Review Mad Men: A Day’s Work

Mad Men 7x02: A Day's Work

Una fecha tan señalada, San Valentín (potenciada precisamente por la industria publicitaria de Madison Avenue) se convierte en otro tedioso, frustrante y agotador día de trabajo. En este contexto, con los dos personajes de mayor presencia (Draper y Peggy) en plena decadencia, el relato episódico se articula en torno a tres secundarios (uno de ellos ausente, pero con su sombra muy latente) y un objeto para avanzar en el nuevo panorama de esta renovada y bicefálica (de costa a costa) agencia de publicidad y el entorno de los personajes que la integran, día tras día.

Es un día de San Valentín gris y lluvioso en Nueva York. Apenas vemos de California más que interiores de oficina y la ausencia de Megan es íntegra. El ambiente sigue caldeado en SC&P, con las sempiternas rivalidades entre los socios, cada vez más numerosos y ahora comunicándose por conferencia telefónica entre zonas horarias diferentes, el equipo creativo adoleciendo de la ausencia de Draper y el mal momento de Peggy, y la sombra del primero pesando sobre su sustituto “temporal”, un Lou Avery cuyo reverso menos amable hemos empezado a descubrir, antes que cualquier otra característica positiva.

La primera secundaria a la que serie pone en relieve, dejando claro que tendrá más peso de aquí en adelante, es Dawn, la más carismática de la última hornada de secretarias de la agencia y el estandarte de la integración, aún primeriza, de los afroamericanos en las esferas profesionales hasta entonces reservadas a los blancos, asunto peliagudo, parte fundamental de esa realidad del momento que a la serie le gusta tanto tratar, de manera lateral pero sin restarle importancia, y que tendrá un cierto rol, más funcional que significativo, en el devenir del episodio.

Pero lo verdaderamente relevante con respecto a Dawn es descubrir, en la primera secuencia del episodio, que está actuando como una infiltrada de facto del aún apartado Draper en el nuevo orden de la agencia, proporcionándole información pero por interés más estratégico que económico, pues claramente rechaza la “propina” que el “ángel caído” de la agencia le quiere dar como recompensa. Ojo, a esto último conviene prestarle atención: ¿estamos ante una nueva trepa al estilo Peggy, culminación del mencionado proceso de integración? En todo caso, ella se convierte en el punto de fisura entre lo viejo y lo nuevo, que se exponía en el capítulo anterior, lo que bien la puede llevar al infierno o a la gloria,… o a ambas cosas.

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Por otra parte, la reunión de socios de costa a costa vía telefónica (bastante defectuosa) no termina de conciliar posiciones en cuanto a las nuevas cuentas y al capital humano dedicado a cada una de ellas,… una conciliación cuyo punto de fuga no es otro que el todavía ausente, pero suficientemente mencionado, Bob Benson, todo un talón de Aquiles para Pete Campbell, el cual, ni siquiera cambiando de aires y con vida y mujer nueva se da sacudido de sus fantasmas más profundos. El tema es que el misterioso Benson es del agrado de dos socios veteranos como Sterling y Cutler, que lo quieren en la que está llamada a ser la joya de la corona de SC&P, Chevrolet. Eso desata la indignación de Campbell, quien, ante su antipatía natural, acaba siempre con las de perder. Poco ayuda asimismo el pasotismo de Chaough y la eterna fanfarronería de Sterling, que le termina de dar la puntilla. Cooper y Joan están a otras historias.

Ya en el terreno personal, uno de los regresos más esperados de esta nueva temporada vale asimismo como mecanismo de revelación del verdadero estado moral de Draper. Aprovechando el funeral de la madre de una compañera de su internado, Sally Draper hace una escapada a la ciudad y se adentra en las renovadas oficinas de la antigua SCDP. Busca a su padre pero encuentra a un desconocido, precisamente su sustituto, Lou Avery, el cual monta en cólera a posteriori demostrando el complejo y la presión que tiene al estar cubriendo el puesto de un tipo tan incorregible como brillante. El encuentro de hija y padre, primeramente tenso (sale a la palestra el recuerdo de Sylvia, clave en la pasada temporada), se va relajando a posteriori y en última instancia nos vale para confirmar las mayores vergüenzas de Don, que no había contado a nadie hasta entonces, fuera del trabajo, su incidente y su consecuente estatus actual. En este nuevo episodio de tira y afloja con su hija, en plena pubertad y rebeldía, acaba siendo esta el primer camino hacia su propia (y más que necesitada) catarsis. El sólo hecho de que hubiese salido con la broma de haber propuesto irse sin pagar del restaurante ya vale como un mínimo de luz entre tanta tiniebla.

Mad Men 7x02: A Day's Work

Y en último lugar, un objeto icónico, aparentemente solo atrezzo, que acaba sirviendo de catalizador en la historia particular de Peggy y su efecto en cadena. Nada peor para alguien recientemente despechado que enfrentarse a San Valentín, con los compañeros de trabajo haciendo impertinente mofa y encima encontrarse con un ramo de rosas rojas sin tarjeta en la propia oficina. La negación y la ingenuidad son dos caras de la misma moneda, moneda que en su vaivén crea una inoportuna confusión que termina por poner patas para arriba, en el peor de los sentidos, el día de Peggy Olson, que ya difícilmente podrá enfrentarse a una jornada laboral cualquiera. Precisamente de este conflicto, con otra secretaria negra, Shirley, como implicada accidental, surge la semilla del conflicto racial en la oficina, en lo que atención al público se refiere, con el dinosaurio Cooper como pilar inquebrantable de lo viejo, lo retrógrado, lo reaccionario, y la mediadora de siempre: Joan. Una semilla que puede generar una interesante línea argumental en las entregas venideras.

Esa consecuencia de algo tan inocente como unas flores en San Valentín, sumado a la reacción acalorada de un Lou Avery al que pronto le empieza a pesar la sombra de Draper, y eventualmente con la fractura en el seno de la junta de socios, cristaliza en la progresión de una Joan que, a la par que lidia con el duelo de egos de macho a ambos lados de los Estados Unidos y con el vaivén de secretarias y superiores descontentos, acaba por dar un paso que ya tenía que haber dado hace tiempo. Tras una temporada como socia, a menor escala, pero socia, al fin al cabo (y única mujer en la más alta esfera), seguía estando, funcional y significativamente, en el piso de abajo, ocupándose todavía de todas las tareas que desempeñaba antes de su promoción. Pero, como en Gosford Park, los que mandan, están en el piso de arriba. Una planta de arriba que, por fin, deja de ser terreno vedado de hombres locos: al César lo que es del César, aunque se llame Cesárea.

Un episodio por encima de una season premiere un tanto tibia. ¿Qué os ha parecido?

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3.5
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1 comentario

  1. dralanforce

    Solo puedo decir que excelente episodio fue este, sobretodo esos segundos finales (y la cara del mismo Don), Mr. Draper se dio cuenta de algo y creo que quiza todavia no es muy tarde para enmendar algunos errores en su vida…
    La parte de Peggy me mato estuvo bastante bueno la verdad, podra verse como algo de comedia pero eso en realidad son los demonios de Peggy hablando.

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