Review House of Cards: Chapters 7-13

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En un abrir y cerrar de ojos tal como vino, House of Cards se fue. Segunda review y season finale todo en uno. Y es que la desventaja de tener todos los capítulos a mano, es que aun siendo del grupo de niños que superó el test del caramelo, no podemos resisitirnos a verlos de un tirón. Queda demostrado que Spacey, gana a dulce. Y que no hay mayor droga que una buena serie.

El balance del experimento de Netflix es muy positivo. No solo por el producto de calidad que ofrece, sino por la expectación que ha generado tanto en los medios como en la calle. Y es que House of Cards es la pionera del amplio abanico de posibilidades que se abren para innovar en lo que a series e internet se refiere. La pregunta a partir de ahora no es quién será el próximo en intentarlo, sino quién no lo será.

Mira que les gusta a los americanos una puesta en escena: con su teleprompter, sus pegatinas en el suelo, sus niños multiculturales, y sus trece bolígrafos para las trece letras que contiene la firma del Presidente, como souvenir de la aprobación del proyecto de ley. No se puede pedir más. O sí. Si gracias a estos cuidados detalles intuímos que planea Frank. En un primer momento todo parecía indicar que su intención era cargarse uno a uno a los miembros del equipo Presidencial que le traicionaron en el piloto, empezando por Kern y terminando por Walker, por el ya célebre: una ballena se come bocado a bocado que mencionábamos en la review anterior. Pero el verdadero objetivo de Frank es mucho más pragmático que la típica vendetta: labrarse un ascenso a Vicepresidente de los Estados Unidos.

Tampoco íbamos muy bien encaminados adivinando cual era la estrategia principal del congresista, y cual la secundaria. Ya que la sensación que nos habían transmitido desde el principio es que el camino hacia la Presidencia pasaba por la Secretaria de Estado, y que Peter Russo y su campaña para Gobernador, eran una improvisación sobre la marcha. Pero en contra de toda lógica, ha sido al revés. Una vez descubierto el plan, hay dos cosas que no encajan con la personalidad de Frank: que prefiera ser Vicepresidente a congresista, viendo que por muy Veep que sea, Matthews pinta menos que él en la toma de decisiones, y que después de todo el esfuerzo y tiempo invertidos, vuelva a dejar en manos del Presidente la elección del cargo, después de la decepción que supuso el nombramiento de Kern. Resulta extraño que un hombre tan controlador como Underwood, se arriesgue a cometer dos veces el mismo error.

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De hecho hay unos instantes de confusión en que sí parece que la historia se va a volver a repetir, y que Frank va a verse superado por un inesperado adelantamiento llamado Raymond Tusk. Pero la aparición en escena de este excéntrico multimillonario tiene otro propósito: testar a Frank para Vicepresidencia. Un curioso personaje al que le bastan unos minutos para despertar nuestro interés, con sus maneras sureñas y su dicotomía nuclear-ambiental. Y es que todo protagonista, por muy villano que sea, necesita una némesis a su altura. Y quién mejor que este zorro viejo para poner contra las cuerdas a Frank. El magnate cumple, y nos mantiene en tensión durante todo el viaje a St.Louis. Pero Frank es mucho Frank, e incluso herido de muerte por el cambio de bando de Remy –chapó por el abogado- termina saliéndose con la suya, como siempre. Que penita da el Presidente Walker, tan contento en el despacho oval, ajeno a la Guerra fría Underwood-Tusk.

Una cosa que House of Cards domina a la perfección, es el manejo nuestras simpatías. Y es que en esta segunda parte de la historia cambian las tornas cuando, nos damos cuenta de que nuestra visión de Frank va ligada a la de la Zoe más naiv. Tanto los espectadores como la periodista conocemos los trapos sucios de Frank, pero aun así nos dejamos seducir por la admiración que en nosotros provoca su inteligencia y su carisma. Hasta que su ego traiciona a su mente, y no tolera que Zoe le deje. En ese momento todas esas cualidades del congresista dejan de cegarnos, y le vemos con claridad. Un punto de inflexión para la periodista, y punto de partida para nosotros, que a partir de ese momento juzgaremos con una mirada más crítica a un Frank que, minutos más tarde pierde los nervios con Claire, y capítulos después es capaz de matar a un hombre por una silla junto al Presidente. Como para no hacerlo. Estamos curados del Síndrome de Estocolmo.

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El matrimonio Underwood no pasa por su mejor momento, y es que si en la primera review alabábamos la sinceridad que existía entre ambos, en esta no podemos más que disfrutar con la traición de Claire, después de revolvernos en el asiento al no verla responder ante los gritos y el egoísmo de Frank. Aunque la señora Underwood tampoco es un ejemplo a seguir. Comparte la máxima de su marido del beneficio personal a costa de lo que sea, aunque se esconda tras la cortina de la caridad. Sin embargo en su escapada a Nueva York conocemos una nueva faceta de Claire. Cómo hubiera sido su vida sin conocer a Frank. Probablemente el detalle de la conversación con Adam, donde nos cuenta que para su madre lo más importante era estar bella, sea la clave de su comportamiento. La semana pasada no nos cuadraba que siendo una mujer inteligente y pudiendo conseguir éxito por sí misma, necesitara la intervención de Frank. Ahora podemos atribuirselo a una inseguridad generada por la relación con su madre, que no le permite lanzarse al vacío sin el colchón de seguridad que le proporciona el apellido Underwood. De ahí que tampoco sucumba a la felicidad que le propone un aventurero como Adam. Quizá no sea pragmática por decisión, sino por obligación. Magnífico el trabajo de una Robin Wright capaz de mostrarse fría y vulnerable a la vez.

Además de para conocerla un poco más, la rebelión de Claire plantea una duda razonable en el plan de Frank: qué hubiera pasado si el proyecto de la cuenca del río se hubiera aprobado. Porque en principio el objetivo era ese. ¿El fracaso de Russo sólo supone, por tanto, una variación de tiempo? ¿Si hubiera sido un éxito, simplemente el sacrificio de Peter estaría más cercano a las elecciones, para presionar más al Vicepresidente? Todo el asunto Peter Russo, me resulta chocante. Dedicar tanto esfuerzo a una campaña electoral que vas a tirar por la boda, me parece demasiado cruel incluso para Frank.

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FOTAZA

Lo que no resulta muy creíble es que en el breve período de dos capítulos, Zoe & Cía descubran todos los tejemanjes de Frank. Como tampoco lo es que de repente la pelirroja decida romper el pacto profesional que hay entre ambos, y que una periodista de la vieja escuela como Janine, cambie el Herald por Slugline sin pensárselo. Visto lo visto, hubiera sido más interesante una división política y periodística desde el principio. Con una joven periodista que saltara a primera plana de los periódicos por sus investigaciones. Transmitiéndonos que en cualquier momento el plan de Frank puede ser revelado a la opinión pública -sensación que presumiblemente tendremos en la segunda temporada, tiempo al tiempo- y que a partir de ahí, surgiera la relación entre ambos, y no al contrario.

Casi termino la review sin mencionar uno de los giros más inesperados de lo que llevamos de House of Cards hasta el momento: la homosexualidad universitaria de Frank. Así como nos da la impresión de descubrir a la verdadera Claire en la cama de Adam. Ver a Frank borracho correteando por su alma mater, emocionándose cantando con sus antiguos compañeros, y reconociendo el gran significado que para él tuvo la relación con Corvet, lo hace más humano. No sé si deberíamos entrar o no a analizar el género del que es el amor más desinteresado de Frank. porque comparándolo con las relaciones que entabla en la actualidad, que sea un hombre es lo de menos. Resulta más importante destacar que Frank no siempre ha sido como ahora. Y que aunque fuera hace años, hubo un tiempo donde aglutinar más y más poder no era el motor de su vida.

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Supongo que a muchos os habrá dado por extrapolar la serie a nuestra realidad, como es lógico. Y os habréis dado cuenta de que las intrigas y el intercambio de favores que en otro tiempo hubieramos considerado ficción, en estos días de sobres y te quiero un huevo, tristemente resultan de lo más normales. Aunque mucho más cutres y con menos brillantez que Frank. A lo que ya no estamos tan acostumbrados es a que se asuma un escándalo político de una forma tan orgánica, sin ninguna tipo de excusa y total responsabilidad, como ocurre con Russo. O que el espíritu periodístico persista al margen de si la ideología del medio y el partido es afín.

Mientras esperamos a saber cuando planea Netflix deleitarnos con la segunda temporada, nos despedimos con una pregunta: ¿Veremos a Frank como Presidente de los Estados Unidos? Se abren las apuestas.

Nota del autor
4.5
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Review House of Cards: Chapters 7-13
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10 comentarios

  1. Edu

    Serie en mayúsculas. Lo mejor, las relaciones que existen entre Francis y Claire. Especialmente ella me encanta. Para la segunda temporada veremos si finalmente Frank es nombrado Vicepresidente, que pasará con Zoe y como evoluciona la demanda que le ha puesto a Claire su ya ex-empleada.

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