Review House: Wilson

Review House: Wilson

Y aquí estamos, exactamente en el mismo sitio que hace un par de meses. Con la salvedad de que, a pesar de que nos separan unas seis semanas del próximo, ya hemos degustado los diez primeros capítulos de la sexta temporada de House. Y aunque el insufrible parón navideño amenaza con ser tan interminable como de costumbre, por lo menos la serie se ha despedido con un capítulo muy decente, de carácter intimista y protagonizado por el gran Wilson, que por acaparar, acapara hasta en el título. ¡Hora de comentarlo!

Disculpad el enoooooooo[…]ooooorme retraso…

Desde que el personaje fuese concebido y encarado por primera vez por Robert Sean Leonard (quien podría optar al Emmy gracias a este capítulo), Wilson ha sido autor de un enérgico compromiso social, caracterización que se ha evidenciado temporada a temporada. La solidaridad y el altruismo son términos que le retratan. Y por otra parte, el hecho de dibujar ocasionales pinceladas oscuras en su cuadro psicológico no hace más que avalarle como uno de los personajes más interesantes de la serie. Personifica al homólogo absoluto de Gregory House, rasgo que consiguientemente le convierte en su complemento ideal. Y no es necesario ser ningún lumbreras para percatarse de que este 6×10 ha estado focalizado en su persona. Indiscutiblemente y de principio a fin, la cámara no ha perdido de vista a Wilson. Una cámara bastante ineficaz, por cierto, y es que House nos tiene acostumbrados a direcciones mucho más firmes que la de la veterana Lesli Linka Glatter.

Pero el asunto es que, como decía, el episodio se ha consagrado en su totalidad a la figura de James Wilson (aka Jim), un personaje que apenas había asumido protagonismo en lo que llevábamos de temporada. Y de esto pueden dar fe pruebas tales como que el equipo haya permanecido prácticamente en el anonimato durante todo el episodio, que la línea argumental de House y Cuddy se haya desarrollado en un segundo plano o que el doctor cojo haya ejercido por primera vez de escudero de Wilson, y no viceversa.

Los temas en los que la serie ha incidido esta semana han sido la amistad, la lealtad… y las mesas, con las que, de forma poco explícita, Wilson parece sentirse identificado. Acreditando aun más lo que comentaba un párrafo más arriba, parece que no puedo escribir más de dos líneas sin mencionar al oncólogo.

Más de uno ya estará afilando los cuchillos para reprocharme que no esté hablando del argumento en sí, pero en defensa propia debo recordaros que este no ha tenido demasiada miga. Aun así, voy a hacer un esfuerzo. El capítulo comienza con un arranque muy rítmico, en el que House despierta a Wilson y este le informa de que ese día no va a ir a trabajar, en detrimento de poder oficiar junto a su amigo Tucker un ritual anual del que nunca habíamos oído hablar. Mientras celebran la efeméride, señalada porque cinco años antes Jim trató y salvó de una muerte casi segura a Tucker, este comienza a manifestar una serie de síntomas de lo más inoportunos. Presumiblemente durante el opening, Wilson traslada a su amigo hasta el Princeton-Plainsboro.

Wilson recurre al equipo de House, especialistas en diagnósticos imposibles, con el fin de garantizarle a su camarada el mejor tratamiento posible. Gregory, que no es afín al pluriempleo de sus subordinados y que además está empecinado en que lo que Tucker padece es cáncer, contraataca obligando a sus empleados, que atendiendo a sus caprichos tan pronto pueden ser la élite de la medicina como un penoso circo de payasos, a entorpecer el trabajo del oncólogo.

Tras una sucesión de escenas de carácter inaccesible para la mayoría de los espectadores, entre los que me incluyo, todo parece apuntar a que la culpable del aquejamiento de Tucker es una leucemia irónica. Firmada la tregua entre House y Wilson, ambos doctores colaboran para postular, mediante un intrigante ejercicio de deducción, que si House es House, Wilson es Wilson, y las mesas son mesas, la quimioterapia ha de ser veneno para el paciente. Lo que Tucker necesita es un nuevo riñón, o en 24 horas morirá. Wilson podría haber delegado el caso en manos del infalible Jack Bauer, pero en su lugar hace todo lo posible por conseguirle un trasplante antes de que la cuenta atrás expire.

Y en último término, es el mismísimo Tucker quien da con la solución. Aprovechando que la sangre de ambos es compatible, y en un alarde altruista, le exige a Jim que sea el donante. House intenta disuadirle, pero la determinación del oncólogo es ya irrevocable. Wilson le pregunta si estará presente en la operación, y la negación por parte del doctor cojo desemboca en el momento cumbre del capítulo, en el que confiesa el porqué. Que, traducido a un burdo español, vendría a ser algo como “Porque si tú mueres… yo estaré solo“. Y sin embargo, contra todo pronóstico, la última imagen que ve Wilson antes de dormirse en el quirófano dice lo contrario:

Un bonito ¡Zas! en toda la bocaUn bonito ¡Zas! en toda la boca

Por otra parte, en ese consabido segundo plano, Cuddy desea mudarse con Lucas a un loft para consolidar su relación, pero no se atreve a dar ningún paso en falso y consulta a Wilson antes de efectuar ningún movimiento, con la pretensión de predecir la reacción de House. Jim intenta ocultárselo al doctor pero, como es natural, él no tarda en descubrirlo. No obstante, Gregory por ahora parece interesado en conservar su increíble política de pasividad ante la pareja que conforman directora y detective. Ya al final del capítulo, descubrimos que Wilson finalmente ha abogado por anteponer la amistad a la moral, y se declara a favor de House en su guerrilla particular contra Cuddy al sabotear los planes de Cuddy adelantándose a ella en la compra del loft.

Y una vez más, eso es todo. Si algo nos ha demostrado este capítulo, es que Wilson tiene mucha madera de personaje secundario, pero el protagonismo le sobrepasa, y que nadie es más apropiado que el personaje de Hugh Laurie para encabezar la serie, por mucho que el erosivo paso de las temporadas le haya devaluado. House nos deja, pero solo será durante unas semanas. Fue bonito mientras duró.

Pues eso...Pues eso…


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