Review Lie to Me: Lack of Candor (2×06)

Review Lie to Me: Lack of Candor (2x06)

¡Ya es Navidad en Todoseries! ¿Es cosa mía o estas fiestas empiezan cada vez con mayor antelación? Dicen las malas lenguas que todo es una estrategia del gobierno para que los ciudadanos de a pie gasten más, para incentivar la economía del país. Que no pierdan el tiempo con este tipo de estrategias: al final siempre acabamos dejando las compras de regalos para el final… Quiero decir, que los Reyes Magos y Papá Noel dejan las compras de regalos para el final… ¡Qué poco previsores!

Los únicos que puede decir en este país que (posible spoiler) los Reyes Magos son los padres (fin de posible spoiler) son nuestro estimado Príncipe Felipe y las infantas Cristina y la recién divorciada, Elena. Pero dejémonos de monarcas y regalos, que la Navidad es mucho más: es una época de bonitas tradiciones, entre las que destaca la mágica noche de fin de año. Y es que la nochevieja se sabe cómo se empieza, pero no se sabe cómo se acaba. Algunos ni la recuerdan por la bebida… Mal. ¿Cuándo se sabe que has bebido demasiado? Pues cuando empiezas a perderle el respeto a tu mejor amigo: besos, abrazos y otras expresiones de emoción que no suelen ser habituales en vuestra relación.

Pues a nuestro agente Reynolds parece que también le sienta mal el nuevo año, porque se lo felicita a un colega suyo con una tremenda somanta de palos… pero con una justificación. No, no le había mirado el escote a su novia. Ni le había derramado el cubata encima (dos de las causas más frecuentes de conflictos discotequeros nocturnos), simplemente estaba en plena operación policial. Concretamente, querían desarticular los planes de un siniestro hombre de negocios de Wall Street que usaba métodos contundentes (secuestros, extorsiones y asesinatos entre otras lindezas) para amasar fortuna de manera ilegal. Se las prometían muy felices porque la intervención había sido un éxito, pero la cosa se tuerce cuando uno de los infiltrados (de nombre McLaughlin, que no podían ponérmelo más difícil estos guionistas) que estaba en el programa de protección de testigos a la espera de testificar, recibe otra peculiar felicitación de año nuevo: un tiro en la cabeza.

Y el siguiente objetivo era Ben Reynolds. Cal, sabedor de que nadie podía asegurar la protección de su colaborador, decide retenerlo en sus oficinas provocando el enfado del Fiscal General, que exigía su custodia.

Creo que este espejo no funciona del todo bien...Creo que este espejo no funciona del todo bien…

Reynolds decide no testificar, pero no por miedo al mafioso, sino porque la operación en la que había participado estaba llena de irregularidades que le dejaban al descubierto. A grandes rasgos, la historia es la siguiente: la controladora de todo el montaje, Sheila Radotti, le dotó durante el periodo de infiltración de cierta inmunidad diplomática. En otras palabras, barra libre para comportarse como un delincuente más: robar, drogarse, ir de prostitutas… Y a lo bue… a lo malo se acostumbra uno rápido: se le fue la mano con todo en general. El poli empezó a bordear peligrosamente en el límite del bien y del mal. Por cierto, aprovecho que me ha salido espontáneamente este verso de Héroes del Silencio para pedir desde estas humildes líneas a Enrique Bunbury que no saque ningún disco más. Hecho el apunte tonto (uno más) del post, sigamos.

En el archivo del caso Greene (que así se llamaba el inculpado que iba a ser procesado) faltaba un documento esencial: el informe en el que se explicaba el asesinato de un tal Scotty… cometido por nuestro Ben. Éste fue descubierto por uno de los mafiosillos y, antes de que le delataran, decididió dispararle por el bien del caso. Pero repetimos que en el informe no constaba ninguna referencia sobre el asunto, así que Reynolds estaba en una encrucijada: si no testificaba, le encarcelaban por asesinato; si testificaba; la mafia acababa con su vida. Pues la desaparición de los papeles fue culpa de Sheila Radotti, su supuesta protectora que sí, quería salvaguardar la integridad física de su agente, pero también quería que su operación saliera adelante para lograr un ascenso en el cuerpo (en el cuerpo de policía, no en el suyo propio).

Evidentemente, es Lightman quien lee sus intenciones gracias, de nuevo, a sus artes de seductor: ambos coinciden casualmente en un bar, él logra llamar la atención de la muchacha con un par de miraditas y, cuando la tiene camelada, le confiesa que es uno de los mafiosos de Greene. Así de broma (todo era una estrategia de nuestro experto), le dice que iba a matar a Ben. Y Sheila le pide que no lo haga, que simplemente mencionaran en el juicio lo del tiroteo de Scotty para que su testimonio no fuera válido y tal y eso… Finalmente todo acaba bien: Radotti es relegada de su cargo, Reynolds es indultado y el malote encarcelado.

Y vamos con las conclusiones. En este episodio, Cal se muestra especialmente sensible: se solidariza con Ben, con el calvario que éste estaba viviendo, porque se identificaba con el agente. Le recordaba su tormentoso pasado en Irlanda del Norte: “la verdad nunca ha de ser un inconveniente”. Palabra de Lightman. Todo parece indicar que, décadas atrás, fue expulsado de su cargo en el gobierno (o en el ejército, no se sabe) por intentar anteponer la verdad por encima de todo y de todos. Fue entonces cuando decidió ser autónomo y montar su propio negocio, para imponer justicia. Su justicia. Como le dice a Reynolds: “Nunca es tarde para cambiar”.

Y yo digo lo mismo: nunca es tarde para cambiar… a los secundarios de esta serie. Excepto a Foster. Pero es que las apariciones de Torres y Loker son cada vez más irrelevantes y prescindibles.

A ver el guión de esta semana... nada, seguimos sin pintar nadaA ver el guión de esta semana… nada, seguimos sin pintar nada

La única aportación importante de esta pareja de jóvenes promesas a la trama es el interrogatorio a la mujer y a la amante (stripper para más señas) de McLaughlin, el federal asesinado. Y de aquí extraigo la moraleja de hoy: los tíos (menos yo, claro) piensan con la bragueta. El citado Sr. Mc Laughlin, estando aislado por el FBI, llamó a la mujer que amaba (a su esposa no, a la exuberante bailarina), momento que aprovecharon los secuaces de Greene (el mafioso de WallSreet) para pinchar el teléfono, averiguar su posición y atentar contra él. Lo dicho, todos pensam… pensáis igual… menos yo, por supuesto, que siempre seré fiel a mi novia. “La microexpresión de su rostro denota inseguridad, significa que está mintiendo”. ¡Cállate, Cal! En fin, ahora que ha salido a la luz la verdad, tendré que seguir adelante… ¿Alguien tiene el Messenger de la Infanta Elena?

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