Review Lie to me: Tractor man (2×10)

Dentro del gremio de los artistas hay mucho loco suelto pero, de
entre todas las subespecies existentes, destacaría por méritos propios
a los ventrílocuos
. Personas que utilizan un muñeco para simular que
están manteniendo una conversación con alguien cuando, en realidad,
están hablando con una proyección de uno de sus otros yos que se
encuentra alojado en alguna parte de su subconsciente. Inquietante,
¿verdad?
Pero lejos de los escenarios y de los platós de televisión, existen
seres aún más maquiavélicos: gente que utiliza a personas reales para
hablar a través de ellas. No tranquilos, no les meten la mano por
ningún orificio: al menos no es necesario. Luego cada uno

Lo que quiero decir es que algunos intentan manipular a almas pusilánimes para que éstas sean las que den la cara por ellos, y sufran las consecuencias de los hechos. Lo sé, es una explicación muy confusa, así que creo que será mejor que presentemos un ejemplo. Pongamos que un granjero se planta a las puertas de un edificio del gobierno estadounidense, con un tractor que presuntamente remolcaba explosivos, exigiendo un encuentro con su presidente. Y no con el presidente de su escalera, ni siquiera con el de su sindicato, sino con el mismísmo Barack Obama

Y ahí es donde aparece Cal: el FBI recurre a él tras recibir una llamada anónima que avisaba de las intenciones del granjero-bomba, para que determinara si la amenaza era real o si se trataba todo de un bulo; como lo de la niña, el perro, la mermelada, Ricky Martin y el armario. ¿Y qué tiene que ver todo esto con los ventrílocuos? Tranquilos, que todo ganara coherencia (sí, seguro) porque a partir de ahora empezarán a desfilar los peleles…

Pelele número 1: Ben Reynolds. ¿Por qué? Porque blandea ante la presencia de su superior en el FBI: claudica ante sus poco ortodoxos métodos y no se atreve a dar su opinión por miedo a quedarse en el paro (como la mayoría de trabajadores), así que acata sin discutir todas las órdenes de su jefe (como la mayoría de trabajadores)… dejando solo a Cal en su particular cruzada antisistema y antitodo en general.

Lie to me

Pelele número 2: Eli Loker. ¿Por qué? Pues porque ése es su papel habitual, tampoco nos vamos ahora a escandalizar. Y es que se supone que este señor está contratado como experto en análisis de microgestos faciales. Recalco: se supone, ya que en una temporada y media le hemos visto continuamente mostrando su (inútil) versatilidad. En esta ocasión, fíjate tú que casualidad, el asunto de la bomba coincide con la visita de un grupo de niños (y de su correspondiente maestra) a las oficinas del grupo Lightman.

No soy nadie para cuestionar el sistema educativo americano. Ni mucho menos crticarlo, porque nosotros no es que podamos presumir teniendo en cuenta que el modelo español es el hazmerreír universal en este campo… ¿pero quién decide llevar a unos chiquillos de excursión a unas oficinas, por muy guays que sean? Pues ni más ni menos que nuestros adorados guionistas:

  • Guionista 1: ¿Cómo justificamos esas extrañas presencias?
  • Guionista 2: ¿Loker y Torres?
  • Guionista 1: No, lo de los niños.
  • Guionista 2: ¿Los niños dicen mentiras?
  • Guionista 1: Sí.
  • Guionista 2: ¿Pero no se dice que, junto a los borrachos, son los únicos que dicen la verdad?
  • Guionista 1: Pues decimos que uno de los niños había robado la mascota de clase, y así ya tenemos una subtrama llena de intriga y suspense.
  • Guionista 2: ¿Estás de broma?
  • Guionista 1: Nunca te mentiría… voy borracho.

“Confiesa niño, confiesa ya: que sino vendrá Cal y te pillará”. Y lo acaba haciendo: descubre a la culpable del secuestro de la mascota, pero la declaran inocente ya que en realidad la muchachita tenía buenas intenciones… ¡Quería que la tortuga no estuviera solita por la noche y por eso se la llevó!

¿Y quién es el encargado de entretener a todo el grupo de jóvenes americanos mientras los mayores jugaban a solucionar lo de la amenaza ecoterrorista? Pues Loker. Sí, no hay ninguna errata: he escrito “Loker” y “entretener” en la misma frase. Y lógicamente no lo logra, ya que todos los chicos se aburren soberanamente con él. Les entiendo y me solidarizo con ellos. Pero consigue el más difícil todavía: parecer más ñoño que una maestra de jardín de infancia. Para los que no lo sepan, las educadoras infantiles no sólo se caracterizan por tener la capacidad para modular su voz hasta alcanzar una frecuencia que les permitiría comunicarse con los delfines, sino que también son las personas más empalagosas del universo. Pues Loker es más. Hasta se rumorea que todas las personas diabéticas del mundo han pedido una orden de alejamiento por miedo a que el edulcorado chico ponga en riesgo su salud.

Para la posteridad, Loker deja un temazo musical titulado White Lies, en la que se nos dice que las mentiras, sean piadosas o no, son peligrosas y que por ende se ha de ser siempre sincero y bla, bla, bla. Por su parte, la señorita que acompañaba a sus alumnos se pasa todo el capítulo diciendo dos frases: “Tengo miedo” y “Estoy asustada”. Suena a táctica de ligue de nivel básico. Es algo así como cuando vas al cine con alguien que te gusta a ver una película de terror, y esperas el primer susto para abrazarte a él/ella. Pero Loker no es demasiado despierto y no capta ninguna de las indirectas de la chica. Es al final de todo cuando ella se le lanza al cuello, zanjando la tensión sexual más potente vista en pantalla desde Instinto básico. Por si Sheldon Cooper me está leyendo: esto último es un sarcasmo.

Pelele número 3: Ria Torres. El complemento perfecto de Loker, también acaba pringando. Por cosas de la investigación acaba en la granja del supuesto terrorista para entrevistar a la mujer de éste. Extrañamente, parecía cómo si la señora no supiera demasiado sobre los hábitos de su marido; algo extraño teniendo en cuenta que estaban casados y que, como todo el mundo sabe, la convivencia se basa en la sinceridad y en la fidelidad y… en mentiras. Básicamente en mentiras.

Pelele número 4: La esposa del granjero estaba siendo manipulada por un tal David, que resultó ser el que había hecho la llamada avisando de todo el lío. Éste estaba en la granja para tener controlada a la mujer del granjero terrorista. ¿Y por qué? Pues porque este señor era, a su vez, otro pelele que estaba siendo manejado por la mente pensante de la operación: Ron, un antiguo socio de Harold, que era el reivindicativo agricultor que pilotaba el tractor bomba.

A falta de imágenes del temerario agricultor, una dramatización...A falta de imágenes del temerario agricultor, una dramatización…

Pelele número 5: Harold, el supuestamente reivindicativo agricultor, no hizo lo que hizo por convicciones propias, sino siguiendo órdenes de Ron que usaba a su mujer para manipularle a su antojo. Si cometía alguna tontería mataba a su señora. Toma ya. ¿Y cuál es el origen de todo el asunto? Podemos deducir que eran las deudas, que les habían llevado a ambos a perder la cooperativa que regentaban y muchas otras de sus propiedades. Todo esto nos lleva a una nueva conclusión: Ron era, sin saberlo, otro pelele… ¡porque estaba a manos de la sociedad capitalista! ¡Como todos nosotros, que somos esclavos del sucio dinero! La angustiosa situación económica le había llevado a adoptar medidas desesperadas: los grandes comercios, los distribuidores, pagan mal a los campesinos, y estos acaban cometiendo animaladas para llamar la atención y reclamar sus derechos. Pongamos un nuevo ejemplo: por si alguien no se había dado cuenta, nos aproximamos peligrosamente al fin de año y eso acarrea sistemáticamente una crecida del precio de la uva, por la que llegamos a pagar al doble de su precio normal. Ley de mercado: se enriquecen los ricos. Y llega el día 31 de diciembre y todos tragamos: “¡Pues suerte que lo celebramos comiendo 12 uvas y no 12 melones!” ¿Por qué este estúpido comentario acaba saliendo siempre momentos antes de las 12 campanadas?

Y el último pelele. Lightman… Perdón que estoy recibiendo una llamada. “Sí, señor Lightman”. “Lo sé, señor Lightman”. “Ha sido un error, Señor Lightman”. “Lo siento, señor Lightman”. “No sucederá más, señor Lightman”. ¿Qué decir de Lightman? El único no-pelele junto a la imponente Foster. El señor detector planta cara desde el primer momento al jefe del FBI, que pretende imponer sus propios y contundentes métodos. Cal es partidario de reflexionar sobre la situación y actuar con la cabeza, mientras que el federal quería poner fin a la situación volando la ídem al presunto terrorista de corral. Cómo no, al final la razón la tenía Cal: el tractor era sólo un señuelo y su conductor era inocente. Todo era una trampa para despistar, porque la auténtica bomba se encontraba en una furgoneta preparada para ser detonada a distancia. También es extraño que pudiendo hacer explotar la bomba por control remoto, el auténtico granjero loco decidiera colocarse a la vista de todos para activar el mecanismo. No se le pueden dar esas facilidades a Lightman: acaba encontrando al malote entre la multitud y logra salvar la ciudad (o parte de ella) usando su verborrea para que se entregara a las autoridades.

Recordad chicos: la violencia nunca es la solución. Bien, de acuerdo, al final le acaban volando la cabeza al pérfido agricultor, pero es que no me gusta hacer apología de las armas y de su tremenda utilidad a la hora de solventar conflictos por la vía rápida. Y menos en Navidad. Por cierto, que tengáis felices fiestas en compañía de vuestros seres queridos o, sino hay más remedio, de vuestra familia.

Nota del autor
3
Vuestra nota
Review Lie to me: Tractor man (2×10)
Valoración

Categorías: Lie to me Reviews Series Etiquetas: , , ,
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »