Review Lie to Me: Truth or Consequences (2×02)

Review Lie to Me: Truth or Consequences (2x02)

Aún recuerdo mi primera vez: estaba nervioso y no sabía por donde empezar… ¡Me estoy refiriendo a mi primera review para Todoseries, pillines! Pues sin más dilación, y dejando ya los preliminares, ahí va ese documento “histórico” tal y como lo concebí en mi época de novato…

Sexo y religión. Esta es la mezcla que nos ofrece el 2×02 de Lie to me. ¿He dicho mezcla? Más bien es como ese experimento que todos hemos hecho alguna vez en el cole: el de intentar poner en un mismo recipiente aceite y agua. Ambos elementos están, cada uno en una trama, pero no llegan a entrar en contacto en ningún momento… ¿O sí? No nos precipitemos…

Siguiendo con la metáfora, la parte del episodio en la que intervienen Cal, su mujer e, involuntariamente, la hija de ambos es la más densa (por cantidad de asuntos a destacar) de las dos historias. Todo empieza con una noche de fiesta loca en una fraternidad, con dos adultos tonteando… ¿Adultos? ¿Seguro? Él es un conocido deportista universitario de raza negra (detalle importante que sea negro) y ella una mojigata blanca (detalle también importante que sea mojigata). El plan cuatro ces de Cabe, que así se llamaba el atleta, estaba saliendo a la perfección: copa, coqueteo y… coito. Ambos entran en una habitación y se disponen a mantener relaciones sexuales. “Comienza el espectaculo”, dice él. No lo sabes bien, rey.

La noche pasa y estamos ya en el temido día después: dolor de cabeza, sueño, hipersensibilidad a los sonidos… pero no todo es malo en un domingo por la mañana. Queda la cuarta “c”, la más satisfactoria para un tío: contarlo todo a su mejor amigo. Y parece que la historia es interesante porque se suma a la escucha una agente de policia… que se lo lleva detenido acusado de violación. Ahora sí que comienza el espectáculo, colega. La chica no era mayor de edad y denunció que la habían violado. Así que Cabe llega a prisión con una tarjeta de visita en la que pone que es violador. Mal asunto. Ya se sabe cómo reciben a los violadores en la cárcel… A golpes.

Cal pasa a la acción. Interroga al chico para saber sí era lícito o no defenderle, si decía o no la verdad. Las magulladuras de su rostro dificultan el proceso pero, por si acaso, los padres del chaval dicen que su hijo nunca les diría una mentira. Claro, claro. Pues Emily sí que miente a su padre. O mejor dicho, le esconde verdades (no así a su madre). La hija de nuestro polígrafo humano, compañera de la chica supuestamente violada, ocultaba muchas cosas en un cajón. Entre otras “lindezas”, unas pastillas conceptivas y dos carnés falsos. ¡Toma ya! ¡También frecuentaba ambientes universitarios!

El caso se vuelve cada vez más un asunto personal para Cal y así se lo hacen ver los compis del laboratorio. Mientras interrogaba nuevamente al presunto violador, Ria y compañia analizaban los gestos de… Cal. Cazador cazado. Muestra evidentes síntomas de rabia, de ira, de descontrol. La situación se le estaba yendo de las manos. Se estaba implicando más de la cuenta porque veía en la víctima a su hija pero, aun así, sigue la investigación. Vuelve al lugar de los hechos, la casa de la fraternidad, y junto a Ria logran encontrar una cámara: todo el acto entre el chico y la menor había sido grabado y colgado en Internet.

¿Pero grabado por quién? Todas las partes niegan haberlo hecho (el chico negro, la chica mojigata, las amigas de ésta, los mirones de la fiesta) y Cal empieza a perder la fe: “Ya no sé en qué creer”. ¿En qué creer? Tema importante en este capítulo como veremos más adelante. Finalmente, una amiga canta y desvela la verdad: todas las compañeritas habían hecho un pacto por el que juraban liarse con un universitario antes de llegar a la universidad. Así, Cabe, el joven deportista de color se convierte en una víctima inocente del juego de las chiquitas. Y así lo dice Jay, el abogado acusador; interpretado por James Marsters, que milagrosamente sigue actuando tras hacer de Piccolo en Dragon Ball Evolution. Y aquí el acusador también es acusado. Concretamente por Zoe, la mujer de Cal y abogada del chico.

“Vale: tú a las palmas y yo zapateo en la mesa”

¿Por qué enfatizo en lo del color? Porque Zoe utiliza como argumento el supuesto racismo de Jay que, al retirar la acusación, demuestra que es un abogado legal. Reconciliación entre rivales y despedida. Será su última adiós. El padre de la chica, al saber que no iba a haber ningún castigo, decide tomarse la justicia por su mano. ¿Contra el muchacho? No, contra Jay. Disparo en la cabeza y final de partida para el abogado.

La trama que hace de agua en la metáfora que mencionábamos al principio la protagonizan Loker y Gillian. No es que haga aguas, pero queda un tanto vacía en comparación con la historia principal. Un aviso de Hacienda sobre una presunta estafa que implica a una presunta secta religiosa basta para poner en juego a Gillian y Loker. Ya se sabe que Hacienda somos todos, así que rápido a solucionarlo que con el dinero del país no se juega. Ambos se trasladan al paraíso de Joey el profeta, un lugar poblado de mujeres y niños en el que todos parecen vivir contentos y felices. ¿Todos?

Ahí está lo interesante. Han de descubrir si verdaderamente los habitantes de Joeyville, la llamaremos cariñosamente así, están allí por la fe que tienen en Joey el profeta o por algo más. Gillian ve algo raro en una de las mujeres, que acaba contándole que si intentaban irse les quitaban a sus hijos. Y aquí la disyuntiva: ¿qué hacer? ¿detener a la señora para destapar el fraude? ¿ayudarla a escapar? Gillian y Loker discuten sobre lo que es más profesional. Pero Gillian se decide por la opción poco profesional: les consigue una furgoneta para escapar y un piso franco para alojarse. Joey ve cómo la mujer abandona el lugar con sus hijos y promete no quedarse con los brazos cruzados. Dará guerra. Como la inspectora superior. Sabedora, pero sin reconocerlo, de la maniobra de Gillian; le dice que tendrá todos sus ojos puestos en los movimientos del equipo.

Y he aquí el nexo de unión entre ambas tramas, la de Cal y la de Gillian; la sexual y la religiosa: ambas tratan sobre la libertad. La chica menor es prisionera de sus decisiones (su locura de juventud lleva a su padre a la cárcel) y la otra mujer vive encarcelada en Joeyville sin ser plenamente consciente de ello. Y si nos ponemos en plan Glòria Serra en La Noria, podemos cuestionarnos muchas preguntas sobre el tema: ¿Un padre ha de interponerse en la vida de su hija? ¿O ha de darle libertad para que aprenda de sus errores? ¿Cuándo es libertad y cuándo libre albedrío? ¿Se puede vivir encarcelado sin estar entre rejas? ¿La libertad de uno puede anular las libertades de otro? ¿De verdad es tan mala Dragon Ball evolution?

Los dos actores que acudieron al cásting para conseguir el papel de  PiccoloLos dos actores que acudieron al cásting para conseguir el papel de Piccolo

Dudas al margen, Cal y Gillian demuestran en este capítulo que son detectores de mentiras humanos. Como detectores de mentiras son prácticamente infalibles y como humanos… son humanos. Y eso es lo que no les permite ser del todo perfectos en lo que hacen. “No decir la verdad trae consecuencias”, dice Cal a su hija en la última escena. Y esas consecuencias a veces nos superan, por muchas habilidades que uno tenga…


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