Review Lie to Me: Unchained (1×05)

Review Lie to Me: Unchained (1x05)

¿A quién no le han pitado en su primer día en la carretera como conductor? ¿A quién no le han atado desnudo a un árbol en el primer día de universidad? De acuerdo, esto segundo es menos habitual, pero ya sabréis por donde voy… ¿quién no ha sufrido nunca una novatada, sea del tipo que sea? Nadie. Todos hemos sido nuevos en algún sitio alguna vez. Personalmente, yo pensaba que la novatada que me habían hecho “los de todoseries” era el decirme que me tocaba comentar Lie to Me. Ahora ya he asumido que no era ninguna broma, y que esa es labor que se me ha encomendado. Así que vamos a ello…

Dice el sabio refranero español que “entre bomberos no se pisan la manguera”. De acuerdo, además de sabio es, a veces, un poco obsceno. Pero siempre es certero. Pero no nos avancemos a los acontecimientos y empecemos por el principio. Un bombero muere en extrañas circunstancias: sin quemaduras ni síntomas de asfixia y en un incendio que no entrañaba demasiado riesgo.

Aquí hay algo que huele a chamusquinaAquí hay algo que huele a chamusquina

Claves a priori: el fallecido era novato y de color. Foster y Loker interrogan al parque entero para saber qué es lo que se cocía entre los compañeros, y descubren que algunos eran racistas inconscientes. Esto quiere decir que lo eran sin ellos saberlo. Algo raro… ¡Y lo es más cuando uno de los más racistas era también de color! Y es que este bombero consideraba que la víctima utilizaba ese factor a su favor, para hacerse la víctima (valga la redundancia).

Pero ese no era el móvil del asesinato. Según el teniente del cuerpo: “el código de los bomberos estaba por encima de todo”. Y de todas. Hablamos de mujeres, y aquí es donde la cosa se pone interesante. La hija del jefe de bomberos hace su aparición en la historia… ¡y de qué manera! Le confiesa a Foster, en el baño, que estaba saliendo con el bombero muerto. Salía con él mientras estaba vivo, se entiende. Ahora ya sabemos otra hipótesis que nos puede servir para explicar el porqué las mujeres entran de dos en dos al servicio: para confesar oscuros secretos decisivos en la resolución de algún caso de homicidio.

El teniente, un poco quemado por la violenta situación, acaba confesando: “no se puede mezclar trabajo y placer, así que había que darle una lección”. Creo que al pobre muchacho le habrá quedado claro. Yo creo que no lo volverá a hacer más. Ajenos a estos líos de faldas y mangueras, Lightman y Torres han de dictaminar si un ex peligroso ex jefe de una todavía activa banda callejera estaba apto para ser liberado. El señor Manny Trillo había sido un asesino que además se dedicaba a reclutar muchachos para la lucha entre los Puño (su banda) y los Salva (la banda rival). Pero ahora parece estar rehabilitado, ha evolucionado, ha aprendido de sus errores para readaptarse a la sociedad. Incluso había sido nominado al Nobel de la Paz por su intento de acabar con la guerra urbana desde la cárcel, jugándose incluso su propia vida por la causa.

“En serio, he cambiado, no lo volveré a hacer”

Aunque el Nobel de la Paz ha ido a parar a manos de Obama, el señor que asesinó una inocente mosca ante las cámaras de televisión, el gobernador de su estado quería que siguiera con su labor pacificadora desde el exterior. Por lo tanto quería perdonarle la pena que le quedaba. Y ahí es donde entran en conflicto Lightman y Torres: la innata parece que se deja llevar por sus sentimientos y que analiza al sujeto con prejuicios, condicionando gravemente sus conclusiones. Sostenía, sin argumentos, que los violentos nunca cambiaban, pero desobedeciendo a su compañera, Cal cree que merece la libertad. La prueba definitiva a la que somete a Trillo no todo el mundo la podría soportar: se coloca a un palmo de su cara y empieza a masticar una grasienta hamburguesa con la boca abierta y haciendo todo el ruido posible. Hasta el mismísimo Gandhi se habría puesto histérico, pero el ex pandillero aguanta con respeto y educación la situación.

En la liberación del jefe de bandas también participa decisivamente la viuda de una de las víctimas. ¿Coaccionada? No. Simplemente deseaba que saliera para darle la bienvenida y… un tiro en la cabeza, también. Pero Cal fue más listo y leyó sus intenciones. Cuando la viuda va a visitar a Trillo, un despliegue policial coordinado por Cal, vigilaba desde lejos el cara a cara entre ambos. Un enfrentamiento desigualado, porque la señora iba armada con una pistola. Yo esperaba un acto heroico de Lightman, pero nada. Se retira a un lado para verlo todo desde la distancia… ¡no sea que haya sangre y le salpiquen el traje! Trillo intenta convencer a la mujer para que no dispare… y lo logra: se ve que no hay arma más poderosa que la palabra. Eso sí, si váis a una guerra llevad un arma cargada, por si las moscas.

A pesar de todo, Torres seguía sin estar convencida de la liberación del capo pandillero. Y Cal sabe el porqué: deduce por sus gestos que la novata fue maltratada de pequeña, y que aprendió a leer las emociones de los demás como modo de autodefensa. Desarrolló una capacidad para sobrevivir: evolucionó, como hizo Trillo y como hacen los animales, porque sólo logran sobrevivir los que mejor se adaptan a su entorno. Pero Torres contraataca y, a su manera, adivina que Cal también tiene aspectos oscuros en su pasado. ¿Quién provocó que Lightman se convirtiera en el monstruo obsesivo de las microexpresiones que es ahora? Pues es… no sé, porque todavía no lo han dicho. Pero esto continuará…


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