Review Mad Men: The gypsy and the hobo (3×11)

Todo lo bueno se hace esperar y la última incorporación de Todoseries no iba a ser menos, pero por fin tengo el honor de presentar una de las series más exitosas, sin duda por mejor trabajadas, del momento. De vuelta a los mejores y peores años 60, una serie con una personalidad aplastante y reconocible desde todos los ángulos. Un reparto acertadísimo, un tratamiento de cine clásico magistral, una ambientación incontestable, una banda sonora maravillosa y sobre todo, unos guiones de un peso intelectual y emocional que provocan sudores fríos. Es verdad que pillamos la tercera temporada a falta de tres capítulos, pero si eso significa algo es que nos quedan tres capítulos de infarto. De hecho, lo tormentoso del episodio al que nos enfrentamos hoy todavía me provoca respeto. Mucha caña para mi primera review, pero vamos a hincarle el diente juntos a ver qué sacamos en claro. ¿Empezamos? Pues sigue leyendo y asiste al estreno en Todoseries de… (redoble de tambores)… ¡Maaaaad Meeeeen!

Clark Gable murió de un infarto días después de terminar Vidas rebeldes, pero nadie ocupó su lugar, ni aun lo ha hecho nadie. En cambio alguien sí ocupó el lugar de Don Draper. Por otro lado, Rick Blaine (Humphrey Bogart en Casablanca) era un tipo que había transformado por entero su vida y a sí mismo después de haber luchado, entre otras, en la Guerra Civil española (con los republicanos). Exactamente igual que le ocurrió a nuestro querido Dick Whitman, el hombre que ocupó el lugar de Don Draper. Finísima la ironía y la relación con la serie que consiguen los guionistas al citar estas dos obras cumbres del cine, Vidas rebeldes y Casablanca. Realmente finísima, pero no nos adelantemos porque el capítulo tiene otras líneas argumentales. Claro que son algo secundarias después de que la semana pasada la pobre Bets encontrara la caja de Don (!!!), pero se trata de la por-todos-querida Joan y esta mujer merece nuestra atención completa. Que por cierto, informo a sus fans de que Christina Hendricks (la actriz) se ha casado este mes. Ya pondremos fotitos de la pareja y nos lamentaremos los hombres cuando hagamos un post del bodorrio, pero vamos a entrar en materia que a lo tonto lleváis ya dos buenos párrafos leídos y Mad Men sigue haciéndose de esperar.

3×11, The gypsy and the Hobo, La gitana y el vagabundo. Cómo no, el capítulo comienza con la clásica y hogareña escena en la cocina de los Draper, con la salvedad de que Bets sigue con la misma indescriptible mirada desde que encontró la caja. Indescriptible por la mezcla de emociones contradictorias que expresa pero también (perdonen señoras que me permita decirlo) por su insoportable belleza en el primerísimo plano con el que termina el capítulo anterior. Pues así sigue Bets, aunque gracias a Dios no se le vuelve a ocurrir llamar al odioso Henry Francis como venía haciendo últimamente; pero otra vez como en el capítulo anterior, Don se marcha tan pancho a casa de la señorita Farrell.

Una señorita Farrell que ha pasado del tonteo más descarado a las proposiciones más sutiles viniéndole a Don con el cuento de que no sabe lo que quiere pero quiere más. En realidad es lógico pensando en el (reconozcámoslo) imponente atractivo de Mr. Draper, pero lo que me sorprende es que el mismo Don parezca caer en las insinuaciones de Miss Farrell. Admito discrepancias, pero de momento no me creo esta historia, ni por ella ni sobre todo por él, sabiendo además lo que está a punto de caerle. Y desde luego me creo aun menos lo de Betty con el Pingüino Francis, o Pelícano Francis, como elijáis. Con lo que tienen los dos en casa, mucho me tienen que dar para que me tome en serio un rollete extramatrimonial de cualquiera de los dos.

Pero dejemos esta historia de lado por un momento porque Joan es la encargada, y de qué manera, de aligerar las tensiones del capítulo. Su historia sigue por donde se dejó la última vez y Greg aun no ha encontrado trabajo, lo que parece causarle tales dolores de cabeza a Joan que hasta le hace una entrevista ella misma. Buenísima esa escena y buenísima Joan con Greg, comprensiva hasta el infinito. Casi parece más, y lo digo por ambos, una relación de madre e hijo que un matrimonio. Pues ni aun así consigue el trabajo Greg, que está harto de las entrevistas y solo quiere ser cirujano, nada de psiquiatría. Pataleando y lloriqueando incluso termina gritándole a la pobre Joan. O no tan pobre, porque sin mediar palabra le estampa un jarrón en la cabeza al llorica. Tan comprensiva como cínica, tremenda Joan. Pero es que no acaba ahí su genialidad, porque lo que sí merece una mención aparte es la desternillante llamada que le hace a Bert a la oficina. Sobran adjetivos.

JoanJoan

Un Bert que, aunque sin demasiada trascendencia, también tiene su papel en este episodio. Su reencuentro con un viejo desamor de París nos deja varias situaciones simpáticas y al menos una gran frase. Siempre has tenido una embriaguez interesante me parece sin duda uno de los piropos a un hombre más grandiosos que se hayan escuchado. Pero poco más que emborracharse es lo que hacen estos dos, ya que Bert no tiene ningún interés en escuchar adulaciones rebuscadas y al día siguiente le deja las cosas claras a Anabelle. Ella, mujer de altura, pierde por un momento la compostura y casi le suplica a Bert, que dice haber sufrido ya bastante por ella y haberla olvidado. Rechazada, se despide Anabelle en una escena que creo que consigue una emotividad admirable para ser una relación de un único episodio.

Mientras tanto, Betty y el imbécil (perdón) de su hermano han estado hablando con su abogado para resolver el asunto de la casa en la herencia de su padre. El imbécil pronto se larga gritando y Betty le consulta a Milton por los descubrimientos que acaba de hacer sobre Don. Éste reacciona preguntándole por el divorcio, pero rápidamente pasa a tranquilizarla y recomendarle que le dé una oportunidad a su marido ya que es buen trabajador, padre y marido. Y damos fe de que lo es. Con sus deslices, como todo el mundo, pero seguro de cortar la relación con Suzanne cuando Bets le obliga a sacar la caja del escritorio y descubre todo. Aquí sí me da pena la señorita Farrell, sola en el coche, al menos porque por los episodios anteriores parece que su casa queda lejos de la de los Draper y le espera una buena caminata nocturna, solitaria y deprimida.

Pero parémonos en la historia de la caja por razones obvias. Para empezar, y es lógico, no recuerdo haber visto a Don tan nervioso desde lo de su hermano. Apenas queda creíble, pero es que ¡hasta se le cae un cigarro de la mano! a este hombre, que casi fuma con la clase con la que lo hacía el ya mencionado Humphrey. Aun así su discurso es impecable, ya dice Bets que se le dan muy bien las explicaciones. Impecable pero destrozado, le cuenta toda la verdad, su verdadera infancia y el suceso con su hermano, hasta provocar su compasión y perdón. El perdón no lo tiene asegurado porque Betty se siente traicionada, pero desde luego parece creer a Don (Dick) y casi me atrevería a decir que su relación puede salir fortalecida de esto.

The gypsy and the hoboThe gypsy and the hobo

Los problemas de Greg y Joan terminan con éste regalándole unas flores, prometiéndole un jarrón nuevo y comunicándole que… ha entrado en el ejército como cirujano. No acierto a adivinar si Joan se alegra realmente por la noticia, pero si no es así lo finge perfecto. El caso es que no volverá a trabajar, y la ayuda de Bert, que parecía muy interesado en encontrarle trabajo, de momento no sirve para nada. Lo que no me hace mucha gracia de esto es que pese a las apariciones magistrales de Joan, su presencia es cada vez más testimonial y forzada ahora que no lleva tiempo alejada de las oficinas. Esperemos no perderla del todo en la cuarta temporada.

Y el capítulo se cierra con el señor y la señora Draper juntos de nuevo pero no del todo, porque aunque los dos parezcan haber dejado de lado sus respectivas aventuras, entre ellos queda mucho que cortar. Aun así, salen como una parejita feliz a celebrar Halloween con sus hijos, que van disfrazados de gitana y vagabundo. Un vecino lo adivina rápidamente, pero para sorpresa de la pareja, se muestra igual de hábil e irónico al preguntarles: ¿y ustedes, quién se supone que son?

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