Review Lie to Me: Secret Santa (2×08)

Review Lie to Me: Secret Santa (2x08)

Kabul, diciembre de 2009: Queridos mamá y papá, si estáis leyendo esta carta es porque el señor Lightman se ha salido con la suya y ha destapado la operación en la que estaba participando. Ese hombre es muy raro. Anda raro. Mira raro. Habla raro. Se comporta raro. ¿Pues no va el tío y en plena Navidad abandona a su hija y a sus amigos para venir a Afganistán? Primero empezó a preguntarme cosas desde su oficina a través de la webcam, pero ésta tenía menos definición que la musculatura abdominal de un obeso, así que decidió trasladarse al lugar de los hechos. ¿Y qué hechos?

Pues os los explico. Yo me había adaptado perfectamente a la cultura de la zona… ¡Si hasta tenía cueva propia con vistas al exterior, para quedarme junto a la ventana en los días de lluvia… de misiles! Pero los estadounidenses ya sabéis cómo son/somos. Cuando se enteraron de que los talibanes habían/habíamos secuestrado a dos militares de los suyos, pasaron a la acción. Vamos, que irrumpieron en un campamento nuestro dándonos leña: “Leña al moro, que es de Goma-2”, gritaban mientras acribillaban extremistas islámicos. Entonces fue cuando fueron a por mí… y claro, yo seré un traidor, pero no un traidor idiota. Así que les dije que era más americano que el 4 de julio.

Mi declaración les llegó al corazón y entre todos acordaron acogerme amablemente en una base de las suyas. Eso sí, no me pusieron ningún chándal naranja guantanamero… se ve que ese color ya no está de moda. Ahora se lleva más el marrón:

YoYo

Pero para marrón el que tenía yo: el científico loco seguía haciéndome preguntas y más preguntas… y yo sin poder hablar. Y sus colegas, a través de la webcam, que curiosamente ahora transmitía las imágenes con una nitidez Full HD, le ayudaban: había un señor de color, una madurita interesante, dos jóvenes muy sosos… y Komisky. Éste último fue el señor de la CIA que me llevó a Kabul a cambio de absolverme de un pequeño homicidio que cometí sin querer. Bueno, que se me disparó una pistola… ¿pero quién iba a saber que apretando el gatillo iba a salir un proyectil mortal? Qué misterio

Al final tuve que cantar, y no precisamente un villancico aunque estuviéramos en la época: les expliqué dónde estaban los rehenes y qué tenían que hacer para llegar hasta ellos. Pero ya se sabe que en Afganistán todas las cuevas son iguales: no están numeradas ni hay código postal ni nada de nada. Supongo que por ese motivo (o por inutilidad de los miembros del ejército) acabaron llegando a un refugio custodiado por terroristas. ¡Si me acusaron de haberles preparado una emboscada! ¡Yo! ¡Que no sé ni prepararme una sopa de sobre! ¿Cómo voy a preparar una emboscada? Bueno, pero finalmente encontraron el sitio exacto, que también estaba repleto de afghanistanienses armados y poco dialogantes, que convirtieron a unos cuantos americanos en soldaditos de plomo.

Es evidente que si la inteligencia militar existiera, que no existe, no sería propiedad de los yankees. Mientras ellos completaban la operación de rescate, los talibanes aprovecharon para localizar la base americana, y nos empezaron a atacar… con bombas, o piedras muy grandes, yo que sé. El caso es que teníamos que evacuar el lugar. No teníamos tiempo. Hacía falta un héroe. Rectifico. Hacía falta un pringao que se quedara para despejar la zona de enemigos islamistas. Así que el tal Lightman, después de confesarme que por culpa suya murió un militar serbio en una guerra soviética, me hizo ver que yo era el elegido, el salvador que se tenía que sacrificarse en beneficio de los demás. Como Jesucristo, pero sin el comodín de la resurrección. Era mi redención, por haber traicionado a mi país.

¿Y cómo descubrió el hombre-detector que yo era norteamericano y agente de la CIA? Lo primero era bastante evidente: mis rasgos occidentales, mi acento de Iowa… ¿pero lo segundo? Pues no lo sé, pero dedujo eso y que tenía un microchip localizador a la altura de la sexta vértebra (?), que me extirpó cariñosamente con un cuchillo. Y resultó que el trasto no funcionaba porque se le habían acabado las pilas: por eso el gobierno me había perdido la pista y me había abandonado a mi suerte por tierras árabes. Tanta tecnología, tanto misil térmico, tanto tanque antibomba, tanto caza ultrasónico… ¡Y luego no tienen para pilas! ¿Y luego decís que sois el país más avanzado del mundo? ¡Retrasados (tecnológicamente hablando)! Así es cómo somos/sois…

Ya me despido papá y mamá, esperando que no os hayáis enfadado. Bueno, como supongo que sí que estaréis enojados, ya aprovecho para soltar todo lo que no me había atrevido nunca a deciros a la cara: el jarrón chino del comedor que dije que había tirado el perro… pues fui yo. ¡Ah! Y el pavo que hacéis por Acción de gracias está asquerosamente asqueroso.

P.D.: Ahora que pienso fríamente, enviadme un poco de vuestro pavo, por favor. Sí, ya sé que acabo de decir que es asqueroso… pero es que, aún así, es mejor que los kebabs que se consumen por aquí. Siempre vuestro (a no ser que necesitéis dinero), vuestro hijo Welsh.

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