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Review Lights Out: Pilot

Review Lights Out: Pilot

En el icónico mundo en que vivimos, donde prima aquello de el tiempo es oro, donde todo va a toda máquina y donde un mal primer juicio puede echar por tierra casi cualquier proyecto, una pequeña gran serie logró levantar la cabeza pese a su (peligrosa) tarjeta de presentación: “Drama ambientado en Texas centrado en las vidas de los adolescentes jugadores de un equipo de fútbol americano”. Sí, hablo nuevamente de Friday Night Lights, y lo hago para introducir a , con la que no solo comparte palabra en el título: también hay quien ya le ha colocado la etiqueta de sucesora. Y es por eso que hablo de malos primeros juicios: si de FNL te tira para atrás el fútbol, ¿cómo no va a hacerlo Lights Out por el boxeo? Pues ay, amigo, si te vas del ring antes de tiempo… bad move. Porque Lights Out es un gran estreno.

¿La friday del boxeo? Veremos. De momento la nueva apuesta de FX firma un muy digno piloto. La historia se centra en el excampeón de los pesos pesados Patrick Lights Leary, brillantemente interpretado por Holt McCallany. El actor estadounidense, de ascendencia irlandesa (inevitable para dar vida a un boxeador, ¿no?), no cae en los clichés a la hora de dar vida a una mole de músculos. No, Lights será un personaje con muchos matices y lo cierto es que McCallany me parece una gran elección. Lo mismo se puede decir del resto del cast. Su mujer, la médica Theresa (Catherine McCormack, involvidable Murron en Braveheart… ¡tú liberaste Escocia!), no se mueve un milímetro de lo que se espera de la esposa de un púgil (el déjalo ya), pero tampoco resulta tópica. Las niñas han estado bien, especialmente la pequeña, y los secundarios, encabezados por el warden Pope de Prison Break (Stacy Keach, aquí en el papel de padre de Patrick), también.

El capítulo parte del último combate de Lights, una pelea por el título de los pesos pesados que acaba en derrota, presuntamente por una mala decisión de su entrenador (y padre: es Keach), cuando la cosa estaba encarrilada. Tras esa breve introducción, pelos de punta incluidos al ver a Theresa coser el maltrecho párpado, nos vamos cinco años al futuro, que resulta ser el presente. Allí encontramos a un Patrick retirado, aparentemente feliz con su nueva vida como dueño de un gimnasio, con sus tres hijas y su mujer perfectamente instaladas en una señora casa. Pero las cosas no son lo que parecen: Theresa es apenas una residente (¿no es un poco mayor?) y las facturas no se pagan solas… Para colmo, Hacienda anda tras los pasos de Lights y de su hermano, una especie de agente que también le lleva las cuentas del gimnasio. Y como colofón vemos que los fantasmas de aquella pelea no se han acabado de esfumar. El exboxeador sigue dándole vueltas a su derrota

La familia al completoLa familia al completo

Evidentemente, los problemas de dinero de Patrick, como suele pasar en toda película o serie que se precie, son desconocidos para su pareja. De modo que le tocará inventar fuentes de ingresos alternativas que no siempre serán fáciles de digerir. Sí, por ejemplo cantar bingos en casinos de tercera. Buena escena, en la que queda claro otro de los problemas de Patrick: no acaba de tener asumido que su condición de estrella ha caducado. El bingo, sin embargo, es el menor de los males. Los apuros son cada vez mayores y el exboxeador acaba aceptando un trabajillo de matón y metiéndose en una pelea con dinero de por medio. Dos decisiones que, seguro, le van a traer más de un problema en breve. Todo el piloto, en cualquier caso, está enfocado hacia una única dirección: el retorno de Patrick al ring. Será su hermano-manager el que cierre, sin previo aviso, un combate contra Richard Death Row Reynolds, su contrincante en la famosa pelea de cinco años atrás.

Y ahí nos quedamos, ante un Lights que volverá a entrenar y a combatir pese a la frontal oposición de Theresa y pese a otra amenaza que se cierne sobre él: la demencia del boxeador, una enfermedad real que afecta al 15-20% de los púgiles y que comporta graves problemas neurológicos. Otra cosa que Patrick se calla ante su esposa… y eso que él mismo ha defendido a capa y espada la verdad frente a la mentira a lo largo del episodio.

Vale, podríamos decir que en realidad Patrick no miente, sino que solo esconde la verdad. Pero lo hace mucho. Es muy buena (quizá la mejor del capítulo) la escena en la heladería con su hija pequeña, a la que alecciona acerca de la no-violencia, ante la que afirma que ya no pelea más… mientras vemos, en montaje paralelo, cómo se zurra con el tío del bar y cómo le ¿rompe el brazo? al chulito del bate. Lights Out presenta además una muy buena factura técnica, usa modestamente, pero de manera muy acertada, recursos de montaje, y presenta de manera realista las peleas. No me gusta el boxeo, pero los momentos de Patrick en el ring me han convencido más de lo que esperaba.

Otro detalle que me ha gustado: los grandes temas de la temporada (13 capítulos, por cierto) parecen estar ya todos encima de la mesa. Puede parecer una tontería, pero no lo es. Un piloto sincero, alejado de tentaciones efectistas, es clave para que la gente no huya en masa pasado un mes… y sí, pienso en The Event. Lights Out se centrará en el retorno de Patrick al cuadrilátero, en las tensiones con su mujer por culpa de eso, en sus problemas económicos (hay un negocio ¿chanchullero? con su hermano al que se hace mención al principio), en su enfermedad. Una nueva vuelta de tuerca a las historias de perdedores, así podríamos mirar a Lights Out.

Malas noticias...Malas noticias…

Cerremos con una gran cita, la frase que Margaret le lanza a Brent: “Are you gonna pee your pants?” Cómo suben estos niños…

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3
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