Review Mad Men: Lost Horizon

Mad Men 7x12: Lost Horizons

Sabía que no nos iban a fallar. Ni cansancio, ni agotamiento, ni hastío. Cualquier sombra o atisbo de parsimonia, de déjà vu, de estancamiento, etc. que sobrevuele Mad Men acaba, más pronto que tarde, disipado con uno de esos episodios de diez estrellas (porque cinco se quedan cortas), que además imprime al relato el giro necesario, oportuno (e inesperado, creo yo) para emprender del modo más apasionante sus ultimísimos metros de recorrido, el final del túnel de su existencia. Un episodio redondo, in crescendo, basado en momentos dispares pero complementarios. ¿Lo comentamos?

El capítulo empieza en una suerte de idilio que luego se empieza a desmontar. Oficina nueva, vida nueva… ahora con jefes por encima, pero con diferentes responsabilidades. Las instalaciones de Sterling Cooper, escenario principal de la serie desde sus inicios hasta la antesala de la finale, son ya un erario, un trastero en proceso de vaciado. Mc Cann Erickson tiene por fin su fichaje más anhelado, su particular galáctico de la industria publicitaria, Don Draper. De más que decadente y renqueante en la agencia a la que tanto dio en sus años de esplendor, a estrella en una agencia mucho mayor… todo un espejismo. El tono sombrío y fantasmagórico de estas últimas entregas supone un camino de no retorno, no tanto en lo literal y estético como sí en lo semántico, lo que viene a ser sino la culminación de este descenso a los infiernos de Draper (previamente en un purgatorio permanente, con decoración exquisita) que han sido la última temporada, en su conjunto, y la fase final de la anterior.

La grandeza de este episodio, el mejor sin duda de este tramo final, se puede recoger en nueve momentos, no todos sucesivos o complementarios entre sí, pero que sí conforman un conjunto en una clara dirección, la de despejar el camino para los últimos metros (la última secuencia no puede ser casual):

Mad Men 7x12: Lost Horizons

1) Momento epifanía. Punto de inflexión del episodio, de su contrastada y engañosa introducción al verdadero meollo. Un representante de la cervezera Miller, llamada a ser la cuenta estrella de McCann y el primer gran desafío de Draper en el gigante publicitario, expone su idea del norteamericano medio, de la Norteamérica profunda, esa en la que nació Dick Whitman antes de convertirse, por un golpe del destino, en Don Draper.

En una críptica metáfora visual, de “corte” casi buñuelesco (nunca mejor dicho, pues un avión deja su estela sobre un rascacielos de Manhattan cual nube que se cruza con la luna), nuestro protagonista tiene una doble epifanía, una doble revelación cognitiva: la inmediata, que le recuerda a su infancia, a sus orígenes, las raíces de lo que es y, sobre todo, de cómo es ante la vida; la posterior y sucesiva, la verdaderamente relevante, la recuerda la procedencia de ese anhelado fantasma que persigue, la misteriosa camarera que desapareció de Nueva York sin dejar rastro, cuya búsqueda Don emprende como si no hubiese un mañana.

Mad Men 7x12: Lost Horizons

2) Momento ternura. Pero primero toca cerrar círculos, resolver conflictos antes de emprender ese viaje al vacío, a lo desconocido. El distanciamiento de Sally de ambos progenitores es más que patente, con lo que conviene buscar la reconciliación como sea. Pero una vez más, Don llega tarde. Lo curioso es que dicho encuentro con Betty en el que una vez fue el hogar de ambos deriva en una suerte de momento tierno y cálido entre ambos, superando por un momento todo el rencor acumulado en varios años ya de separación. Lógicamente, el lance se queda en un inocente masaje y no va a más, pero de algún modo, este supone un paso más en la configuración cognitiva del regreso a los orígenes de Draper, a punto de emprender el extraño viaje.

Mad Men 7x12: Lost Horizons

3) Momento A dos metros bajo tierra. Si quedaban todavía dudas, la midseason finale del pasado año las terminó de despejar y esta última hornada lo reconfirma, por si acaso: Mad Men es la serie posterior a A dos metros bajo tierra que más bebe de la misma, que más se le parece, que mejor recoge el testigo a la hora de tejer una narrativa que hace de los coqueteos con ultratumba su marca de la casa. A través de una brillante transición sonora, en la que la voz de la radio se transforma en la del viejo Cooper, el gran mentor de Draper se convierte, durante unos instantes, en su compañero de ruta en ese viaje a lo desconocido, o lo que es lo mismo, encarna con su imagen a la voz de su conciencia, a su diálogo interior. Un fantasma, etéreo, mientras se persigue a otro fantasma, pero de carne y hueso. De ultratumba va la cosa: el título de esta último volumen, en vez de The end of an era, bien podría ser Phantoms.

4) Momento “órgano tétrico”. Un lance que destaca únicamente en lo estético pero que rinde cuenta de la gran elegancia compositiva del equipo creativo de esta excelente serie (ni siquiera vale la pena plantearse de dónde ha salido ese órgano con lo mucho que aporta este momento y de su gran habilidad a la hora de jugar con diferentes géneros y códigos en un marco contextual en teoría algo limitado. Lo que queda de las antiguas oficinas de Sterling Cooper bien podría pasar ahora por un escenario de película de miedo, máxime cuando suena la música de un órgano que creemos no diegético pero que finalmente sí pertenece a la propia escena, introducción genuina para el momento descrito en el punto 7. ¡Hasta parodia de los códigos del cine de terror cabe en Mad Men!

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5) Momento “Joan contra el mundo”. En apariencia se enfrente únicamente a sus nuevos jefes, pero en realidad se trata de un desafío al mundo que la rodea, en el que le ha tocado vivir… y sufrir, pues pese a todo lo que ha conseguido, su valía profesional y empresarial sigue siendo infravalorada en detrimento de su belleza física. Estamos ante la cumbre del recorrido personal de Joan en la serie, con aquel magnífico The other woman como punto de inflexión. Su salida de McCann está cerca y supone el triunfo de su dignidad por encima de todo, aunque su resignación a aceptar sólo la mitad de lo que realmente le tendrían que abonar por su rescisión sabe parcialmente a derrota.

Mad Men 7x12: Lost Horizons

6) Momento impostor. Reitero una vez más la idea de cerrar círculos porque, en su periplo en la búsqueda de la misteriosa y fantasmática Diana, se produce de manera literal. Don Draper, genio de la publicidad, es en su ultimísima esencia Dick Whitman, un impostar que consiguió fagocitar una identidad ajena. Como buen impostor que ha sido en la práctica totalidad de su vida adulta, no le tuvo que costar mucho volver a hacerlo durante unos minutos, fingir una identidad profesional falsa en su particular rastreo, metiéndose de lleno en la que una vez fue el hogar de Diana. Pero su coartada es tan poco sólida que no cuela y enseguida lo echan de allí.

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7) Momento de Roger y Peggy. Con Don fuera de juego, lo más parecido a un amigo que puede tener Peggy en la agencia es Roger, y viceversa. Frustrada ella por el desconsiderado trato que le dan a la hora de asignarle una oficina, y melancólico él por el fin de ciclo (tal cual), pronto dejan de lado sus diferencias y convierten los restos de las oficinas de Sterling Cooper en el escenario de su particular velada de Martini, música… y hasta patinaje. Los publicistas de Madison Avenue están definitivamente majaras, pero son nuestros majaras.

Mad Men 7x12: Lost Horizons

8) Momento entrada de Peggy en McCann. Sucesión inmediata del anterior. Tras ese rato recreativo y catártico con Sterling, ella representa lo nuevo, en contraste a lo viejo, a lo que se fue o ha perdido el rumbo. Está llamada a liderar la industria de la publicidad en un futuro muy cercano, a superar a su mentor. Su entrada en McCann, de corte casi triunfal, en la que sólo faltarían ramas de laurel y ventiladores, hace presagiar el mejor de los augurios a este respecto. ¡Larga vida a Peggy Olson!

Mad Men 7x12: Lost Horizons

9) Momento Kerouac. On the road. Literalmente, y como tal mencionada por el fantasma de Cooper al principio del camino. En una secuencia final con muchas posibles lecturas, pero todas en una dirección clarísima, ese viaje por carretera, de una ciudad a otra, adquiere una dimensión extra, de viaje en el tiempo. Ya han empezado los setenta, la rebelión y la contracultura del movimiento hippie (simbolizado en el autoestopista) se ha instalado definitivamente en las urbes costeras de los Estados Unidos. Por ello, ese retorno al interior, a las raíces de la América profunda, esa misma que crió a Draper y a Diana (y esa misma que inspiró a Kerouac y acabó influenciando a los que luego cambiaron todo), tiene una clara marca de regreso a los orígenes, y por tanto, de regresión en el tiempo. El coche ya ha arrancado, queda saber ahora a dónde nos llevará.

El mejor capítulo, sin duda, de lo que llevamos de esta hornada final, por su compendio de tocar diferentes tramas, avanzar en las mismas hasta su punto final, diferentes tipos de momentos clave, con sus sendos tonos y códigos estéticos, y hasta guiños a otros géneros y por supuesto referencias culturales sumamente oportunas. Dos entregas sólo ya, el reloj de Mad Men se acerca a su hora final.

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5
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4.8 (95.56%) 18 votes

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5 comentarios

  1. LILU

    Primero agradecerte por este pedazo de review.
    Respecto al capítulo me encantó en todo sentido, no se si notaron que están apareciendo casi todos los personajes que se han ido. En mi caso me gustaria que apareciera Salvatore.
    Me quedo con el momentaso 8. Peggy es todo lo que está bien en esta serie, y el paso de la mujer en toda esa década.

  2. Anónimo

    BRILLANTE capítulo. Joan y Peggy las mejores. Joan con sus dialogos y Peggy con su patinaje y su entrada triunfal. Grande Mad Men.

  3. anleg

    Felicidades por la review.

    Se está despidiendo una serie que marca un antes y un después en la TV, como los 70 marcan un antes y un después del “sueño americano”.

    Desconozco que final nos tienen preparado Weiner & Co.

    Pero todo hace indicar que se encaminan a cerrar el círculo de las aspiraciones íntimas de los personajes, porque profesionalmente han alcanzado todos los éxitos que se han propuesto aunque siempre existirían nuevos.

    “Las cosas buenas de la vida son gratis”.

    El final para Don debe ser su familia y ahora se dará cuenta que Megan encajaba.

  4. Lady Dharma

    Enorme episodio y fantástica también la review. Solo hacer una mención especial a la canción que cierra el capítulo y que encaja a la perfección como en otros muchos finales de episodio 😉

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