Review Lost: The Cost of Living (3×05)

Review Lost: The Cost of Living (3x05)

Quien más quien menos, todos hemos cometido algún pecado: ¿quién no ha metido mano… al recipiente de las chuches mientras el dependiente no miraba? ¿Quién no ha abierto una bolsa de patatas, se la ha comido entera y luego no la ha pasado por caja? ¿Quién no ha ido a “El Tajo británico” (nombre en clave de “El Corte Inglés”, porque no puedo hacer publicidad) y se ha llevado un souvenir tradicional, como por ejemplo un paquete de pilas? ¿Quién no ha atropellado a un pescador, que luego resultó ser un asesino en serie, y se ha dado a la fuga poniendo en peligro su vida y la de todos sus amigos? ¡Ah! ¿Que esto último sólo lo he hecho yo? Pues no llaméis a la policía, o al menos esperad a que os cuente algo sobre este The Cost of Living, episodio cinco (sin rimas, por favor) de la tercera temporada de la segunda mejor serie de la historia (por detrás de la infravalorada Lie to me, que casualmente es la que comento yo semana a semana). Es broma, pero es que tenía que aprovechar este espacio para meter algo de autopromoción…

Resumen
El Cristianismo es una religión un tanto contradictoria: está en contra de casi todo, pero luego lo perdona casi todo. Poner la otra mejilla, le llaman. En mi colegio, si ponías la otra mejilla te llevabas una segunda bofetada cortesía de la casa. Compre una y llévese dos, lo llamo yo. Pero yo era más de aplicar, a mi manera, otro famoso lema acuñado por la Iglesia: es mejor dar que recibir. Y se ve que Eko también es de los míos…

Porque Eko es diferente. Es un cura que da hostias en ambos sentidos: en el metafórico y en el literal. ¿He dicho cura? Pues no. Lo era su hermano Yemi, pero tras unas series de catastróficas desdichas heredó el divino cargo. Hasta entonces Eko sólo había sido una mala persona. Entre otras atrocidades, pidió a su hermano, sangre de su sangre, que le ayudara a transportar una mercancía de sobras conocida por todos vosotros, estimados lectores: las vírgenes, paradójicamente, llenas de polvos. Pero el plan acabó saliendo un poco mal. Justo antes de despegar la avioneta en la que iban a volar, las fuerzas del orden les descubren y les tirotean. Y es Yemi el que se interpone en la trayectoria de una de las balas… y la recibe con aplomo ante la mirada desconsolada de su hermano.

Sobra decir que el dichoso aparato acabó, se supone que por azar, cayendo en la Isla. Por azar, claro. Por su parte, Eko se queda en tierra disfrazado de cura para intentar iniciar una nueva vida o, mejor dicho, para continuar la de su hermano. Pero ya lo dice el refrán: aunque Eko se vista de cura, Eko se queda. Cuando la milicia hace acto de presencia en su iglesia, exigiendo unas vacunas para venderlas en el mercado negro, sale el lado oscuro de su fuerza. Y en plan slasher, como si del mismísimo Jason Voorhees (apunte para los menos freaks: es el psicópata de Viernes 13) se tratara, acaba con todos los maleantes. Sin piedad. Porque en el diccionario de Eko (que tiene muy pocas entradas, por cierto) esa palabra no tenía cabida. Todo lo que hacía lo hacía en nombre de su hermano, y estaba tan seguro de su causa que no buscaba ni el perdón divino… ni el perdón ante el Humo.

Creo que se avecina una tormenta...Creo que se avecina una tormenta…

Después de toparse por la Isla, convaleciente aún por las heridas óseas (de oso), con varios conocidos (su propio hermano, su monaguillo y el jefe de la milicia que se cargó) el humo le juzga y le mata. Ni Locke, ni Desmond, ni Sayid, ni tan siquiera el binomio Nikki-Paulo, logran llegar a tiempo para evitar la sangría. ¿Inútiles? No todos. Nikki no lo es. Contradiciendo esa teoría llena de prejuicios que dice que todas las rubias buenorras bordean el límite de la estupidez humana, nuestra actriz preferida (en la ficción) deja a los listillos oficiales en evidencia. Bajan a la estación de la Perla y es ella quien deduce que el hecho de que hubieran tantos monitores podía significar que existieran otras cuantas estaciones. Bastante lógico. Entonces Sayid hace un apaño (si dejan al iraquí unos meses más en la Isla es capaz de montar una red wi-fi más pirata que el barco somalí que secuestró el Alakrana) y en una de las pantallas aparece por vez primera nuestro semi-invidente amigo Mikhail Bakunin. ¡Ah! Y Paulo tira de la cadena del baño, detalle insignificante por ahora, pero que cobrará vital importancia en el imprescindible episodio Exposé. Nótese que hablaba irónicamente…

Y hablando de imprescindibles, Jack. El cirujano se había convertido en la última esperanza para extirpar el tumor de Ben, pero Juliet, contradiciendo nuevamente esa teoría llena de prejuicios que dice que todas las rubias buenorras bordean el límite de la estupidez humana, tenía un plan: matar al jefazo de Los Otros en la sala de operaciones. Eso sí, intentando que todo (leer con voz de don Vito Corleone, el Padrino) pareciera un accidente.

Relación con la sexta temporada
Como diría Dexter, vayamos por partes: 1) Los Misterios de Locke: El calvo más reluciente desde Don Limpio (o Mr. Proper, para los mayores de 20) tiene un problema de humos. Y no me refiero a la prepotencia de la que hace gala, que también, sino a la particular relación que mantiene con el ente etéreo que patrulla por la Isla. Locke describe su encuentro con el ¿humo? como algo hermoso y brillante; y Eko da una visión contraria, pues define su experiencia como algo horrible y oscuro. Brillante vs oscuro, blanco vs negro, humo blanco vs humo negro, ¿Jacob vs elotroquesalióhablandoconél?

2) La invasión de los ladrones de cuerpos: Se supone que algo en la Isla tiene la capacidad de poseer/copiar los cuerpos de los cadáveres caídos en el lugar. Yemi se estrella en la Isla. Yemi se muere allí. Su cuerpo está disponible para su uso. El cuerpo de Yemi desaparece del avión. Ha podido cobrar vida. Correcto, la teoría tiene sentido. Incluso el pseudo-Yemi que se aparece ante Eko le dice a éste: “¡Me hablas como si fuera tu hermano!” “¿Quién eres?”, responde el propio Eko. “Pues el ladrón de cuerpos”. Esto lo digo yo, y añado más… ¿qué pasa con el resto de aparecidos? ¿Y el monaguillo? ¿Y el tipo de la milicia? ¿Y el caballo de Kate? ¿Qué pasa con el caballo de Kate? ¿De dónde salen los cuerpos? ¡Quiero respuestas! Que por culpa de tantos interrogantes llevo años sin dormir las 8 horas diarias que recomiendan los especialistas que no entienden a los que salimos de noche…

Bienvenidos a ZombielandBienvenidos a Zombieland

Mejor escena o frase
Hay varios momentos mágicos por su inexplicabilidad:

  • Encuentro Yemi-Eko en la tienda de campaña. Yemi se va. La tienda arde. Magia.
  • Eko está en un arroyo a punto de ser arrollado (toma juego de palabras), por el Humo. Pero de repente aparece Locke, que parece espantar a Smokey, que se desvanece por arte de… magia.
  • Bonus track: Eko se lava las manos de sangre, como hacía Poncio Pilato y como recomiendan las autoridades sanitarias, pero con el agua bendita de la pila bautismal. Di que sí, cualquier precaución ante la Gripe A es insuficiente.

Y varias frases destacables:

  • “Esta es una isla libre” (John Locke parafraseando a Fidel Castro).
  • “Nunca cuentan con nosotros” (de Nikki a Paulo, asumiendo su rol de secundarios muy secundarios).
  • “Somos los siguientes” (Locke, después de traducir los balbuceos de un agonizante Eko).

Curiosidades
En la escena en la que Juliet revela a Jack su plan, usando un vídeo, le comenta que va a reproducir la película “Matar a un Ruiseñor”, cuyo argumento guarda ciertos paralelismos con la vida de Eko: dicha película explica la historia de un hombre negro a quien nadie quería defender de un delito que presuntamente había cometido. Finalmente acaba siendo juzgado y… quien quiera saber más que vea la película, que luego nos acusan de llenar los posts de spoilers…


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