Review House: Known Unknowns

Review House 6x07

Desconozco si os habréis percatado de ello, pero tengo la siniestra costumbre de encabezar las reviews de House con la imagen más macabra del episodio. Bien, pues resulta que este 6×07, un capítulo que ha escatimado en kétchup, ha echado por tierra mi inquebrantable tradición, razón por la que me he visto obligado a recurrir a la estampa de Gregory House disfrazado de aristócrata ochentero. Pero supongo que eso es irrelevante. Lo importante es que, como dirían los escandalosos locutores de FOX… House is back!

El capítulo se ha desarrollado en dos líneas argumentales drásticamente diferenciadas, con los 43 minutos de duración repartidos tan equitativamente que ninguna de las dos ha gozado del espacio que merecía. Por un lado, tenemos a Foreman, Chase y Cameron, ya acomodados en su reconquistada posición frente a la pizarra del doctor cojo; y por otro, a House, Wilson y Cuddy, que se embarcan en una excéntrica aventura marcada por sorpresas desafortunadas y búsquedas de la moral y que por fin reciben el protagonismo que merecen. A mi entender, esta última ha supuesto la parte más atractivo del capítulo, pero dado que cada trama ha eclipsado a la otra, ninguna ha podido destacar notoriamente. Y disculpad que dramatice de una manera tan descarada, pero no se me ocurre otra forma de aderezar un capítulo tan desaborido. Que en realidad tampoco lo ha sido tanto, pero exagerar es una de mis actividades favoritas.

Bien. Abramos la veda con la gente del Princenton-Plainsboro, donde una misteriosa chica termina ingresada por motivos que, como de costumbre, la mayoría no habremos entendido. Menos mal que en House estas explicaciones no son más que un pretexto para presentarnos a algún personaje y transmitirnos alguna moralina a través de él, ya que de lo contrario no nos quedaría más remedio que avergonzarnos de nuestra ignorancia. De esta chica, la paciente de turno, caben reseñar dos cosas: que su tasa de mentiras por palabras está por encima de la media, y que oculta un oscuro e inconfesable secreto: es una apasionada de la ciencia-ficción.

Cool...Cool…

Y aunque no sea de semejante calibre, Chase también tiene un secreto. Uno que aunque es a él a quien debería atormentar, parece incomodar bastante más a Cameron, la cual no duda en ponerse en lo peor cuando advierte que su marido le está ocultando algo. Allison Cameron es una mujer impulsiva, pasionaria, y a la que a menudo le cuesta levantar un muro entre lo personal y lo profesional. Su exacerbada moral, que ahora que no necesita demostrar a House su infinita benevolencia se encuentra en estado de embriaguez, ha adquirido un cariz más selectivo. Preservar la estabilidad de su idílico matrimonio es ahora su única prioridad, y cuando siente que esta se encuentra en peligro, no duda en dejar aflorar su carácter más paranoico. Y esto tiene como consecuencia que, al final del episodio, un Chase agotado capitule y le confiesa la verdad. El detestable formato de las series americanas (40 minutos semanales) no nos ha consentido avistar la reacción de Cameron, pero podemos presuponer que se arrepentirá de sus pesquisas.

La parte médica, insisto, no ha gozado de la repercusión que necesitaba. Asumiendo que el consabido caso versaba en esta ocasión sobre el incomprensible mundo adolescente, podría habérsele sacado bastante más provecho. Pero en su lugar, nos hemos tenido que conformar con una gota de sangre, varias verborreas sobre medicina, interpretaciones pobres y una apresurada resolución alcanzada mediante una de esas iluminaciones espontaneas que le suelen dar al doctor Gregory House. Por suerte, la otra parte del capítulo, el apartado personal, ha sido considerablemente más asequible.

Acompañado por House y Cuddy, Wilson asiste a una conferencia sobre medicina en la que se dispone a hablar sobre la eutanasia. En un impulso solidario, el oncólogo se aseguró de garantizarle una muerte libre de sufrimiento a uno de sus pacientes moribundos, y como es natural, House no tarda demasiado en descubrirlo. Dejando de lado que el altruismo de Wilson en ocasiones raya lo patológico (y este rasgo es precisamente el que le confiere tanto interés al personaje), cabe destacar de esta trama un detalle impagable, y este es que haya sido House quien haga un llamamiento a la ética de Wilson, y no al contrario. Por supuesto, a su manera.

“Está mejor sin ti”

Y por si eso no fuese suficiente, el doctor nos ha deleitado con toda una colección de frases memorables (“Los estudios demuestran que el vino de 10$ sabe mejor cuando te dicen que cuesta 90$“, y cosas por el estilo), y además hemos tenido la oportunidad de verle tontear con Cuddy, objetivo que se había enfriado tras la desoladora season finale de la quinta. Y todo esto nos conduce irremediablemente a la sorpresa del capítulo. House, instado a ello por Wilson, acude a la habitación de la directora del hospital con la pretensión de demostrarle que él también puede ser una persona responsable… y allí se encuentra, nada más y nada menos, que… ¡con Lucas! Imagino que a aquellos que consumís spoilers con asiduidad y alevosía no os habrá pillado desprevenidos, pero para mí ha supuesto una auténtica sorpresa, y consiguió que por un momento casi sintiese que estaba viendo algún cliffhanger lostiano. No comprendo muy bien qué persiguen exactamente resucitándole tras tantos capítulos, pero recuerdo que durante la recta inicial de la quinta facilitó unas cuantas escenas llamativas, así que no tenemos motivos para quejarnos.

En definitiva, no ha sido un mal capítulo, pero confío en que el asunto mejore durante las próximas semanas, porque por ahora la sexta no está dando demasiadas muestras de brillantez, y mucho menos de distinción.

Simplemente, teniendo en cuenta que ya sumábamos dos semanas malviviendo sin mercancía fresca, el material no ha sido para tanto, pero por lo menos ha servido para aplacar nuestro mono. Como podéis ver, tal es mi dependencia a la serie que me estoy refiriendo a ella en un argot propio de Charlie Pace en horas bajas… lo cual me demuestra que ha llegado el momento de cerrar.


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