Review Last Resort: Blue on Blue

El submarino Colorado, emerge a la superfície está semana portando los sentimientos como bandera. El honor, el patriotismo, la traición y sobretodo, el amor, están presentes más que nunca en un capítulo dónde nuestros protagonistas se enfrentan a un entramado más complicado de lo parecía en el piloto, con más de un objetivo al que disparar. Y es que en toda contienda americana que se precie, no podía faltar el enemigo por excelencia…

Aunque la acción se centre en la isla, es lógico volver a tierra firme para preguntarse como se está viviendo la ofensiva lanzada por el Capitán Marcus en el capítulo anterior. Pues bien, aunque he echado en falta más escenas sobre cómo el Gobierno ha justificado el paso de un misil nuclear a pocas millas de la capital, cómo si de una estrella fugaz se tratase, y cuál está siendo la reacción de la opinión pública, por los pocos fragmentos de notícias que nos muestran en televisores de bares y casas, podemos intuir dos cosas: que el país vive en estado de pánico y que la responsabilidad del suceso se atribuye a la locura del viejo Capitán, Nuclear Mad Man lo llaman… Hubiera sido más interesante no tener que suponer, sino ver, cómo se pasa en los medios de culpar a los pakistaníes de hundir el submarino Colorado, a aclarar que no sólo no está muerta su tripulación, sino que su Capitán, en un arrebato demente, ha disparado un misil contra su propio país… porque vamos, yo no me lo imagino.

En toda esta vorágine, las mujeres que se encuentran en territorio estadounidense, y tienen algo que decir en esta historia, van a verse envueltas en dos nuevos conflictos que enredarán más la trama: Por un lado la señora Kendall, está siendo presionada por el Gobierno para convencer a su querido esposo de que haga lo que ellos consideran correcto, y entregue el submarino y a su Capitán, a cambio de amnistía. En un primer momento Christine – que así se llama- acepta, pero mientras habla con su marido se arrepiente y le dice que no confíe en ellos. La primera estrategia gubernamental es mostrarle imágenes de un hecho que ella ignora, el cautiverio de su marido en Corea, con el fín de sembrar la duda en la pareja. Al no funcionar, apuestan por introducir un caballero de dorada armadura – un abogado amigo de Sam- en la ecuación, que la salva del interrogatorio y se la lleva a casa para tratar de romper esa devoción matrimonial, deducimos que con el clásico “mujer de militar desaparecido se enamora de amigo del alma que la cuida

Por otro lado, a la ingeniera naval -que también tiene nombre propio- Kylie, su topo dentro del Departamento de Defensa, la informa de que el prototipo Perseo que ha instalado en el submarino, funciona, como veremos más adelante, pero que en contra de lo que pueda parecer, no es una buena notícia ya que el Gobierno planea arrebatárselo. Parémonos aquí y recordemos el piloto. En esa escena que tanto me gusta, dónde ella enumera las maravillas del Colorado, matiza que la única pega que tiene el submarino es su huella magnética, pero que con Perseo podrá volverse invisible a ojos de un radar. Ahí es dónde entra en acción el Senador al que está seduciendo, en la compra de dicho prototipo al por mayor, cuando todas las castas militares se maten por adquirirlo. Entonces, si en ese momento suponía que al probarlo con éxito iban a comprárselo ¿por qué querrían arrebatárselo ahora? ¿Porque no encargarle que fabrique más unidades con normalidad? ¿Estaba equivocada antes? ¿ El objetivo siempre había sido robárselo? No sólo no se entiende esa actuación ilegal del Gobierno porque sí, sino tampoco el temor de Kylie, al enterarse de la noticia, de ser encarcelada ¿Por qué razón tendría que ir ella a prisión? ¿Para que no pudiera reclamar la patente tras usurpárselo? Parece un poco absurdo. Para chantajearles si se diera la situación, su contacto trata de conseguir la orden que recibió el Illinois de atacar a sus compatriotas del Colorado, pero lo encuentran inconsciente en extrañas circunstancias, incluyendo así también en el complot inicial tanto a Kylie y el prototipo en cuestión, como al compañero de Universidad del XO Kendal.

La muestra de fuerza enxhibida por nuestro Capitán, además de tener consecuencias en Estados Unidos, tiene respuesta directa en Santa Marina. Alrededor de las 200 millas establecidas como perímetro máximo a cruzar, comienzan a aparecer barcos y más barcos hasta un total de 20 navíos de guerra al inicio del espisodio. Frente a ellos, invisibilidad y ataque preventivo para amenazar a un viejo conocido, el Illinois, qué trató de hundirnos en la premiere. No contentos con ello, un avión atraviesa el cielo de la isla. Presumiblemente Deltas destinados a acabar con todo disidente submarino, mientras un equipo capitaneado por el XO Kendal y la Liutenant Shepard se dirigen hacia ellos. Esta expedición sirve, además de para defenderse, como redención para algunos personajes. A Grace para recuperar la confianza perdida, arrriesgándose en plena línea de fuego para cubrir a su superior, y a James King, al que hasta el momento sólo habíamos visto deambular por el bar, conversar con Tani y autocompadecerse de su responsabilidad en la guerra, para tomar partido en el momento clave y salvar la vida de la Liutenant. Como apuntábamos en la entradilla, entra en  juego un no tan nuevo enemigo, en lo que a conflictos bélicos con América se refiere. Los soldados que aterrizan en la isla, no son Deltas ni americanos, sino rusos, que tratan de aprovechar la situación para secuestrar el submarino.

El Contramaestre por su parte, sigue ganando puntos como malo malísimo del momento, primero mandando a sus hombres herir a Grace en la montaña, y más tarde desvelando la muerte del hijo del Capitán en Afganistán a manos de fuego amigo, delante de toda la tripulación, acusándolo de actuar por venganza personal contra el país. En esta última parte del capítulo es dónde Last Resort enarbola la bandera del amor por aquellos dejados atrás: una mujer, un hijo, y un padre, que no son una debilidad, sino una fortaleza para mantenerse ergidos en la batalla. Sin duda, las mejores escenas, las protagonizadas por Braugher y Speedman en las distancias cortas.

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