Review Lie to Me: Do No Harm (1×06)

Review Lie to Me: Do No Harm (1x06)

La cita que tuve con Megan Fox fue la mejor velada de… su vida. Tras insistir e insistir, finalmente accedí a verme con ella: “pero sólo una vez, que sino se te hará dificil olvidarme”. La pasé a buscar por su mansión con mi flamante deportivo, y luego pasamos una noche CCC: copa, cine y có… ¿cómo os váis a creer algo así? Lo más parecido a una actriz con la que he estado fue una chica que salió de extra en un capítulo de Física o Química. Y tuve que insistir yo: “sólo una vez, aunque sea”. La recogí con mi Fiat Uno de tercera generación (no por su modernidad, sino porque antes que yo ya lo había conducido mi abuelo y mi padre) y tuvimos otro tipo de noche CCC: comida rápida, cine y a su casa. Ella a la suya… y yo a la mía.

¿Qué pasaría si yo publicara un libro explicando cosas que no he vivido? Pues que sería un escritor fraudulento, como (diremos solo las inciales para conservar su anonimato) AR. ¿Y qué hace un editor cuando cree que su escritor más mediático se la ha jugado? En el caso de AR la excusaron y aprovecharon la polémica para vender más. Pero en el caso que se nos plantea en Lie to Me, la editora quiere que nuestros expertos contrasten los hechos para descubrir si lo que explicaba la escritora era (o no) cierto. Spain is different one more time.

Loker y Torres son los encargados de investigar a Farida, una activista por la paz en Uganda que fue secuestrada por los rebeldes y que finalmente acabó escapando. Y plasmó todas sus vivencias en el libro. ¿Pero realmente vivió lo que estaba contando? Loker, totalmente hipnotizado por la belleza de la sospechosa, cree que lo explica es verdad. En cambio Torres, como siempre, va a contracorriente y afirma que es una mentirosa. Incluso busca en los libros de Cal para estudiar nuevos microgestos: ¡la innata estudiando! ¿Alguien escucha un ruido? Creo que es el corazón de Torres palpitando a todo ritmo por el sincero-compulsivo.

Loker sigue a lo suyo y queda con Farida, y aprovecha para impresionarla enseñándole su gran… capacidad para deducir las emociones basándose en las expresiones faciales. El encuentro sigue su curso normal: tonteo, risitas, miraditas y… gestitos. ¡Gestitos con Loker! ¡La has fastidiado! Loker ve que su chica se toca la oreja cuando hablaba de su estancia en Uganda. Y eso le sirve para desfacer el entuerto: la realidad de Uganda que Farida describía era cierta, pero ella no protagonizó los hechos en primera persona.

Acaba de ver la gran... habilidad de DokerAcaba de ver la gran… habilidad de Doker

Pero la chica mintió por una buena causa, ya que quería que la gente del primer mundo conociera el problema de su pueblo. ¿Y por qué no escribió el libro en tercera persona? Porque sino no habría capítulo, claro. Ahora todo encaja. La moraleja de esta parte de la trama es simple: si en la primera cita te hacen la pregunta incómoda por excelencia (la temida ¿me quieres?), no te toques la oreja bajo ningún concepto. No lo hagas, te juegas el futuro de tu relación.

A otra cosa. Una niña adoptada desaparece sin dejar rastro, y los padres contratan a Lightman como medida desesperada. Con ellos colabora un miembro de la división de Investigación juvenil. Para variar, primero desconfían de los propios padres, aunque rápidamente los descartan. Pero Cal nota que la madre esconde algo. Y ésta confiesa. Justo antes de desaparecer, madre e hija tuvieron un pequeño choque de caracteres que acabó con un accidente doméstico (una quemadura, detalle importante).

Siguen la investigación hablando con la psiquiatra de la pequeña, a la que hacía terapia para facilitar el proceso de adaptación a su nueva familia. Luego sale a la palestra un compañerito de clase de la desaparecida, con el que Lightman juega al caliente-frío en su habitación. Estamos hablando de un juego: uno esconde un objeto y el otro ha de buscarlo después siguiendo las indicaciones (caliente si estás cerca, frío si estás lejos) del primero. No creo que haya quedado muy claro el jueguecito, pero tranquilos que es algo secundario en la trama. Lo importante es que al final Cal se quema y encuentra la mochila de la niña. Quemada también estaba la niña por el accidente que sufrió en su casa, así que periódicamente debía asistir al hospital a tratarse la herida.

Por su parte, el miembro de la división de Investigación juvenil encuentra un pedófilo en tratamiento que dice haber visto a la muchachita. Confían en él porque Cal dice que un pedófilo que ha decidido por sí mismo tratar su problema es de fiar. Y lo que dice Lightman va a misa, que por algo es el protagonista de la serie. Con la información del pedófilo, montan un dispositivo en el lugar que este les había dicho. Y la rescatan sin mayores problemas porque iba sola. Pero aquí no acaba todo… ¡había una segunda niña secuestrada!

A volver a empezar otra vez. Cal, demostrando que también es un experto en tratar con niños, plantea otro juego para que la niña revele quién era el secuestrador. Y juegan al Quién es quién. Bueno, Cal juega solo, porque él pregunta y él se responde deduciendo las contestaciones por las reacciones faciales de la niña: “¿es un animal?”. “Es persona”. “¿Trabaja para la familia?”. “Sí, trabaja”. “¿La psiquiatra?”. “¡La psiquiatra!”.

Lightman define el cine 3D como estafa mareante. Dice la verdad.Lightman define el cine 3D como estafa mareante. Dice la verdad.

¡La psiquiatra! Y es que ya se sabe que “en casa del herrero, cuchillo de palo”… ¡la psiquiatra estaba loca! Su hija murió ahogada en un muelle y robaba niñas en un intento de suplantar a su pequeña fallecida. Cal y Gillian se presentan en el lugar de los hechos, y la psiquiatra les recibe con la pistola de rigor. ¿Qué pasa, que todos los norteamericanos tienen una pipa? Parece que allí todos puedan tener una. No creo, porque los estadounidenses son muy pacíficos. Como la misma psiquiatra, que al final recapacita y se entrega sin armar jaleo.

Y seguimos hablando de mentiras, que aún queda el cameo del mayor experto en la materia: ¡el marido de Gillian! La Foster, con el caso de la niña, revivió en parte su pasado, porque ella también tenía una hija adoptada; pero los padres biológicos la acabaron reclamando y se la arrebataron. Estaba sensible, necesitaba mimos. ¿Y dónde estaba su marido en estos duros momentos? En una de su ya habituales reuniones inoportunas.

Pero la casualidad hizo que Gillian y Cal estuvieran en una azotea, bajo la luz de la luna y de un manto de estrellas que iluminaban la oscura noche. Momento para dejarse llevar por la pasión. Así que Cal se acerca a Gillian y… ¡le pone la mano en el hombro! Y… ¡se va! ¡Pero quién le pone la pierna encima a esta serie para que no levante cabeza! ¡Un poco de roce! Se ve que aquí no hay tomate… de momento.

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