Review Mad Men: Christmas comes but once a…

Review Mad Men: Christmas comes but once a year

Llegan las Navidades a Madison Avenue. Estamos en pleno agosto, veranito, pero no importa, porque la narrativa de esta serie es sobresaliente. Si en el anterior capítulo nos mostraban a Don Draper en su más pura esencia, y por dónde van a ir todos los tiros argumentales relacionados con su persona, el segundo capítulo se centra especialmente en la nueva agencia como conjunto. ¿Qué mejor ocasión que las fiestas navideñas para enseñar el lado más arrastrado y patético de estos hombres locos rodeados de humo?

Precisamente lo que adquiere un protagonismo especial el humo (absténganse símiles isleños), uno de los principales elementos estéticos de la serie, ilustrador de conceptos tan diferentes, como son la elegancia, por un lado, y la profunda inmoralidad, por el otro. Y es que, por muchas idas y venidas de clientes, por muchos bailes en la composición de la agencia, Lucky Strike sigue siendo, desde el primer día, el cliente estrella, representante de un mayoritario porcentaje del volumen de facturación de la compañía. Por tanto, ninguna objeción cuando se trata de cumplir los caprichos del hijo del jefe, el ambiguo, mezquino y caprichoso Lee Garner Jr., un niño de papá cuarentón que lleva bastante tiempo liándosela al personal de Sterling Cooper. Recordemos que él fue el responsable de que rodase la cabeza de Salvatore Romano, un profesional que no estaba dispuesto a vender su alma al diablo.

No hay una descripción disponibleCualquier cosa con tal de complacer a Lucky Strike

Sterling y Pryce, a través de la siempre eficiente Joan, se ven obligados a organizar, en tiempo récord, todo un sarao navideño que no estaba previsto, puesto que el tradicional cóctel se había suprimido en un principio para recortar gastos. Una fiesta en la que Don es de los pocos (por no decir el único) que se presentan sin pareja. El peloteo llega a su punto culminante, aquí sinónimo de humillante, cuando Sterling se convierte en un improvisado Santa Claus, en cuyas rodidas se sientan los empleados para regocijo de ese indeseable al que todos tratan a cuerpo de rey pero que desearían degollar en los más profundo de sus entrañas.

En la fiesta también encontramos a los representantes de una compañía de estudios de consumo con la que SCDP empiezan a trabajar justo en este mismo capítulo, sobre todo de cara a la obtención de la cuenta de Pond's. Pese a trabajar en lo mismo y perseguir objetivos idénticos, los dos miembros de aquella compañía son de un perfil bastante diferente. Enseguida advertimos el profundo conservadurismo del director, un viejo dinosaurio que comparte su paranoia anticomunista (basada en el rechazo a las reformas sociales más básicas) con Cooper y Pryce en unas excelentes líneas de diálogo.

No hay una descripción disponibleLa perdición personal de un genio profesional

En cambio, la joven, competente y atractiva doctora Faye Miller parece como un híbrido entre lo que sería el paso siguiente en la evolución de la tenaz y visionaria Peggy con un toque de elegancia moderna que la asemeja a cierto modo a Joan (pero todavía a años luz del poder de seducción de esta última). De hecho, emplea unos métodos de estudio bastante novedosos, como unos test que intentan indagar en la vida privada e íntima de los ejecutivos de la agencia, lo que provoca un inmediato choque con Don. Por más que ella lo intente, a modo de reto más personal que profesional, se ve incapaz de superar el complejo hermetismo de Draper, lo que no es sino su principal rasgo definitorio. Un personaje y un conflicto que se volverán recurrentes.

De todas formas, el capítulo no renuncia a entregarnos momentos de la vida privada de Don, totalmente apalancado en su apartamento de soltero, donde se refugia de su soledad y desasosiego en el alcohol, día sí y día también. Está pasando un momento muy malo, que consigue esconder como nadie en la esfera pública y laboral, pero no lo puede evitar de ninguna manera en la intimidad. De hecho, sus flirteos con la vecina, una joven y guapa enfermera, no llegan a buen puerto, sólo consigue que ésta lo postre en su cama y lo desvista, incapaz él de moverse por la fuerte cogorza que lleva. Pero ni siquiera en ese estado Don se va con las manos vacías, y gracias a un despiste fortuito, se lleva al catre a su secretaria, Allison, que le lleva las llaves a casa después de la fiesta. Más tarde, ella demuestra una ingenuidad impropia de una secretaria de la industria de la publicidad, parece no haber sido bien instruida en ese aspecto o no haber aprendido bien la lección, ya que espera que su jefe mueva ficha, como aguardando que aquello no se quedara en una aventura de una noche de alcohol y soledad.

No hay una descripción disponibleLa Dra. Miller no sabe dónde se mete

Por otra parte, tenemos el regreso de dos caras conocidas, una que se quedará y otra que parece eventual. Freddy Rumsem vuelve a la agencia, superados sus problemas con el alcohol. Es la réplica a Peggy en unas fuertes discusiones sobre las pretensiones matrimoniales de las mujeres de “hoy”, surgidas a raíz de la búsqueda de eslóganes para las cremas Pond's; y al mismo tiempo, una temática que siempre ha estado presente, de manera frontal o trasversal, en todas las tramas femeninas desde que empezó la serie. Y pese al enfado inicial de Peggy, ésta se da cuenta de que aún tiene mucho que aprender en cuanto a vida de pareja, y que a lo mejor no está tan desprendida de esos valores anticuados como ella creía.

El otro regreso, más inesperado, es el de Glen Bishop, aquel niño que tenía en Betty Draper a su amor platónico y no desistió hasta conseguir un mechón de pelo suyo. Esta vez, transporta su interés, no necesariamente romántico, hacia una Sally ya algo crecidita que empieza a tener algo más de relevancia dramática. Ya no es esa encantadora niña ingenua de las primeras temporadas. Glen se constituye como un confidente ideal al que expresarle su profundo descontento con la situación actual de su familia, y lo mucho que echa de menos a su padre. Como una especie de venganza personal por resentimiento, y al mismo tiempo, un favor de amigo, el chico entra con un amigo en casa de los Draper (es decir, de Betty Draper y consorte) y provoca unos destrozos considerable en todos los cuartos, menos en el de Sally. Allí deja una señal, que la niña reconoce al volver, arrancándole una significativa sonrisa. Pero de momento, nada más del conflicto entre Betty y su actual pareja con Don: la guerra de los Draper sigue en punto muerto, y muy probablemente se recurrirá a ella en el ecuador de la temporada, donde será el plato fuerte.

No hay una descripción disponibleEl pequeño Glen vuelve a lo grande


Categorías: Sin categoría
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »