Review Lie to Me: Blinded (1×12)

Review Lie to Me: Blinded (1x12)

Quien más quien menos tiene un enemigo que le supera: los hombres con peluquín tienen a los días de viento; Paulina Rubio, a las actuaciones en directo; los implicados en el Caso Gürtel a la justicia… Pero, ¿y Cal Lightman? A nadie. Porque él es el número uno y no hay mentiroso que se resista a sus implacables métodos… Hasta hoy. Bueno, hasta este capítulo: Blinded.

Y con otra divertidísima review, acabamos el repaso a la primera temporada de Lie to Me

La cosa empieza como si de una edulcorada comedia romántica se tratara: chico (médico) va caminando pensativo por la calle y choca con una chica (estudiante de enfermería); ambos dedicen tomar un café y, en la escena siguiente, ella… aparece deambulando en plena noche con los ojos ensangrentados y pidiendo auxilio.

Como véis, no es el típico argumento de película hollywoodiense: no es del tipo de historia que opta por la tópica fórmula de chica de moda que cae simpática a ellas y atrae físicamente a ellos, más chico de moda que cae simpático a ellos y atrae físicamente a ellas, acaban enamorados después de 89 minutos de pastelosos vaivenes. No, esto es Lie to me. Y si se me permite la licencia, es el mejor episodio de esta primera (de muchas, o al menos eso espero por mi bien) temporada.

Antes hemos dejado entrever que en este caso nuestros protagonistas no lo iban a tener nada fácil para desenmascarar al mentirosillo de turno. Y es que Cal se enfrenta a su némesis, otro maestro del engaño pero en versión siniestra, al que ha de estudiar en su ambiente: en la cárcel.

Sí, la estructructura del capítulo varía en esta ocasion: el mentiroso lo tenemos encarcelado, pero su colaboración es necesaria para detener a un imitador suyo que estaba continuando con su maquiavélica obra. Es decir, secuestrar mujeres, violarlas, cegarlas y, por último, liberarlas. Y las soltaba ya que, al dejarlas invidentes, no había riesgo de que le identificasen. Pero finalmente, el original fue detenido después de que un policía le diera el alto por no llevar las luces en regla… y por descubrir que llevaba una señorita maniatada en su maletero.

Y ahí estaba Cal, en prisión, intentando acercarse a Jenkins, que así se llamaba el agresor “auténtico”, para extraerle los datos que conocía del agresor “copión”. ¡Ah! ¡Cómo me gusta el ambiente carcelario! Pero sólo el de ficción, el de verdad no me acabó de convencer… Fijaos si me gusta que hasta vi toda Prison Break dos veces (temporadas tres y cuatra incluídas)… si eso es un delito (contra el buen gusto), yo me declaro culpable. Pero como dice el presidente de mi escalera, aficionado a alterar refranes adaptándolos a su contexto, no nos vayamos por las derramas.

¿Cuándo nos fugamos? Los de Prison son los de la mesa del fondo¿Cuándo nos fugamos? Los de Prison son los de la mesa del fondo

Previamente, el agente Reynolds, del FBI, había sido incapaz de sacar información al preso con las técnicas habituales, así que acabó recurriendo a la opción desesperada: Lightman and friends. Y ante asuntos desesperados, medidas desesperadas: como hemos dicho antes, Cal se infiltra en prisión para hacerse colega de Jenkins… pero fracasa en el intento. Sí, creo que es la primera vez que escribo las palabras “Cal” y “fracaso” en una misma frase.

Destapada la operación, volvemos a los métodos tradicionales: Foster interroga a víctimas del psicópata original; Torres analiza las cartas de los fans de éste para encontrar algún sospechoso; Loker, relegado a funciones de becario, observa vídeos en la sala de operaciones; y Cal se ocupa de ablandar a Jenkins para que cante lo que sabe. Pero nada, no cede. Y además se permite el lujo de jugar con nuestro especialista en microexpresiones: le da una dirección… y allí encuentran una nueva víctima. Estaba jugando con Lightman al más puro estilo Hannibal Lecter-Clarice pero, eso sí, nuestro malo tenía una dieta no basada en carne humana. ¡Algo bueno tenía que tener el chaval! Jenkins va dejando sutiles detalles para que prosigan con la investigación, pero parece que lo hace conscientemente: tras reconocer que el apellido de Cal (Lightman) le recordaba al Portador de la luz, todos se centran en encontrar alguna referencia a este sobrenombre en alguna de las miles de cartas de seguidores que acumulaba.

Así es como llegan a un fan que tenía un particular museo dedicado a su ídolo; como hacen la quinceañeras con Tokio Hotel, pero dedicado a alguien menos siniestro, a Jenkins. El agente Reynolds, colaborador en el caso, cree que éste era quien había continuado las andanzas del original, pero no iba bien encaminado.

Siguiendo con el estudio de vídeos de la prisión, ven como en un momento de diálogo entre Jenkins y Cal, un carcelero reacciona de manera particular cuando mencionan al imitador… porque él era el intermediario entre el original y su seguidor. Y una de las directrices que recibió el heredero fue la de sumar nuevas víctimas… ¡y uno de los objetivos era Foster! Gillian estaba con una de las agredidas para intentar sonsacarle algunos datos sobre su agresor. La chica estaba tan destrozada (física y moralmente) que necesitaba de un estímulo para salir adelante. Y así es como Foster idea una terapia para ella, y la pone en contacto con otra víctima que viene acompañada de su marido, demostrándole que se puede salir adelante, que aún puede formar una familia. Tras una de esas citas intentan secuestrar a Gillian, pero Cal y compañía llegan a tiempo para evitar la tragedia.

Viendo que el caso se estaba complicando, Torres decide saltarse las normas poniendo un poco de iniciativa propia, y opta por llevar a una de la víctimas ante Jenkins para ver si reaccionaba y expresaba alguna emoción que pudieran utilizar como pista. Y en pleno interrogatorio llega Lightman, que abronca a su pupila: “la alumna ha superado al mentor”, le insinuó desafiante el psicópata. Por ahí Cal no pasa, así que saca una foto de la secuestrada… ¡muerta! Al parecer, a Jenkins también le había superado su imitador, ya que se atrevía a llegar más lejos que él: mataba. Pero todo era un fake, como esos montajes photoshoperos que nos llegan por Internet, pero con mucho menos mal gusto. Aún así, el montaje sirve para que Jenkins se identifique con Lightman: él no quería que su discípulo le superara como Torres había hecho con Cal, así que revela una fecha de un aniversario decisiva para capturar al copión (o copycat, que en inglés queda mejor).

La efeméride coincidía con el día en el que le otorgaron la condicional y, gracias a los vídeos del mega-fan de Jenkins, llegan a detectar en el juzgado a un nuevo sospechoso… el marido de una de las víctimas, que finalmente resultó ser tambien un seguidor del psicópata. Éste se inventó una identidad falsa para casarse con una de las víctimas y poder vivir en primera persona su dolor, y utilizaba las viviendas que vendía como agente immobiliario para cometer sus atrocidades. Gracias a la capacidad deductiva de Reynolds, logran encontrar la casa y cazarlo con las manos en… una mujer.

Respecto a las tramas personales, en este episodio Lightman se enamora otra vez. Concretamente del agente Reynolds y, más concretamente aún, de sus habilidades. De sus habilidades como agente, claro está. Tras un breve tonteo en el que ambos se piropean mutuamente, Cal da el primer paso y le propone iniciar una relación (laboral) seria: le pide que se una a su equipo porque, según sus propias palabras, no tenía nadie como él en su caja de herramientas.

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Herramientas. Así es como considera Lightman a sus colaboradores. Herramientas que usa a su antojo, incluída a Torres: la niña bonita de sus ojos, a la que en la escena final le recuerda que él sigue siendo el mejor. Y es que toda la investigación (la pillada en la cárcel por parte de Jenkins, el dejar que Torres llevara a la víctima ante el agresor, el mostrarse superado por los acontecimientos, la bronca, etc.) había sido un juego retorcido surgido de la maquiavélica cabeza del doctor. Como si del mismísmo Puzzle, de Saw, se tratara. Eso sí, esperemos que Cal no siga adoptando los retorcidos métodos de éste, no sea que al final también tengamos que ver por estos lares Lie to me en una sala de Cine X…


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