Review Mad Men: The Grown-Ups

Tras un estreno sin una afluencia de público precisamente masiva, Mad Men pone toda la carne en el asador para hacerse su hueco en Todoseries. No podía ser de otra forma siendo el penúltimo capítulo de la temporada, pero lo que hemos visto puede darle tal vuelco a la serie que espero poder exponerlo en menos de 1.000.000 de caracteres (perdón si no lo consigo) y que entendamos a qué nos vamos a enfrentar en una season finale que desde luego se promete tormentosa. El episodio le da un repaso a casi todos los personajes y poco vamos a poder obviar, así que basta de presentaciones y empecemos con ese repaso.

3×12, The Grown-Ups, Los adultos. Si ayer fue el aniversario de la caída del muro de Berlín, Mad Men nos sitúa en este episodio en otra fecha histórica. Nada menos que el 22 de noviembre de 1963, o sea, el día en que supuestamente Lee Harvey Oswald asesinó al presidente Kennedy. Y digo supuestamente porque Oswald se declaró inocente tras ser detenido y dijo ser la cabeza de turco de una conspiración. Dos días más tarde, Jack Ruby, un oscuro empresario judío, disparó a Oswald de muerte sin siquiera haber sido interrogado. Por las relaciones de el supuesto asesino con la Unión Soviética y el ejército americano, el asunto dio pie a numerosas teorías que no vamos a tratar aquí, pero que removieron los cimientos de la sociedad estadounidense y que para lo que a nosotros nos ocupa, Mad Men, nos deja un escenario de semifinal de temporada difícil de igualar.

Aun así, el día empieza como otro cualquiera para todos excepto quizá para el habitualmente formalísimo Campbell, que ese 22 de noviembre se despierta destemplado y de mala gana en el sofá de su oficina para beberse un chocolate caliente que tampoco le gusta. Desde el principio del capítulo se ve que no va a ser su día, porque tampoco la reunión con el señor Pryce le va demasiado bien. Resulta que Cosgrove va a ser el nuevo vicepresidente y jefe de servicio de cuentas, puesto al que obviamente aspiraba Pete. Él será el jefe de gestión de cuentas, lo que para mí, que sé tanto de economía como de la historia de Papúa Nueva Guinea, no es muy diferente, pero para Pete parece un insulto enorme, y aunque aguanta el tipo delante de Pryce, se marcha a casa con su peor cara y dedicándole una última mirada fulminante al buenazo de Cosgrove.

La testimonial presencia de Peggy en el episodio comienza pronto con una simpática y ácida conversación con su amiga. Como siempre, aunque no la que más, buenísimas las conversaciones entre mujeres en Mad Men, conseguidísimos los personajes femeninos y qué decir de las actrices. Continúa el esquema con la ex mujer y la hija de Bert, Margaret, a punto de casarse pero dudosa y caprichosa hasta hartar. Pobre Roger teniendo que lidiar con las dos fieras por teléfono para volver a hacerlo justo después con Jane. No hay duda de que sabe hablar y resolver, pero tanta mujer es demasiado hasta para él. ¿Os acordáis de Anabelle del capítulo anterior? Supongo que que sí, Bert seguro.

Campbell ha vuelto al calor del hogar, con la gran aliada en su aparente guerra con Sterling Cooper que será su mujer. Y hogareños también los Draper, tanto que esa entrañable escena nocturna me ha reforzado la sensación de que su tormenta traería una calma pronta, al menos hasta casi el final del capítulo, donde he tenido que tragarme mis palabras. Pero no nos adelantemos, porque, y ya lo estaba echando de menos, ¡por fin alguien se acuerda de Salvatore! Cómo no, es Don quien le nombra, lástima que sea para hablar de su sustituto, el señor Charcot. Apuntamos el nombre aunque Pryce diga que no pueden asumir su coste.

El asesinato del presidenteEl asesinato del presidente

Y estalla la bomba. Primero lo ve el amiguito de Peggy en televisión, acto seguido llaman a Pryce con la noticia, después lo ve casi toda la plantilla en un despacho y por último nos muestran la reacción de Betts, probablemente la que peor lo asume, llorando desconsolada y confusa. El asesinato del presidente conmociona al país. Volvemos al hotel, donde Peggy se entera de la noticia tras pasar un buen rato, y de ahí a Margaret, peor que nunca. Por su parte, los Campbell, heridísimos (…), se atrincheran en su orgullo y en su casa decidiendo no ir a la boda de Margaret por rencillas políticas mientras Don vuelve a poner el sentido común intentando tranquilizar a los suyos en casa.

Al día siguiente, pese al luto oficial del país, se termina celebrando la fiesta de Margaret y el que va a ser su marido, Bruce Hargrove. Y allí que va toda la jet-set, napoleones varios incluidos; y la parejita, Don y Betty, con la desgracia (para todos) de que entre en escena mi odiado Mr. Pelícano, Henry Francis. Aun así, Betts se cuida de ser descarada y ambos se conforman con cruzarse un par de miradas que prometen un encuentro solitario. Si alguien le encuentra a este tío la más mínima clase, elegancia, porte, presencia, distinción, estilo, etc. que por favor lo argumente en los comentarios porque a mí me pone negro.

Don versus HenryDon versus Henry

Y de nuevo, cogida con pinzas la aparición de Joan, ya que estamos dependiendo mucho de Roger para verla últimamente. Pero eso sí, me quito el sombrero ante esta relación. Bert lleva de vuelta a la habitación a su hija borracha (la pobre ya no tendrá un presidente guapo) y una vez dormida, llama a su querida Joannie por pura necesidad. Ya hemos hablado de “las mujeres de Roger“, pero teniendo en cuenta que las relaciones de (solo) amistad entre hombre y mujer no abundan en esta serie, la profundidad que alcanza ésta es de agradecer, y provoca conversaciones y momentos realmente (me voy a permitir el término) deliciosos.

JoannieJoannie

La tormenta continúa, y por la mañana disparan a Oswald mientras Betty lo ve en directo. Inexpresiva, le dice a Don que va a dar un paseo sola, y efectivamente sale, pero directa a ver al pingüino Francis. Y he de decir que en ese momento casi quito el capítulo y paso de la review por la rabia. Es que es tan tonto que ni queda creíble que Betty se encapriche así, pero vamos, como hay que comentarlo, diré que el viejo pelícano vuelve a hacerse el casanova con la gracia de un playmobil y consigue besar a Betty como pocas veces he visto besar de mal a alguien. Hasta le ofrece matrimonio el baboso. Horrendo.

Pete y su esposa no se cansan, vuelven a dejar claro que son suficientes y prometen una season finale interesante, pero quien sí se cansa es Betty, que al llegar a casa y ver a Don cree que ya es suficiente. Se lo dice. No lo de Henry, no. Mucho peor, hasta se me hace difícil de escribir. “Ya no te quiero”, le dice. Y apoyándolo con esa mirada indiferente, despreciando. “Ayer te besé… y no sentí nada”. Uffff… durísimas palabras, demasiado. Si me costó ver esa escena está siendo casi peor describirla. Eso sí, increíble January en cada frase, realmente pone los pelos de punta. Ni Don lo aguanta aunque intente mantener el tipo, mostrándose escéptico y atribuyéndolo al shock del momento en un desesperado intento de agarrarse a algo. Pronto se marcha a la habitación, ahora sí, derrotado.

¿El último beso¿El último beso?

Amanece como anocheció y Don se va a trabajar obviando el luto nacional y el beso a Betty, que no parece nada receptiva. Ya en la oficina, se sorprende de ver a Peggy trabajando. Ésta le cuenta cómo ha huido de los lamentos de su madre pero paradójicamente le invita a ver el funeral en la oficina de Cooper. Don niega con la cabeza. Nada de funerales para un hombre muerto. Es la última escena del capítulo y Don prefiere retirarse a su despacho a beber solo.


Categorías: Sin categoría
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »