Review Lone Star: Pilot

Review Lone Star: Pilot

El universo es una gran balanza, un ying y un yang indivisibles. Ejemplo: si disfrutas de una legendaria noche de fiesta, el universo te esperará a la mañana siguiente con una resaca importante. Si durante la noche te encontraste un billete de 20 euros, el universo se encargó de que invitaras a todo el mundo a copas, incluyéndote varias veces a ti mismo (de ahí la resaca). Si a última hora entablaste conversación con una guapa, inteligente y divertida morena y acabaste en su ático… bueno, en ese caso estate preparado porque el universo puede ser muy cruel con la respuesta. A lo que vamos: si el piloto de The Event nos pareció trepidante (o atropellado, eso ya va a gustos), el universo tenía Lone Star en la manga, para calmar los ánimos. Tengo que confesar que mientras lo veía, el martes por la noche, caí traicioneramente en brazos de Morfeo. Pero no fue culpa de la serie, sino mía. Ahora, con la segunda oportunidad, las cosas lucen mejor. Lone Star tiene mimbres

Y eso que las noticias para la serie no son muy buenas. La serie pinchó de manera clara en la batalla de las audiencias: poco más de 4 millones de espectadores, superando a los casi 2 de Gossip Girl, pero lejos de los 21 de Dancing with the stars, los 11 de The Event, y los 14 + 12 de la doble ración de comedia de CBS. Como dijimos en su día, la parrilla de los lunes iba a hacer que alguien sufriera… Así que disfrutemos mientras podamos, porque los rumores de cancelación ya sobrevuelan a Lone Star. ¿Tan mala es? No, ni de lejos. De hecho las críticas previas a la emisión del piloto la alababan, y yo tengo que decir que me ha parecido bastante buena. No muy buena, ni espectacular, pero tampoco buena a secas. Me ha gustado el ligero aire que tiene a Friday Night Lights, esos USA tan USA que es Texas. Me ha gustado mucho el protagonista, y casi todo el resto del cast; curiosamente, quizá la que menos me convenza es la ex-FNL, Adrianne Palicki, pero será porque aún no la sé ver como esposa en lugar de como estudiante.

Con CatCon Cat

Hagamos un repaso a los personajes. Bob es el protagonista. Vive dos vidas, una con Cat (Palicki) en Houston, donde acaba de ser totalmente apadrinado por su suegro, el poderoso Clint (Jon Voight), y otra con Lindsey en Midland, donde le gusta cortar el césped. Con Cat está casado, con Lindsey todavía no; en Houston vive a todo tren, en Midland la cosa es más tranquila. En ambos lugares vive de timar a la gente, pero nosotros entramos en su vida en un momento complicado, justo cuando el engaño parece entrar en un callejón sin salida. Y es que Bob tiene un negocio falso de pozos de petróleo en el que han invertido familiares de Lindsey y amigos, una estafa de las que duran hasta que alguien pide recuperar el dinero. O hasta que alguien empieza a husmear en las escrituras… Avisado por su padre, Bob decide extirparse una vida. Pero no puede.

Con LindseyCon Lindsey

Y es que, qué narices, Bob está enamorado. Está enamorado de verdad, de sus dos parejas (aunque yo sospecho que prefiere a Lindsey, pero esto es sólo el piloto…), y no quiere dejar a ninguna. Esta premisa será muy importante en la serie: el amor por las dos chicas, la imposibilidad de dejar algo atrás. He ahí el conflicto, y lo vemos muy claro en todas las conversaciones que Bob tiene con su padre, John, que es también su maestro. John lleva años timando, pero sabe que su hijo tiene un encanto innato que lo convierte en un fuera de serie a la hora de engatusar al prójimo. A cambio, tiene un corazón más blando de lo que requerido, y no sólo se ha enamorado de una chica, sino que ha hecho de dos. Y lo que es peor, no pretende dejarlas. Es más: va a aceptar un trabajo de verdad en la empresa del padre de una de ellas. No, John no está contento con las decisiones que está tomando Bob, pero no puede hacer otra cosa que aceptarlas, sin dejar de avisarle: “Hijo, esto es un castillo de naipes. No puedes vivir en él”. Nadie lo hubiera dicho mejor

Alrededor de Bob, Cat y Lindsey, que por lo visto hasta ahora no sospechan nada de la doble vida de su chico. Aun así, la pelea de Bob con el tal Travis no es gratuita, por decir algo. Tampoco creo que a Cat le falten suspicacias, pero supongo que es algo que iremos viendo. Más allá tenemos a la familia de Cat, los Thatcher, encabezados por Clint (Jon Voight), el patriarca y protector de su yerno. También están Drew, el hijo pequeño de Clint y que se lleva bien con Bob; y Trammell, el primogénito que le tiene muchas ganas a su cuñado. Líos familiares por doquier, intrigas y sospechas que se han plasmado perfectamente en la escena de la fiesta, casi al final, cuando Tramm intenta pillar a Bob con el rollo de los hoteles. La verdad es que el tío sale con estilo… Yo lo he pasado peor cuando Clint le ha pedido las llaves, temeroso de que le preguntase por ese llavero que, claramente, no era un regalo de Cat.

Jarl...Jarl…

Lone Star tiene mimbres, pero a su ritmo. Su faro es la sonrisa de James Wolk, que inunda la pantalla y engaña tanto que hasta él cae rendido a sus propios pies y cuando se da cuenta tiene el barro a la altura de las ingles. Lone Star sigue la gran escuela de Dexter y Breaking Bad, donde el bueno no es tan bueno, donde el protagonista no es un modelo a seguira rajatabla. Pero ojo, puede caer en la escuela de Prison Break, es decir, aquella que estira un buen producto hasta dejarlo irreconocible. Eso, claro, si la Fox lo permite, porque las audiencias, ya lo hemos visto, son las que son…

Una serie que usa el Heartbeats de Jose Gonzalez no puede ser mala, aunque al mismo tiempo considero que nos han querido colocar demasiada música. Muy atentos al 1×02

Rumbo a Midland otra vezRumbo a Midland otra vez


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