Review Homeland: Like Bad at Things/Active Measures

El cuarto episodio de esta temporada ha sido hasta ahora el más potente de todos, donde el ritmo y la tensión van de la mano y las secuencias y planos se suceden a una velocidad de vértigo tal que consiguen que nos comamos la pantalla. El capítulo comienza con las sirenas sonando, un recurso de audio que funciona a la perfección cuando está bien hecho, y que enciende nuestras alarmas para anticiparnos que ese mundo de allí es peligroso, un lugar donde todo lo malo puede ocurrir.

La Presidenta Keane ha logrado sacar la cabeza del pozo en el que se encontraba su popularidad al saltar a los noticieros la orden de bombardear los suministros de armas en Siria. Una popularidad conseguida gracias a la artimaña de Wellington suplantándola y haciendo creer al General que era ella quien había ordenado los bombardeos. Y ante esa situación tan favorable ¿alguien puede imaginar que la muy noble Presidenta iba a tirar de la manta poniendo en evidencia a su Jefe de Gabinete y denunciando su suplantación?

El problema con esto es que los humanos disponemos de un sentimiento tan arraigado en nosotros mismos que nos sirve para alcanzar los mayores objetivos, pero también para atenazar y coartar nuestra capacidad de decisión. Y si hay algo que transpira por lo poros de Keane es precisamente esto: el orgullo.

Comentaba en la review del tercer episodio que la situación de calma en Lucasville era el estado que suelen tener las cosas antes de la gran tempestad. Y en éste capítulo eso es lo que ocurre. Dirigido por Alex Graves (Game of Thrones) está tan bien gestionado en su realización que apenas mantenemos el aliento a sabiendas que esos primeros contratiempos, que se inician con el derribo del dron del FBI por el disparo de uno de los rebeldes, serán el camino que nos conduzca al escenario final de la tragedia.

La conocida como Espiral de violencia es aquí incontrolable y un hecho fortuito genera un desastre, y a éste le reemplaza otro mayor, y otro…Con una excusa, que podríamos calificar “algo forzadilla”, el perro de J.J. se escapa, éste le persigue, se topa con los francotiradores del FBI quienes matan al perro, el chaval indignado se dirige amenazante hacia ellos y le abaten de un disparo. Mientras, los rebeldes fuera de sí con éste hecho, apresan a uno de los agentes del FBI y lo toman como rehén.

De nada le sirve a Saul encargar una unidad médica que traslade a J.J. a un hospital. Nada vale y todo es un desastre. ¿Y qué dice el refrán para casos así? “A río revuelto…” Y allí están ellos, “los pescadores” llevándose su beneficio: una foto hecha con el móvil por un tipo intrigante, quien aprovecha que el equipo médico ha salido ya del box de urgencias para hacerla y subirla a las redes, lo que no sólo mostraría la muerte del joven, sino que todo apunta a que éste fue abandonado en la camilla hasta desangrarse. Cuando el padre de J.J. ve las noticias en la televisión mata de un tiro en la cabeza al policía del FBI secuestrado. Acción-Reacción, otro binomio dentro de esa fatídica espiral y puesto aquí al servicio de retorcidas intenciones.

Un final trágico y una crítica feroz a cómo se desarrollan y elaboran las noticias hoy en día, donde la inmediatez puede más que la constatación de los hechos y donde las RRSS, con sus miles y miles de mensajes, toman los móviles y los telediarios con más credibilidad que cualquier teletipo de agencia, editorial o portadas de periódicos con noticias más contrastadas.
Este desenlace ya nos anticipa algo más tratado en el siguiente capítulo y que tiene mucho que ver con ese universo de las fake news donde cuanto más extrema y radical sea la noticia, más impacto tendrá y mejor servirá a los oscuros intereses de los canallas.

¿Pero quién o quienes son esos canallas?

Esta es la pregunta que nos queda al finalizar el capítulo. Ahora ya tenemos claro que existe en las sombras un grupo desestabilizador cuyo único fin es acabar pero…¿con quién? o lo que es peor ¿con qué? Dudas, sospechas, elucubraciones…Wellington tiene una amante. Ella sacó dinero en distintos cash-services cercanos a la prisión donde asesinaron al General. Wellington podría estar detrás de todo pero ¿de verdad le vemos a él haciendo ese papel? ¿o es sólo el tonto-útil al que utiliza una organización secreta y poderosa?

Y llegamos al 5º episodio

De nuevo agradezco enormemente la capacidad de los guionistas de Homeland para sacarnos de la ficción más estándar y meternos en la rabiosa realidad. Una realidad que tiene que ver con esa proliferación de la noticias falsas lanzadas al ciberespacio con el único fin de empañar biografías y desestabilizar gobiernos de cualquier tipo siempre y cuando vayan en contra de los oscuros intereses de determinado grupo, determinadas políticas y determinado país.

Y averiguar quién filtró la foto del joven J.J. será la principal misión de Saul. Una investigación que comienza con unas primeras sospechas que apuntan en una dirección clara y a un país concreto: Rusia.
Con O´Keefe apresado y detenido en unas estancias “secretas”, estas pesquisas comienzan con el renacimiento de nuestro querido amigo –yo le echaba de menos, os lo aseguro– Ivan Krupin, aquél agente ruso de la 5ª temporada que embaucó a la agente de la CIA, y amiga de Saul, Allison Carr.

Como suele ocurrir en esos mundos del espionaje quien era tu enemigo, ahora se encuentra protegido con identidad falsa por ti. Así que Saul se desplaza hasta su lujosa residencia, que lo esconde de miradas indiscretas gracias a las montañas y bosques que lo rodean, y le pregunta lo que nos preguntamos todos: ¿quién está detrás de la noticia falsa sobre el joven muerto en Lucasville?
En un largo paseo junto al río, Ivan no suelta prenda y pese a haberse beneficiado de la “generosidad” de los Estados Unidos, él sigue siendo ruso, no lo olvidemos. Y eso pesa mucho para algunos.
Con tal de vencer su resistencia, Saul le recuerda los hechos dramáticos de Ucrania donde una falsa noticia atribuyó a los separatistas ucranianos el haber crucificado a un niño por ser pro-ruso. Un hecho estremecedor que fue falso, pero que la prensa rusa, y alguna occidental, convirtieron en real durante la crisis entre Rusia y Ucrania durante el 2014.

En su conversación Saul se interesa por un tal Gromov a quién se le atribuye toda la batería de noticias falsas de aquellos meses. Si Ivan le dice que cómo un sólo hombre va a poder hundir un país, tomándose la sospecha de Saul como si fuera un chiste, lo cierto es que nosotros ya sabemos que sí es posible. Un solo hombre sí, pero todo un ejercito de expertos informáticos trabajando para él.
Para evadirse, Ivan le cuenta a Saul el hecho histórico de por qué ese río de aguas bravas se llama “Serpiente”. Una metáfora que apunta a una sencilla confusión que ha perdurado a lo largo de la historia: colonos americanos preguntan a una tribu india como se llama el río, estos, como no saben hablar su idioma, serpentean con la mano y los colonos interpretan “serpiente” cuando en realidad los indios querían decir “peces”.

A veces una crisis interna es sólo una crisis interna.
(Ivan Krupin)

O sea, que a partir de un error de interpretación, las cosas son ahora distintas a como tenían que ser. No sé a vosotros, pero éste recurso me parece una auténtica genialidad de los guionistas que, aplicado a los tiempos actuales, nos hace reflexionar sobre si no nos estamos volviendo muy paranoicos con esto de las fake news y si esto no sirve de excusa para que algunos gobiernos occidentales extremen las medidas contra la libertad de comunicación. Lo del famoso refrán, vamos: “A río revuelto…”

Hay un hecho en éste episodio que actúa como una especie compensación y que pone de manifiesto que no todo es malo, ni todo está tan mal: Los indignados de Lucasville deciden celebrar un funeral multitudinario en honor a J.J. y a los demás abatidos en la revuelta con el fin de expresar su rabia y su oposición al gobierno federal y a su Presidenta.

La Keanee más resuelta se vuelve a activar y en una decisión inaudita visita a la viuda del agente del FBI asesinado por el padre del joven y le pide que ella acuda también al funeral donde se debería honrar la memoria no sólo de los caídos rebeldes, sino también de los policías que perdieron la vida en el enfrentamiento.

Dicho y hecho, venciendo su propia resistencia inicial la viuda decidir acudir al acto y cuando es recibida con hostilidad por los presentes allí, es la madre de J.J. la que se levanta de su asiento y con el dolor reflejado en su cara le ofrece uno a su lado considerándola una víctima más. Y lo mejor, que todo el país ha podido ver ese momentazo en los informativos.
Para los que puedan acusar a esta escena de “pastelosa” yo les recomendaría leer cómo se desactivaron en el mundo determinados conflictos, aparentemente sin solución, sólo con un simple gesto de concordia y respeto por el prójimo. Es un hecho que la solidaridad entre los que sufren une más que el odio que se tenían previo a la tragedia.

Un discurso conciliador dirigido a la nación por parte de la Presidenta Keane en un tono dulce y evocando valores universales cierra esta trama del capítulo.

Y vamos con Carrie…

…quien metida de nuevo en la actividad más frenética –cosa que siempre agradecemos–, su objetivo inmediato ahora es seguir investigando al tándem de amantes Wellington-Simone. Una misión que necesita más recursos y un equipo mayor que el ahora formado por ella y sus amigos Dante y Max.
Una llamada aquí, una visita allá, y Carrie logra reunir a un grupo de antiguos colaboradores, militares desahuciados la mayoría, para montar todo el operativo de seguimiento a la misteriosa mujer.

Apostados frente al edificio donde trabaja Simone, esperan que salgan todos y cuando sólo queda ella deciden entrar los exmilitares quienes interpretando a delincuentes comunes la amenazan dándola un fuerte puñetazo en el estómago para que les consiga cien mil dólares. Una excusa, un cebo para seguir a la mujer hasta quien está detrás de todo, o lo que es lo mismo: hasta aquél o aquellos que tiene el dinero para financiar la desestabilización del país. Porque mientras ella se recupera del golpe, uno de los hombres la coloca un micro en su bolso.

Cómo se nota que los guionistas tienen control absoluto sobre las tramas de investigación y espionaje, porque en un giro inesperado la mujer pide un taxi (el fuerte golpe en el estómago la dejó sin respiración, no lo olvidemos), pero la llamada es interceptada por Max haciéndose pasar por un responsable de la compañía de taxis. Mareando la perdiz la va dando largas hasta que la mujer decide irse a un bar cercano.

¡Qué raro! El micro no funciona y tanto Carrie como Dante, que esperan ansiosos en la furgoneta que la monitorea a que ella haga una llamada, no pueden escucharla porque uno de los hombres del comando que está en el bar les dice que la mujer se ha metido al cuarto de baño y puede que allí no haya cobertura. ¿Solución? La Carrie más decidida entra en el bar y va directa a los baños para encontrarse con ella.

Fingiendo estar bebida, le mete en su bolso un bolígrafo-micrófono y se marcha. Max llama a la mujer excusándose por no haberla podido enviar el taxi y la mujer llama a un Uber.
Fácil ¿verdad? Pero de nuevo otro giro prodigioso nos enseña que ese micro tampoco funciona. Max lo rastrea y su sorpresa y la de todos, es cuando escuchan una voz que corresponde al conductor del Uber. La deducción más lógica es que la mujer se ha dejado el bolso en el vehículo, pero no, eso hubiera sido demasiado sencillo. Lo que ocurre es que ella ha sido más lista que todos. Les ha engañado y se ha burlado de ellos y ahora no tienen nada, absolutamente nada.

Carrie manda retirarse a su operativo de vigilancia y se reúne con Max en la furgoneta donde les espera –y nos espera– una sorpresa de campeonato. A través de las cámaras instaladas por Max en el apartamento de Wellington la ven llegar, la ven cómo en una actitud muy extraña, como si no pasase nada, como si fuese un día cualquiera, después de todo lo que le ha pasado, la ven cómo se abraza a él y cómo le besa buscando sexo descaradamente.
¿Y esto? Pues esto es precisamente lo que se preguntan Carrie y Max, y esto mismo nos preguntamos todos, y la respuesta no puede ser más clara: Simone está tan involucrada en la conspiración que se sobrepone a lo sufrido en el asalto porque su meta y objetivos están por encima de cualquier percance o sufrimiento personal.

Con estos dos fantásticos episodios, Homeland nos demuestra que ya ha cogido la velocidad de crucero donde los giros y las sorpresas, en una trama enmarañada con maestría, nos acompañarán en esta temporada.

Nota del autor
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6 comentarios

    • Muchas gracias! Nada, no hay manera. Me dejo llevar por la pasión en el tocho y se me cuela el título de una peli: “La La…Las” 🙂

  1. marcoupsilon

    Increíble 4to episodio, de lo mejor que he visto este año en cuanto a series, gracias a este episodio es que doy gracias aun no haber abandonado Homeland, y para rematar el 5to episodio que tiene aroma a la 1era temporada, algo lento pero muy bueno, creo que Homeland sigue manteniendo su palabra de elaborar tramas muy jugosas, muy buena reseña por cierto

    • Coincido totalmente contigo. Estos dos episodios son un lujazo en todos los aspectos: guión, dirección, actuaciones…Y es cierto que el 5º nos retrotrae al Homeland más puro. Confío en que no baje la calidad ni la intensidad en los siguientes.

      Muchas gracias por comentar!

    • Muchas gracias Gabriel!. Pronto haré la del 6º y 7º que me han parecido espectaculares. A ver si me deslío un poco y logro ponerme al día e ir a la par con la emisión de los episodios.

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