Review Last Resort: Cinderella Liberty

Desde que tenemos uso de razón, en las películas de James Bond los malos siempre han sido malos porque sí, malos por su nacionalidad y punto. Sin matices. Sin embargo la tendencia audiovisual actual es mostrar que los terroristas del presente, son las víctimas del pasado. Un reciente ejemplo es Homeland. Donde el Gobierno americano no es un pasivo e inocente receptor de ataques, ni el pueblo árabe un ente malévolo que siembra el terror porque sí. Las cosas son más complicadas. En la misma línea Last Resort ahonda esta semana en los sucesos que desencadenaron este conflicto internacional, remontándonos al Pakistán a.C, antes del Colorado.

Desde el comienzo de la serie la relación entre la orden Antártida y la presencia de los SEALS en nuestro submarino no es ningún misterio. Por contra, la información sobre la naturaleza de la misión que desempeñaban los militares en el país árabe, sí nos ha llegado a cuentagotas. Primero parecía que el origen del conflicto era un error de King y Cía. Mataron al hombre equivocado, y el Gobierno utlizó el bombardeo a Pakistán como un ataque preventivo. Más tarde supimos que el hombre era el correcto, solo que la orden no era asesinarlo sino protegerlo. Un perito nuclear que creía estar evitando una guerra demostrando que Pakistán no tenía armas nucleares. Hasta que Hopper recibió nuevas instrucciones: plantar pruebas falsas y diparar a matar. Sin más explicaciones. Bienvenidos de nuevo a la era Bush.

Una de las ventajas de que una serie termine pronto, es que sus misterios terminan con ella, de forma rápida y sin estirar el chicle. En Cinderella Liberty nos desvelan de forma natural qué ocurrió en Pakistán, sin poner obstáculos para alargar la trama. Ahora sólo falta saber por qué. Esperemos que la ficción sí supere a la realidad en este caso, y no optemos por la opción fácil de achacarlo todo al oro negro.

Desde que despertara del coma, Hooper ha sido una pieza clave del entramado político como receptor y ejecutor de las contraordenes recibidas en Pakistán, aunque hasta el momento nadie podía demostrarlo. Gracias al recorrido por los recuerdos de King descubrimos esta semana que sí existen pruebas incriminatorias: las grabaciones de su casco. Si recordamos la escena que presenciábamos detrás de una rendija en Another Fine Navy Day, Booth interrogaba a Hooper sobre algo que quería encontrar y que el SEAL afirmaba no tener. Se refería a las tarjetas de memoria. En su momento no le dimos mayor importancia a la pregunta porque era más significativo que el AntiGobierno secuestrara a Hopper en lugar de informar y negociar con nuestros marineros, una estrategia que a día de hoy sigue sin tener mucho sentido. Como tampoco lo tiene el repentino conocimiento de esta información por parte de Kylie. No costaba nada mostrar el momento exacto en que se entera, para que los espectadores podamos seguir los acontecimientos sin tener que preguntarnos cada dos capitulos, ¿y esto de donde ha salido?

Esos dos decubrimientos son la parte más interesante del episodio, porque el secuestro del carguero con los familiares, a pesar de tener escenas de acción y tensión, no aporta mucho. Destruido e indefenso, y con sus armas nucleares bajo custodia americana, Pakistán no puede enfrentarse al ejército indio que se aproxima a sus fronteras. Así que no tiene más remedio que tomar el barco. Las demandas del secuestro son simples, la vida de los rehenes a cambio de armamento para defender a su pueblo. Los responsables del asalto son el Capitán, un hombre bastante razonable que no está orgulloso de los actos a los que ha tenido que recurrir y su segundo, un soldado sin escrúpulos. La decisión del Gobierno de traicionar a sus socios en Pakistán, no sólo es responsable de una guerra sino también de la transformación de este hombre. Tres horas antes de ser rescatados por el Colorado, su inocente hermano murió a manos de quienes consideraba sus aliados. Su ira se cobrará las primeras víctimas civiles americanas.

Un panorama complicado para nuestro Capitán, cuyo margen de maniobra se ve limitado por la ausencia de su llave de disparo. Consciente de ello, Chaplin sabe que su única opción es ganar tiempo para que los SEALS y Kendal liberen el barco. Así que en un nuevo alarde de inteligencia y justicia, no sólo lo consigue sino que además ayuda al pueblo pakistaní presionando al Gobierno americano para que India retire sus tropas. Una carambola que no habría sido posible sin la intervención de Grace, que encuentra la llave que Cortez, atormentada por la culpa, ha dejado a plena vista. Todas las sospechas de traición miran ahora a la liutenant, que no será la única perjudicada hoy. Paul, en un alarde de valentía, intentará mediar entre el segundo pakistaní y su rehen más valioso, Christine, muriendo practicamente en el acto y cerrando la analogía del flamante caballero. Al menos el abogado deja este mundo pensando que su damisela en apuros le prefiere a él. Lo que resulta inverosimil de esta situación, es que como espectadora sufra yo más porque Sam presencie el sentido beso entre su mujer y Paul, que él mismo, que ni se inmuta. Cuando parece que por fín el peligro ha pasado, en medio del caos uno de los SEALS rapta a Christine. Como si estuviera jugando con mi Game Boy, me pasara la pantalla y la princesa Peach saltará al siguiente mundo. Qué pereza. ¡Reencuentro ya!

Segunda semana que no sabemos nada del Contramaestre desde que lo dejáramos drogado en medio de la selva en Nuke it Out. Entiendo que hasta que no lo necesitan en la sala de máquinas del submarino no reparen en su ausencia, pero después de que dos de nuestros marineros fueran secuestrados nada más llegar a la isla, que no aparezca por ningún lado, debería ser motivo suficiente para sospechar que algo no va bien. Sin emabrgo habrá que esperar a la siguiente entrega de Last Resort para conocer su paradero. Y sólo quedarán tres para el fin de fiesta.


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