Review Lie to Me: Control Factor (2×03)

Review Lie to Me: Control Factor (2x03)

Sé que el verano queda lejos. Lo sé. Pero hace poco pasé por delante de una playa y no pude evitar rememorar con melancolía la época estival. Bueno, la melancolía la tuve al principio. Luego recordé lo odiosos que pueden llegar a ser los días de sol y mar: el agobio provocado por la masificación, las toallas ajenas que se cuelan en tu supuesto espacio, los niños dándote con la pelota (o con el frisbee, que duele más), el gracioso que viene del agua y te salpica, los vendedores ambulantes que pretenden hacerte creer que sus gafas marca Ray-man te van a proteger de los rayos del lorenzo… ¡Y qué decir de los empresarios que no son capaces de dejar de pensar en su trabajo! Sí, esos seres que en los ochenta llevaban una riñonera con el busca; en los 90 un teléfono tamaño ladrillo enfundado en una especie de cartucheras de cowboy y en los 00 (¿se dice así?) van con el portátil a todas partes…

Pues nuestro amigo Lightman es uno de estos tipos. Después de varios episodios muy exigentes, decide pasar unos días en México junto a su hija… y su ordenador. Ya en tierras aztecas, Cal se dedica a controlar vía webcam todos los movimientos que se producían en su oficina. Y haberlos, húbolos: ni más ni menos que la visita de Jack Rader, un antiguo pupilo de nuestro experto en mentiras que decidió pasarse al lado oscuro de la ciencia y usar sus habilidades con una intención malvada: ganar fama y dinero. Vale, son dos intenciones. Pues eso, este emprendedor joven llega a territorio enemigo para convertirse en el compañero temporal de Foster porque, como dice el refrán, “a falta de Lightmans, buenos son Raders”.

El nuevo tándem es el encargado de esclarecer qué pasaba con unas muestras de sangre que estaban matando a la gente a la que se la transferían: el tiempo corría en su contra ya que el banco había detenido todos sus movimientos a expensas de resolver la caótica situación. La presión empezó a afectar a Gillian porque no se veía capaz de llevar las riendas de la investigación. Y a punto estuvo de recurrir al comodín de la llamada transoceánica pero, finalmente, y después de dar varios palos de ciego, acaba viendo la luz cuando ve algo extraño en dos trabajadores del laboratorio del hospital que estaban estudiando. Mientras charlan Rader y Foster con los sospechosos, ésta última detecta cierto nerviosismo en uno de ellos, que no dejaba de mirar hacia atrás. Algo así como cuando estás en tu habitación fumando y entra sin llamar tu madre; y tú lanzas el cigarro para que no lo vea, y mientras ella te está hablando tú controlas el pitillo con la mirada mientras rezas para que no se dé cuenta de nada. De nada sirve: una madre siempre te acaba pillando.

Pues Foster, con ese maternal sexto sentido, destapa lo que se ocultaba en el laboratorio. No eran cigarros, ni tan siquiera revistas subiditas de tono, sino algo que ningún hijo sería capaz de esconder en su habitación: drogas. ¿Qué? ¡Mi madre lee mis reviews! A lo que íbamos: utilizaban el laboratorio para cocinar la mercancía y así es cómo se originó. La contaminaron las donaciones de sangre. Para que esto no os pase a vosotros, haced caso a Karlos Arguiñano: en la cocina, los utensilios siempre limpios; ya cocines merluza o heroína.

Foster y Jack Foster y Jack “Muñeco de tarta de boda” Rader

Pues yo es que eso de donar… es que no puedo con las agujas. Además, la última vez que me sacaron sangre me traumatizó de por vida. Me atendió una inexperta practicante y la muchacha no me encontraba la vena… hizo ¡tres! intentos sin lograr su propósito. O a lo mejor sí que lo logró. ¡A lo mejor lo que quería era dejarme como un colador! Eso sí, finalmente sacó la muestra sin necesidad de una cuarta tentativa, puesto que pudo recoger toda la sangre que necesitaba de mí de las paredes de la consulta.

Pero la gente normal sí que se suele pinchar: ya sea por vicio (yonkis), por necesidad (enfermos) o por ayudar (donantes). Pues éste es uno de los dilemas que tiene que resolver Cal cuando… Un momento: ¿no estaba de vacaciones? Correcto. Pero es que este señor es como aquellos que están en contra de la eutanasia: no es partidario de desconectar. Así que estando éste ataviado con el uniforme oficial de guiri inglés en la piscina junto a su hija, un miembro de la embajada americana en México se presenta ante la Lightman family para solicitar ayuda. No obstante, nuestro detector de mentiras humano rechaza la propuesta y se pasa el resto del capítulo tumbado en su hamaca bebiendo mojitos. Y fin.

“Oye 'güei', ¿cómo supiste que no soy de acá?”

¡Que no! ¡Que es broma! Claro que se pone con el asunto (guiño a la única comentarista del anterior post): padre e hija se han de encargar de encontrar a una ciudadana americana desaparecida en extrañas circunstancias. Y no es que se lo pusieran fácil: las autoridades locales intentan disuadirles con amenazas, y el comisario de la zona intenta convencerle de que la chica hizo lo que hizo por voluntad propia, y que no era la primera ni iba a ser la última. Profesional. Muy profesional.

Por otro lado, Marla, que así se llamaba la desaparecida, tenía una hija; que al final acaba siendo de gran ayuda: ésta inscribió a su madre en una agencia matrimonial, y acaba contando ciertas (a la par que valiosas) intimidades sobre la noche de los hechos: su madre pasó una velada con un hombre con el que le habían concertado una cita a través de una ciberagencia matrimonial.

Emily primero (ante el cabreo de Cal por meter sus adolescentes narices en peligros de tal magnitud) y Ria después (a la que recurre Cal vía internet para que tenga un encuentro con el presunto culpable), comprueban en primera persona que ése no era el malote. Entonces aparece en escena el camarero del bar en el que vieron a la chica por última vez, que se convierte en el nuevo informador oficial. A través de él y de un matrimonio estadounidense que casualmente pasaba por allí, acaban llegando hasta el fondo del turbio asunto: donantes. Pero no de sangre como en la trama paralela, sino de óvulos.

Finalmente Cal destapa el fraude: los doctores no eran tales y se dedicaban a engañar y estafar tanto a los ilusos matrimonios que viajaban hasta México para hacerse con un óvulo como a las propias donantes. A Marla la acaban encontrando en el apartamento de uno de los “médicos”, ya que la tenían recluida allí porque habían surgido complicaciones en su tratamiento y no se atrevían a llevarla a un hospital: temían acabar en la cárcel si alguien se acababa enterando de lo suyo. Delincuentes eran, pero visionarios también.

¡Y fin del relax para Cal! ¡Toca regresar al trabajo! Oye, y lo hace sin ningún tipo de trauma post-vacacional. Su única preocupación era asegurarse de que Rader (interpretado por el actor que hizo de Riley, el super-soldado y novio de Buffy en… Buffy, cazavampiros; ¿dónde sino?) hubiera tocado sus “pertenencias”: su mesa, sus archivos, su ordenador, a su Foster… y a su Loker. Sí, que esté celosón por Gillian es comprensible, pero ¿por el repudiado traidor? Lo que hay entre estos dos es un ni contigo ni sin ti. O los que se pelean se desean… O…


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