Review Lie to Me: Love Always (1×04)

Review Lie to Me: Love Always (1x04)

Dice el refrán que de una boda sale otra boda. Mentira. Salen muchas otras cosas: úlceras (el estómago humano aún no ha evolucionado lo suficiente como para poder digerir el menú nupcial), urticarias (por tener que llevar esa antigua camisa que tu padre se empeña en que te pongas para que estés más elegante), callos (es lo que tiene bailar durante horas hits como la Macarena o Paquito el chocolatero), etc. Vamos, que yendo a una boda te arriesgas a acabar muerto.

Manel Triviño sigue repasando la primera temporada de Lie to Me. Y yo sigo riéndome mucho…

Pues eso es precisamente lo que teme el embajador de Corea en los EEUU. No, las indigestiones no. Ni las urticarias, ni los callos; sino acabar tan fiambre como el jamón que se sirve en los banquetes. ¿Y a quién vas a llamar si te amenazan diciéndote que te van a asesinar el día de la boda de tu hijo? “A Chuck Norris”. De acuerdo. Pero, ¿y si éste tiene la agenda ocupada? “A Jackie Chan o a Steven Seagal o a Stallone o…” Vale, vale. Pues el embajador recurrió a Cal Lightman y compañía, que tampoco son tan mal recurso.

En este episodio tenemos esta única línea argumental, así que nuestros 4 fantásticos trabajan por primera vez juntos: Lightman (La Cosa, por la rudeza de sus métodos), Foster (la Mujer invisible, por su discreción), Torres (la Mujer de goma, porque… llega donde no lo hacen los demás) y Loker (la Antorcha humana, porque siempre va quemado).

Planteemos la situación como si del Cluedo se tratara. Estamos en un salón nupcial, con todos los invitados, los novios, el padre del novio, su guardaespaldas, los cámaras y reporteros, los agentes de la ley y nuestros estimados expertos. Y para detener al sospechoso, una única pista: según Cal, antes de ir a matar, el malo tendría que mostrar una microexpresión de ira. Así que, en un momento dado, Lightman identifica al agresor justo a tiempo pero… ¡Bang! ¡Hay disparo! ¿Pero quién ha sido? ¡Y han disparado al hijo, no al propio embajador! El detenido llevaba gasolina y un mechero porque había preparado unos fuegos artificiales para manifestarse en contra de una hipotética unión entre las dos Coreas. Pero no iba armado con pistola alguna.

Como siempre, los guionistas juegan un poco con el espectador haciéndole sospechar de todos, para luego introducir un personaje en el último momento que resulta ser el culpable. Amigo televidente: en la tele, nada es evidente. En este caso, en un principio, todos tienen algo sospechoso: el guardaespaldas tenía una cara de malo que echaba para atrás (de hecho, este actor oriental hace de villano en todas las películas en las que aparece, como en la gran A todo gas 3), la esposa del herido ocultaba su verdadera identidad, el padrino miente mientras habla del novio y el hijo del embajador tenía deudas de juego (posibilidad de suicidio).

Como dice el agente encargado de la seguridad del evento en una escena del capítulo: “¡esto va a a ser un lío!”. Y el desliador que los deslíe… Cal Lightman será. Con la ayuda de su tridente de escuderos (Foster-Loker-Torres) acaban descubriendo que el guardaespaldas era también hijo del embajador, que la novia (ya esposa) de la víctima había huido de su pasado, dejado su nombre (y a un hombre) detrás y que el padrino estaba enfadado con el novio porque le debía dinero (deuda que había cancelado el mismo embajador). Insisto, la gracia de la serie es ver cómo llegan a estas conclusiones (arrebato de Cal a lo Tejero incluido).

¡Todo el mundo al suelo!¡Todo el mundo al suelo!

Entonces, ¿quién es el casi-asesino? Los más avispados habréis deducido que el hombre al que había abandonado la novia tenía muchas papeletas para serlo. Y así es. Se había hecho pasar por cámara y había logrado introducir la pistola en el salón nupcial. ¿Y cómo lo hizo, si todos los asistentes pasaron por un arco detector de metales? Pues nos explican que había desmontado el arma, haciéndola indetectable. ¡Ah, claro! ¡Si va por piezas pasa inadvertida! Lo tendré en cuenta para la próxima vez que vaya en avión. Sin tener la habilidad del doctor Lightman, creo que los guionistas nos mienten…

En fin, al principio decíamos que de una boda sale otra boda. ¡Pues parece que sí! ¡Porque a Torres le gusta Dupree! ¡A Torres le gusta Dupree! ¿Y quién es Dupree? Pues eso misma se pregunta Cal en más de una ocasión. Pues es un agente que estaba por allí y que tenía mucho interés en “trabajar” con la innata. Torres, con un romanticismo prácticamente nulo, le dice que no la va a poder engañar nunca: ni con palabras, ni con otras (con otras mujeres, se entiende) porque dice que siempre le va a acabar descubriendo.

Pues, por contra, parece que a la buena de Foster la habilidad para pillar a mentirosos le ha anulado la famosa intuición femenina. Algo así como cuando te instalas un nuevo antivirus, que el anterior queda inutilizado. Pues algo así: su marido le cuenta que tenía una reunión importante, y que tenía que irse. La evita. Muchas reuniones tiene este tipo últimamente… ¡pero macho, búscate alguna otra excusa! ¡Si hasta yo he inventado historias más creíbles para irme con otra! ¿He dicho yo? Quería decir que eso es lo que hace un amigo mío… ¡Yo nunca engañaría a mi pareja! Ni volvería a hacerlo.


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