Review Mad Men: The Milk and Honey Route

Mad Men 7x13: The milk and honey route

Penúltima parada. Pasajeros rezagados, súbanse al tren antes de que les escape. Los coqueteos con Tánatos de los episodios anteriores se convierten ahora en verdaderas proposiciones indecentes, de un modo u otro, a través de una dicotomía entre lo viejo y lo nuevo con dos realizaciones muy dispares entre sí. Un canto del cisne en el que tampoco todo es negro, pues otro de los personajes consigue regresar, cuando menos, al Purgatorio, o eso parece.

LO VIEJO

– El impostor errante: penúltima parada del personaje más críptico e imprevisible del siglo XXI. Una avería lo deja atrapado, cual Gary Cooper, solo ante el peligro que esconde el candor y simpatía de una pequeña población de la América profunda. O más bien, cual Spencer Tracy en Conspiración de silencio, con la gran diferencia de que Draper no sabe lo que le espera. Un hombre que aprovechó un lance bélico para usurpar la identidad de otro y huír de su nefasto pasado es ahora extorsionado por unos veteranos de guerra, en la enésima prueba de la podredumbre moral que afecta a una sociedad ya caduca, en las metrópolis y en las provincias. La “América auténtica”, esa que quiere anunciar la Miller, no es tampoco un paraíso, sino más bien un infierno aún más asfixiante si cabe.

Como penúltimo paso de su salto al vacío (ese salto que llevamos contemplando desde el primerísimo episodio, en la cabecera de la serie), se despoja hasta del coche con el que empezó este extraño viaje a ninguna parte. Esta road movie final prosigue su curso sin coche, símbolo del “American dream”, que se desmorona como la estampas de la “felicidad material” que subyace bajo dicho mito en dicha cabecera. Prueba de que quizás ya Don haya tirado la toalla y sólo quiera ahora saciar esa obsesión personal suya por encontrar fantasmas.

– La dama de la triste figura: creo que tardaremos mucho en conocer a un personaje tan desdichado, abnegado y maldito como Betty Hofstadt (dejémosle al menos conservar su identidad original). Desde el minuto 1, su trayectoria ha sido poco menos que un valle de lágrimas. Y cuando parecía que le iba a ir a mejor, enseguida volvía a caer. De esta manera, lógica y coherente (y por tanto cruel de parte de los narradores) pero no necesariamente por ello previsible, es a ella a quien le toca la materialización más directa de esa aureola fantasmagórica de esta recta final: el cáncer ha llamado a su puerta y le resta poco tiempo de vida, justo cuando empezaba su tardía aventura universitaria, una de esas segundas oportunidades que da la vida de vez en cuando.

Precisamente el haber recibido tantos palos en la vida le ha hecho desarrollar un impresionante estoicismo, con el cual se rinde antes de empezar cualquier tratamiento y asume que tiene los días contados, por lo que prepara a su hija, a quien las circunstancias obligan a crecer cada vez más deprisa, para que se haga cargo de la situación. Esta trama sirve también para ver al habitualmente aséptico Henry derrumbarse y mostrar la persona detrás del político.

 

Una muerte corriente que se avecina y una “muerte” metafórica, la de Don Draper como tal, sentando en un banco tras haber dejado atrás su coche, lo único que le quedaba aún de Don para volver a ser aquello que fue en un principio, Dick Whitman, esperando el autobús en quién sabe dónde. No, las referencias continuas a A dos metros bajo tierra en mis reseñas no son una obsesión personal.

Mad Men 7x13: The milk and honey route

LO NUEVO

– El futuro de los Draper: con sangre de Whitman por un lado y de Hofstadt por el otro, Sally encabeza la primera generación de dicha “familia” nacida Draper, una tábula rasa del pasado y los errores de ambos. Su entrada en la edad adulta ha sido una de las constantes más interesantes de las últimas temporadas, desde que la preadolescente Sally se convirtiese en el personaje revelación de la cuarta temporada, cuando los vástagos de Don y Betty dejaron de estar como floreros en el relato a convertirse en uno de los puntos de fuga del mismo, si bien todo ese factor recayó en una primogénita que, naturalmente, cuanto más comenzaba a saber de sus padres, especialmente de Don, mayor resultaba el distanciamiento.

Sorprendentemente estable emocionalmente para lo que se podría esperar de una adolescente en una familia tan desestructurada y con unos padres tan descarrilados en la vida, Sally se convierte en la principal confidente y apoyo de su madre en estos momentos tan pésimos, tomada ya su decisión de dejar que la naturaleza siga su curso. A Betty le resulta más fiable la fortaleza y comprensión de su hija que la de su marido y por supuesto que la de su exmarido y padre de sus hijos. A la joven Draper le tocará madurar de golpe, pues en breves tendrá que comerse el marrón de gestionar las últimas voluntades de su madre y convertirse en el apoyo moral del resto de la familia. El creciente distanciamiento de Sally con sus padres se ha acabado “solventando” de la manera más funesta e inesperada. Desde luego que Sally no será la nueva Betty ni la nueva Don, pero se merece un golpe de buen karma antes del final.

– Don Draper 2.0: con Bob Benson o Michael Ginsberg fuera de escena por completo, hacía falta algún esporádico en el que pudiésemos proyectar hacia el futuro una suerte de “reencarnación” del protagonista (que yo siempre me he emperrado en ver en Hank Moody). Dichas plegarias han sido escuchadas y dicha reencarnación se materializa en la esencia más pura de Don, es decir, de ese Dick Whitman que llegó a ser el chico de oro de la creatividad publicitaria.

Del impostor al timador. Un lugareño aparentemente afable y servicial de esa población de Kansas en la que Draper queda atrapado, esa Black Rock aparentemente acogedora pero esencialmente hostil y traicionera. Un individuo con raíces comanches, que le impiden probar el alcohol, pero con una trabajada habilidad para el engaño, el chantaje, el raterismo y demás artes trileros. Fuera de juego y descubierto, abandona el pueblo junto a Don, que le acaba “dando la alternativa” con la muy simbólica cesión del coche. La mentira del sueño americano puede tener un nuevo ilusionista que la mantenga viva en las próximas décadas, alguien salido precisamente de las evidencias de esa mentira.

Mad Men 7x13: The milk and honey route

La redención

Entre tanta muerte, real o simbólica, tanto descenso a los avernos, algunos parecen asomar su cabeza a las zonas más agradables del Purgatorio, caso de Pete Campbell. Con una gran oportunidad laboral que lo puede sacar de esa toxicidad de Sterling Cooper, McCann y demás (excusa perfecta para poder despedirnos de otro viejo conocido, un Duck Phillips tan tramperas e impredecible como antaño), aprovecha esa tendencia positiva con su hija y sobre todo su exmujer, ante la que se hizo respetar cuando tocó (como bien vimos en una reciente entrega) para conseguir una segunda oportunidad y caminar hacia una hipotética reconciliación total.

No parece desde luego que Weiner y compañía nos quieran vender la moto de la familia tradicional, estable y unida, como garante de la felicidad, pero desde luego, sí a un nivel moral superior que la vida de bacanales y choques de egos de los publicistas de Madison Avenue, entre los que bien podría encajar Jordan Belfort y demás lobos de Wall Street.

 

Queda el gran final y se acabó para siempre. Sobra decir que ha sido mucho más que un placer, pero, ¿cómo de profundo será el vacío que nos dejará esta serie?

Nota del autor
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2 comentarios

  1. Anónimo

    “Sally, I always worried about you because you march to the beat of your own drum, but now I know that’s good. I know your life will be an adventure. I love you, Mom.” Me quedo con esa frase. Brillante capítulo, y ahora a despedirse con la series finale.

  2. sofi

    Pobre Betty, justo a ella tenía que darle el cáncer, aunque viendo como todos los personajes fumaban cigarrillos y cigarrillos sin parar, me asombra que solo ella sea la que se enferma. Al menos Sally se unirá más a su madre, esperemos que esa unión alcance también a su padre, que va por la vida sin rumbo fijo.

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