Review Mad Men: Shut the door. Have a seat

Se acabó lo que se daba. Como reza el título, se cierra la puerta, se acabó la tercera temporada; pero tomemos asiento porque a esto le llamo yo dar un portazo. No es que haya sido una season finale especialmente sorpresiva porque los hilos venían moviéndose hacía tiempo y ya sabemos que los cambios en esta serie se mascan y mascan hasta escupirse, pero lo que es seguro es que nos ha dejado momentos memorables para aburrir y un prometedor augurio para la próxima temporada. Al menos para nosotros como espectadores, porque Don y compañía van a tener que jugársela una vez más. ¿Cómo? ¿Por qué? ¡Vamos a verlo!

3×13, “Shut the door. Have a set”. “Cierra la puerta. Siéntate“. En este primer párrafo me gusta comentar las referencias y citas a la “vida real” que se hacen en el capítulo, pero hoy vamos a dejar eso para el final, no por capricho, sino porque había tanto que decir y resolver que a los guionistas casi se les olvidan sus típicos guiños y dejan el más grande para el final. Pero el capítulo también empieza fuerte, nada más y nada menos que con míster Hilton (Connie para los amigos) teniendo una dura conversación con Donnie (ya que estamos entre colegas…) y que parece poner fin a la relación entre los dos tipos más duros del oeste. Todo apunta a que perderemos a Conrad para la cuarta temporada, una pena, porque cada aparición suya desde aquella antológica escena en la que conoció a Don preparando cocktails había estado si no a la altura, casi. Y hoy no iba a ser menos. Esperemos volver a ver al viejo cowboy.

ConnieConnie

Don, que parece saber que hoy va a ser un día agitado, vuelve a las oficinas de Sterling Cooper entre angustiosos recuerdos de su padre discutiendo el precio del trigo y por no parar con la tortura, va a comentarle a Bert la información revelada por Connie. El primero en saberlo fue Lane y a nosotros no nos pilla por sorpresa, pero Don va a tener que actuar rápido porque… (carraspeo)… Sterling Cooper va a ser vendida. McCann Erickson va a comprar PPL (Putnam Powell & Lowe), o sea, la empresa que posee Sterling Cooper, por lo que nuestra agencia publicitaria favorita y los puestos de sus sufridos trabajadores están en serio peligro. Pero Don no va a estarse quieto y le propone a Bert comprar Sterling Cooper a PPL antes de la venta a McCann, que será el 1 de Enero. A los hombres viejos os gusta construir tumbas de oro y sepultar al resto con vosotros. ¿Convence o no? Pues sí, convence a Bert y allá que van los dos a por el tercer mosquetero, Roger, al que tampoco parece hacerle mucha gracia lo de McCann aunque se resista algo más que Bert a lanzarse a la aventura. American Tobacco es suya y sabe que necesitan esos 24 millones anuales, sólo quiere ver cómo le suplican un poco.

En casa no le va mucho mejor al señor, menos señor que nunca. Betty, sin darle tiempo ni para saludar a los niños, le sienta y le recomienda que se vaya buscando un abogado para el divorcio. Aun no me entran en la cabeza ni su rabia hacia Don ni su obsesión por Don Pingüino pese a la supuesta estabilidad que éste le pueda ofrecer, y ya no es ni siquiera por Don, es que la muchacha es guapa y caprichosa como para conseguir algo mejor que el individuo ese; pero está visto que sigue sin atender a razones y Don tiene que abandonar su habitual diplomacia para advertirle que no dejará que destruya esa familia. Por supuesto ella sigue adelante y a la mañana siguiente va, junto a Henry, a ver a un abogado que les recomienda ir a Reno para formalizar el divorcio.

Los insurgentesLos insurgentes

Y vuelta a las oficinas para hablar con el último mosquetero, Lane Pryce, que no está del todo informado de las operaciones McCann/PPL/Sterling&Cooper pero sí del nuevo precio de mercado de Sterling & Cooper, que aunque no es revelado, sí lo asegura inalcanzable para lo que los tres insurgentes pueden ofrecer. Instantes después y para su sorpresa y enojo, Lane se entera vía St. John de la verdadera operación de McCann.

Don sigue esa noche con los flashbacks de su paupérrima infancia y recuerda una pelea entre su madre y su padre, borracho, y la posterior muerte de éste a manos (coces) de un caballo asustado. Él no va a faltarles ni dejar que les falte nada a sus hijos, él es un padrazo, un padrazo que duerme con su hija porque no tiene cama en su propia casa. Un padrazo asustado como aquél caballo porque sabe que puede perder su trabajo y sus hijos en cualquier momento. Pero he aquí que las peores situaciones propician las mejores ideas, y una vez reunidos en el despacho de Don los cuatro mosqueteros, aparece la solución. Que Lane los despida antes de la venta a McCann. Todos a la calle y a empezar de nuevo, con Pryce incluido. Es viernes y la notificación de los despidos llegará a McCann el lunes, por lo que tienen un fin de semana para asegurarse los clientes y montar todo el tinglado. “Las oficinas se cierran todo el fin de semana“, “llama al señor Campbell“, “Peggy, a mi despacho“, etc. Empieza la operación.

El El “enfermo” Campbell

Peggy, que ha sufrido un par de reveses de su jefe últimamente, no está muy receptiva frente a la propuesta de Don. Desde fuera queda claro, al menos yo lo veo así, que Don aprecia a Peggy, pero ésta, y es lógico, no lo tiene tan claro. El que tampoco lo tiene claro pero cede a las primeras de cambio es Pete en una secuencia desternillante. De enfermo resentido a saludable emprendedor en apenas tres minutos. Y con él son 8 millones más, la cosa empieza a tomar forma.
Y para celebrarlo, qué mejor que un whisky (un cocktail para Roger) y unas confidencias entre amigos. Lástima que las cosas se empeñen en torcerse y las confidencias de esa noche no sean nada agradables.

Don se entera de la existencia de Don Pingüino y del affaire con su mujercita, y eso ya es suficiente. Sólo se muestra esa escena de la noche con Roger, pero por cómo llega a casa debieron acabar echándoles de los bares. Y es que cómo llega. Si creíamos que iba a mantener el tipo nos habíamos equivocado, es imposible llegar a tu casa borracho y no poder ni acostarte en tu cama después de enterarse de todo, y el que pide explicaciones ahora es él. No quiero reproducir los términos que usa Don porque sería incluso de mal gusto, pero sus últimas palabras, la puntilla del ¿lo sabes, no?… durísima. Y la mirada de Betty, cabizbaja, avergonzada, descubierta, para sacar el poco orgullo que le queda y echarlo de casa, peor. Incómoda y fea la escena a más no poder en lo argumental, pero brutal en lo cinematográfico y emotivo. Ellos han tocado fondo, la season finale alcanza la cumbre. Y la escena de la despedida de los hijos ni la comento. Dura pero sin llegar a pretenciosa, real y sincera.

La despedidaLa despedida

Por suerte, el nuevo proyecto empieza a despegar con la incorporación Harry, que sucumbe a los convincentes argumentos de Bert; y Peggy, que por fin acepta la invitación de Don emocionadísima. Y cómo no, con la maravillosa idea de Roger de llamar a Joan, la mujer 10, necesaria para todo y para todos. Un fin de semana de llamadas y papeleo, un saqueo de documentos y material en toda regla y todo listo para contemplar por última vez esas oficinas que han servido de escenario a tantas historias. No te molestes, le dice Roger a Don al ir éste a cerrar.

Y el primer día de la nueva era comienza, para nuestro deleite, con Lane riéndose en la cara de un desquiciado Saint John al que solo se le ocurre despedirle mientras todos los demás nos reímos. Pero el curro serio está en las nuevas oficinas. ¿Qué oficinas? Obviamente no tienen, así que una habitación de hotel es ideal para la ocasión mientras no vayan los clientes ni se hagan reuniones, como advierte Joan. Joan, que tiene el honor (nadie duda de que lo merece puesto que sigue siendo nuestra secretaria favorita), de presentarnos oficialmente a la que será nuestra nueva agencia publicitaria de referencia. Suena el teléfono, ella lo coge: Buenos días, Sterling Cooper Draper Pryce. ¿En qué puedo ayudarle?. Y ahí lo tenemos. El nombre digo, no el cliente, porque el que llama resulta ser Harry preguntando por la habitación. Mientras, en las ya antiguas oficinas, algunos empleados maldicen al empezar a darse cuenta de lo que ha pasado.

Y lo que ha pasado es que todo ha terminado, o todo empieza de nuevo, como queramos verlo. Don recupera la diplomacia que no tiene Betty al llamarla para firmar la paz y acto seguido comienzan las escenas finales de la temporada, mudas, bajo esa enorme, apoteósica, gloriosa y tremenda banda sonora, Shahdaroba, de Roy Orbison, como detalle final de la temporada. Cada uno en su lugar y todos separados es lo que nos queda, pero por la sintonía perfecta entre el artista y el personaje, creo que mejor que yo lo pueden decir unos versos de la canción.

¿Dick?¿Don?¿Dick?¿Don?

Face the future/and forget about the past/Shahdaroba shahdaroba/In the future/you will find a love that lasts“. Hasta la cuarta temporada.


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