mi vida social no va a parar porque una zumbada haya decidido limpiarse los oídos con un revólver”. Y luego sabemos por qué: la madre de Renée se suicidó cuando ésta era pequeña, y ha crecido intentando vivir la vida a tope y odiando a los suicidas por el daño que hacen a la gente de su alrededor.

Lynette vuelve a las andadas e intenta manipular a su maridoLynette vuelve a las andadas e intenta manipular a su marido

Antes de pasar a la parte final del capítulo, hablemos de los Scavo, que protagonizan la parte menos interesante del mismo. Otra vez sale la eterna discusión entre Tom y Lynette sobre la falta de ambición de él o el excesivo control que quiere ejercer ella, según quien nos lo cuente. Tom está bien trabajando con Carlos, pero le han ofrecido un empleo bastante mejor y este hecho desencadena lo que parece la batalla final sobre este tema en el matrimonio Scavo. Por fin se dicen las cosas claras: Lynette cree que Tom es demasiado leal a alguien que no lo sería con él si la situación fuera al revés, que le faltan agallas y que no iría a ninguna parte sin ella, y él le responde que como continúe tratándolo así se va a enterar. Amenaza totalmente vacía, porque ya sabemos lo manipuladora que puede llegar a ser Lynette, y en este capítulo lo vuelve a demostrar usando las debilidades de su marido, tanto las sexuales como las automovilísticas.

Y ahora sí, volvamos al tema del riñón: Paul ha visitado a Felicia, su suegra, que se arrepiente de haber echado a Beth de su vida tras su “fracaso” como ejecutora de su venganza contra Paul. Y convence a su odiado yerno de que ya es hora de dejar su enemistad, pues le ha costado la vida a una inocente. Conmovido, Paul se da cuenta de que su esposa lo quería de verdad, y ya que la hizo desgraciada considera que puede honrarla llevando a cabo su deseo, así que por fin tenemos riñón para Susan. Se lo dice en una conmovedora escena en la que no puede evitar llorar, y la señora Delfino lo abraza. Qué bonito… No, en serio. Momento emotivo y de redención para Paul. Pero lo que podría ser, como he dicho antes, un final incluso para la serie, no lo es: volvemos a la cárcel, donde Felicia recibe la noticia de que han decidido soltarla por “razones humanitarias” a causa de la muerte de su hija, y cuando se queda sola somos testigos de la sonrisa diabólica que se dibuja en su rostro.

Felicia se ha quedado sin la ayuda de su hija, pero ya no le hará faltaFelicia se ha quedado sin la ayuda de su hija, pero ya no le hará falta

Ésa es la línea que parece que durará hasta el final de la temporada, la única que tenía interés: la de Paul. En cuanto al resto de personajes, si a alguien le va a costar dormir pensando en cómo se tomará Carlos que Tom se marche… me sorprendería, pero todo lo demás sí que está más que cerrado. De hecho, lo está desde hace bastante tiempo, y las tramas propias de cada familia duran pocos o, en el peor de los casos, un solo episodio. Si me equivoco o no lo veremos dentro de dos semanas.


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