Review House: Ignorance is Bliss

Review House 6x09

La semana pasada, por razones de causa mayor, me fue imposible efectuar una review del capítulo 6×08. Y es algo que nunca me perdonaré. Para compensarlo, diré que Teamwork me permitió sentirme orgulloso por primera vez de mi cargo como estandarte de House en TodoSeries, y creo que es innegable que fue uno de los grandes. Ignorance is Bliss ha bajado unas décimas el listón, pero igualmente ha sido un episodio muy digno. Excluyendo a la premiere, a la que hay que dar de comer aparte, diría que han sido los mejores episodios de lo que llevamos de temporada. ¡Oh! ¿Así que no estás de acuerdo? Pues te guste o no, a continuación tienes mi dictamen. El tuyo tiene reservada una plaza de honor en la zona de los comentarios.

A diferencia de Teamwork, un capítulo marcado por sus diálogos deontológicos y alguna que otra escena rebosante de connotaciones existenciales, Ignorance is Bliss ha versado sobre temas más modestos: engaños y arrepentimiento. De lo primero se encarga Cuddy y Taub, mientras que lo segundo recae en las manos de House, Chase y, de nuevo, Cuddy.

Siguiendo con las comparaciones (de algún modo tengo que subsanar la ausencia de review del 6×08): por la consulta de House han desfilado profesores, niños milagrosos, bomberos, ilusionistas, pintores… y un etcétera kilométrico, pero creo que en Teamwork lo hizo por primera vez un actor porno. Y disculpad mi grotesco lenguaje, pero he dedicado varios minutos a buscar un término más refinado para referirme a la profesión del paciente, sin ningún resultado positivo. Y en Ignorance is Bliss, que es a donde quería llegar, también nos hemos topado con un doliente decididamente pintoresco: un superdotado que mezcla jarabe para la tos con alcohol para empobrecer su coeficiente intelectual y rebajarse a la altura mental de la tontaina de su esposa. Y si además mencionamos que el paciente tiene bazos accesorios, asciende inmediatamente de pintoresco a amazing.

Mis 16 bazos y yoMis 16 bazos y yo

En fin… el caso es que el equipo hace alguna que otra floritura propia de su oficio con un tal TTP, que simula que no es pero en el fondo sí es, escucha al paciente hacer varios comentarios incoherentes (esas cajas no van a repartir colores), House recibe una de sus iluminaciones espontaneas y… voilà! Sidas sobrevive. Era de esperar. Lo que quizá no fue tan predecible es que el doctor cojo no tratase de persuadirle para que renunciara a su afición por las mezclas. Aunque, como veremos unas cuantas líneas más abajo, Gregory tiene entre manos asuntos más relevantes por los que preocuparse.

Hace un par de semanas algunos comentabais que uno de los aciertos más recientes de la serie había sido conceder una mayor relevancia a la vida personal de los personajes principales frente al paciente y el caso médico. Si se me permite hacer un humilde apunte, pienso que lo ideal estribaría en encontrar un término medio entre ambos extremos, como se ha dado en estos dos últimos capítulos.

Otro punto que arrastramos del episodio anterior y que me gustaría comentar es el cada vez más evidente modelo cíclico que los guionistas están aplicando esta temporada para rotar a los miembros del equipo, casi se podría decir que por turnos, y que no me convence. Aporta dinamismo, pero resta estabilidad. Aun con todo, House está ahora al frente de una nueva alineación, y nos guste o no esto debe aceptarse como un elemento novedoso: Foreman, Chase, Trece y Taub.

Dicho todo lo que había que decir sobre el paciente, olvidémonos del terreno médico y pasemos a abordar el personal, bastante sustancioso. Para empezar, Trece y Taub se someten recíprocamente a un sondeo que, más que para averiguar por qué motivo ha vuelto cada uno al equipo, tiene por objetivo confirmar que han hecho lo correcto al aceptar la oferta de House. Ambos se muestran inseguros durante los primeros minutos, pero no tardan demasiado en adaptarse a la vuelta a la rutina, que a las órdenes de House en realidad no es tan rutinaria, y la ausencia que acumulaban desde Epic Fail no tarda en quedar atrás.

Por otro lado, tras el huracán Foreman durante los primeros episodios de la temporada, el lugarteniente de House se ha deslizado a un tímido segundo plano. Lo cierto es que Foreman y Trece han tenido muchos menos roces de los que esperaba, y una participación aún menor. Y en parte, es comprensible: un personaje depende tanto del otro que, estando su relación en un punto muerto, apenas disponen de material personal.

Cambiando de tema: aunque la conexión es demasiado superflua, el último inquilino del Princeton está consagrado a Chase, que sufre las secuelas del abandono de Cameron (aun tengo grabada a fuego su enorme escena de despedida). Foreman tiene una sesión de bla, bla, bla con él, Trece le recomienda un terapeuta, y Taub intenta rellenar el vació que ha dejado Cameron haciendo que Chase rellene el que dejó Kutner. Muy enrevesado, sí. Uno por uno, Chase declina el apoyo de sus compañeros y les despacha pacientemente, hasta que al final es House quien incide en su ruptura, en esta ocasión con un desenlace considerablemente más trágico:

La reacción de Chase. ¿O era un otomano?La reacción de Chase. ¿O era un otomano?

Distan muchos capítulos de aquel Chase orgulloso y egocéntrico que conocimos durante las primeras temporadas, y que se derretía en veneración hacia su desagradecido jefe. El haber alcanzado un punto de estabilidad en su borrascosa relación con Cameron había aliviado el narcisismo que antes imperaba en su personalidad, pero ahora que el idílico matrimonio ha llegado a su fin será muy interesante ver hacia qué derroteros se mueve el personaje sin su media naranja.

Y así llegamos al entramado ilustre de Ignorance is Bliss: el triángulo amoroso House-Cuddy-Lucas, que se resume a una sucesión de ejercicios mediante los cuales House persigue ser invitado a la cena de acción de gracias que se celebrará en casa de la hermana de Cuddy. Para empezar, acepta un caso presumiblemente fácil con el fin de impresionar a su jefa. Y cuando esto falla, intenta corromper a Wilson para que le ayude a adquirir la dirección y, de paso, financie moralmente sus pérfidas maquinaciones. Ante el rechazo de su amigo, el doctor opta por telefonear a todas las Julia Cuddy en un radio de 100 kilómetros. Y para terminar, ya como último recurso, se resigna a pasar consulta, conquistando por fin una invitación de la directora del hospital.

House con sus mejores galasHouse con sus mejores galas

Pero no es oro todo lo que reluce, y la dirección que Cuddy le ofrece le lleva directamente a una trampa: en lugar de la predecible familia reunida festejando, se encuentra con un sándwich de pavo esperándole en una casa vacía. Y la directora del hospital, a pesar de que más tarde se arrepentirá de ello, no puede evitar sentirse culpable. Pero la directora no es la única que se arrepiente: House se presenta borracho en la vivienda de Lucas, y expone, entre otras cosas, un ensayado recital sobre las 832 oportunidades que Cuddy le brindó durante todos aquellos años y que él desaprovechó. Eso sí, con muchas consonantes.

Brillante Greg YaitanesBrillante Greg Yaitanes

Pero en último término, todo resulta ser parte de la artimaña de House para sabotear a la feliz pareja, y aparentemente triunfa en su empeño. Aparentemente, que en esta serie siempre es un término de doble filo. Y el doctor cojo, que tan solo va un paso por detrás de los espectadores, no tarda en realizar la prueba del algodón y verificar que Lucas y Cuddy han contraatacado con otro hábil ardid.

Al final, la maniobra de House solo ha conseguido reforzar la relación de la directora y el detective. Y él mismo se recuerda, con Wilson como testigo, que aquel boicot solo podría desembocar en dos posibilidades: separar a la pareja o mantenerla unida. ¿Será fiel a su palabra, y esperará a que la ruptura llegue por sí sola? Por lo pronto, su plan B consistirá… en no hacer nada. Quién sabe, quizá Lucas tenga razón, y a lo mejor House no es tan malo después de todo.

Para terminar, quisiera comentar que muy a menudo tengo la ligera y chirriante impresión de que el personaje de Hugh Laurie se les está yendo de las manos a los responsables de la serie. Por mucho que naciese como un personaje complejo, si tras más de 5 temporadas no muestra evidencias de estar dispuesto a evolucionar, pasa a ser uno plano. Y es que cada vez que los guionistas se arriesgan a manifestar en él algún rasgo de humanidad, no tardan en recular y remendar esta caracterización. Y es cierto que la personalidad de Gregory House es probablemente el principal encanto y aliciente del que dispone la serie, pero no puedo evitar sentir que uno de los mejores personajes que la televisión ha parido en los últimos años se está echando a perder. A ver a dónde va a parar este asunto en futuros episodios…


Categorías: Sin categoría
¡Únete a nuestra comunidad!

Déjanos tu comentario »