Review House: Now What

Review House: Now What

Mes de septiembre y llega la hora de volver a las rutinas después del merecido descanso estival. La alegría veraniega deja paso al otoño y las consabidas depresiones postvacacionales, pero no nos dejemos llevar por el pesimismo porque, así mismo, también es momento de que las series retomen sus derroteros y de esta manera hacernos más fácil y entretenida nuestra existencia para que comencemos con mejor ánimo la nueva temporada laboral o estudiantil, según sea el caso. En lo que concierne a House retomamos en el punto que lo dejamos al término de la sexta, ¿a que estáis ansiosos de ver como sigue la historia entre House y Cuddy? Pues allá que vamos.

Como bien recordaréis, el último capítulo de la sexta nos deparó el mejor final posible, con House completamente abatido después de perder a una paciente y a punto de recaer en la vicodina. Es entonces cuando Cuddy aparece oportunamente para declararle su amor cuando ya todo parecía perdido. Incrédulos hubo, y entre ellos me incluyo, que pensamos que este final no podía ser más que una alucinación de la perturbada mente de Greg tras el trauma. Para alegría de los romanticones se confirma la relación y tendremos Huddy para rato. Pero centrémonos en lo importante, con un delicioso nuevo episodio recién salido del horno que está esperando a ser degustado.

Las líneas argumentales de este episodio se centran en la dificultad para asumir la nueva situación entre el diagnosticador y su jefa, que parecen deambular todavía como en una ensoñación, y por otro lado el equipo que, mientras intentan salvar al hospital del cierre de la sala de urgencias por faltar un neurocirujano, cada uno le da su opinión a trece sobre su carta de renuncia. Ya echaba de menos comentar un capítulo, así que manos a la obra.

Huddy para ratoHuddy para rato

Comenzamos justo donde lo dejamos, esto es, en casa de House con Cuddy y él muy acaramelados, tiernamente cogidos de la mano, anestesiados por la mezcla de emociones encontradas que les ha producido a ambos tanto la muerte de la paciente como la declaración de la jefa. Se prodigan arrumacos y caricias hasta que terminan en la cama. Después de una sesión erótico- festiva, House dispara una pregunta al aire que resuena como un cañonazo: ¿y ahora qué? Los dos quedan en suspenso. A Cuddy le suena a pregunta existencial que viene a decir que no llegarán a ninguna parte como pareja pero House la tranquiliza diciéndole que lo decía de forma literal, o sea que si prefiere desayunar o ir a jugar a los bolos o hacer alguna otra cosa.

En esto están cuando Cuddy recibe una llamada de su nuevo secretario. House intercepta la llamada y le hace saber al secretario que Cuddy no aparecerá por el hospital en todo el día y que para la próxima utilice su propio cerebro para resolver problemas. Entonces Cuddy advierte que, con el doctor Richarson enfermo, no hay ningún neurocirujano disponible en el hospital y puede ser motivo de que cierren la sala de urgencias y deriven a los pacientes a otros hospitales. Por lo tanto, House recurre a Chase para que le salve la papeleta a la jefa y haga de neurocirujano por unas cuantas horas. Mientras tanto, la pareja se dedica a la relajada tarea de darse un baño y desayunar con absoluta tranquilidad.

Dónde vas...Dónde vas…

Aunque la calma sólo dura hasta que aparece Wilson, como el fiel perro pachón que es, preocupado infinitamente por su amigo. Sin embargo, House no le deja pasar y Wilson lo llama a su teléfono. Con excusas y buenos motivos House se lo quita de encima esperando que no le moleste hasta el día siguiente, al menos. Entre confidencias, juegos y planes, los tortolitos regresan a su nido de amor envuelto en romanticismo y buenas intenciones. Wilson aparece una vez más, esta vez intentando colarse por la ventana de la cocina en la que queda atascado. House acude ante los ruidos sospechosos de un posible intruso y se burla de él por idiota. Lo rescata y le comenta que esté perfectamente, disfrutando de un día libre con su novia: Cuddy. Está dispuesto a hacer pública su relación y lleva a Wilson a su habitación, pero Cuddy no está, lo que alimenta las sospechas de Wilson de que se encuentra bajo los efectos de las drogas. Tras un reconocimiento exhaustivo, Wilson desiste y se marcha y House encuentra a Cuddy escondida en el armario.

Continúan con su velada jugando y, llegado el momento de que Cuddy se marcha, las dudas afloran. House cree que, aunque ha sido un día inolvidable, lo suyo no puede funcionar porque él no ha cambiado su forma de ser y le volverá a hacer cosas terribles. Cuddy le responde que no quiere que cambie porque es el hombre más increíble que ha conocido en su vida y con esta bonita afirmación sellada con un beso se despiden sonrientes.

El equipo anda revolucionado con la marcha de trece. Todos quieren dar su punto de vista respecto a su situación con la mejor de las intenciones, a lo cual, la guapa doctora pone mala cara. Por si esto fuera poco, además tienen que solucionar el problema con el neurocirujano y no lo tienen fácil. Hablando del neurocirujano, el problema radica en que el secretario no cree a Chase cuando se le presenta como neurocirujano sustituto y deciden tratar directamente con Richardson, que está enfermo, para ponerle fin a sus males. Lo encuentran en su casa vomitando en el lavabo. Proponen una drástica solución: una medicina que tal vez cure sus síntomas pero con algunos efectos secundarios. Dicho y hecho, se lo llevan al hospital dando claras muestras de que va drogado y para mayor desgracia se desnuda frente al inspector y éste determina que no está en condiciones de ejercer. Toma la decisión de cerrar la sala de urgencias por incapacidad del neurocirujano. En estas estamos cuando Richardson reconoce que hizo una escapadita a un salón gastronómico y el equipo descubre que el ciego puede deberse a la ingestión de huevos de sapo tratada la cual, el neurocirujano se reestablece por completo y salvan de esta manera los muebles en el ultimo momento.

No te vayas, TreceNo te vayas, Trece

Intercaladas en esta historia se suceden varias conversaciones en las que Foreman se muestra completamente en contra de la marcha de su ex, mientras que Taub la apoya al cien por cien y Chase utiliza su encanto para intentar llevársela al huerto. Sin conseguirlo.

Un capítulo para los amantes y enamorados lleno de buenas intenciones y promesas por cumplir entre Houze y Cuddy que veremos durante el desarrollo de la temporada cómo se resuelven. Bajo mi punto de vista, un capítulo falto de chicha, con intensidad emocional pero nada nuevo que ofrecer. La relación está en sus inicios, en los que todo es armonía y empalago, lo cual merma bastante la calidad del episodio y lo vuelve incluso un poco aburrido. Aunque intenten desengrasarlo con algún toque de humor no me parece suficiente. La marcha de trece es la crónica de un suceso anunciado así que tampoco aporta una línea nueva y tendremos que esperar un poco para que aparezcan nuevas tramas que le den verdadero interés a la serie. Como antaño.


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