Review HIMYM: Who Wants to Be a Godparent?

Me siento a escribir esta review de How I met your mother como quien se sienta en el diván de su psicólogo de cabecera, suponiendo que los psicólogos mantengan el estereotipo del diván y que exista el concepto de cabecera aplicado a ellos. Me tumbo y me psicoanalizo pensando en qué hemos fallado, si ha sido ella o he sido yo, como si se tratase de una canción de Pimpinela. Y todo esto porque los capítulos como Who Wants to Be a Godparent? me colocan ante un dilema existencial: ¿es suficiente con cumplir la cuota mínima de risas, o debe HIMYM dar ese plus que ha sido su seña de identidad durante años? Y hay más: ¿por qué HIMYM es la serie que más juicios de valor recibe? ¿No deberíamos contentarnos con las risas y ya está? ¿Por qué encendemos antorchas y pedimos madres, guiños y episodios perfectos cada semana?

Who Wants to Be a Godparent? no es un mal capítulo… del todo. Tiene gags buenos, no lo negaré, pero se le ven las costuras de una manera que pocas veces es habitual en HIMYM. El episodio empieza prometedor: Lily y Marshall han colocado a Marvin con el abuelo Mickey y por tanto están listos para retomar lo que siempre ha sido el corazón de la serie: cinco amigos, McLaren’s y unas cervezas. Pero las cosas no son tan sencillas, porque lo que de verdad necesitan Padmallow es algo de tiempo para ellos mismos. Salen a la calle, pasean… y casi mueren atropellados. Motivo suficiente para que se planteen la opción de escoger un tutor que ejerza de responsable legal de su hijo en caso de que algo fatal les sucediera. Sinceramente, es un poco pobre lo del taxi. No digo que no sea realista, que tampoco, pero eso da lo mismo; la gracia hubiese sido algo más rocambolesco, más enrevesado, más howimet. Eso es lo que me falla del capítulo (y de gran parte de la temporada, y de buena parte de algunas de las anteriores), junto a detalles como que Barney y Robin entren en el juego de querer hacerse cargo de algo tan serio como un hijo ajeno. Aunque bueno… eso me puede quedar justificado argumentando que el afán competitivo que se establece entre los tres candidatos a padrino puede más que la intención real de querer asumir las responsabilidades del puesto. Pero ya me entendéis, lo normal es que solamente Ted quisiese optar al cargo.

En realidad la cosa no pasa más que por ser una excusa para que, mediante flashforwards imaginarios, podamos ver cómo se desenvolverían los tres candidatos a padrino en algunas situaciones que la ruleta del concurso Who Wants to Be a Godparent? propone. A saber: cómo comunicar la muerte de Lily y Marshall, cómo imponer disciplina y cómo hablar de sexo. Las situaciones propuestas contienen algún buen gag, y otros más bien pobres, como Barney yendo a Amsterdam con su ahijado. De entre los buenos, me quedo sin duda con el profesor Infosaurus rapeando, con la silla canadiense que Robin pone en sus fantasías (así como con su explicación de “papá y mamá han muerto”, sencillamente genial…) y sobre todo con el propio Marvin animando a un Ted que, de nuevo, llora porque “pensaba que ella era The One“… ¡buenísimo! Lo mejor, sin embargo, es que para el final del capítulo tenemos deshecha otra madeja: se resuelve la situación del 8 or higher, aquella norma impuesta por Lily en la que nadie podía exponer un problema a los nuevos padres a menos que tuviera un nivel de gravedad de al menos ocho sobre diez. Por tanto, en dos episodios hemos cortado dos de las cadenas que aprisionaban a Lily y Marshall, y es de suponer que a partir de ahora los tendremos más disponibles.

En resumen: capítulo ni pa ti ni pa mí. Nadie recordará a Who Wants to Be a Godparent? si no es por la ruleta, porque sus gags no dejarán demasiada herencia. Me ha gustado conocer al profesor Infosaurus, me ha gustado ver el teléfono de Barney para las booty call (llamadas de polvo de emergencia), y me ha gustado saber que el grupo va camino de volver a las andadas: con la pequeña independencia que Padmallow va consiguiendo respecto a su retoño, pero también con el inminente Autumn of Break-Ups que se avecina, regresaremos a la fórmula de una pareja + tres solteros. Curioso: parece que pedimos a gritos evitar la evolución de los personajes, pero es obvio que el mejor Barney es el soltero y que lo de Ted pierde el sentido en cuanto sabemos, como ahora, que la chica con la que está no es la madre.

Y antes de acabar:

  • El papel de Victoria… ¿puede ser más pobre? Sí, puede ser más pobre, pero entonces no sería Victoria sino Nick
  • Bravo por ese guiño a Los Vengadores que es Robin vestida de motera: ¡Maria Hill en estado puro!
  • Volvemos a romper la cuarta pared: mal, muy mal, cuando la rompe Marshall mirando a cámara para recomendarnos unos consejos publicitarios; y bien, mucho mejor, cuando es Ted quien lanza indirectas sobre su condición de mejor amigo…
  • Barney Stinson banging anything less than a 8? That’s like a 15!Grande
  • Bravo por el gag de continuidad de Marshall inventando juegos, aunque ninguno como el Marshgammon de la primera temporada. Por cierto, me parece bastante evidente que imita a algún presentador cuando lee las preguntas, ¿alguna idea de quién puede ser?
  • ¿Soy yo o Marcus, el hermano de Marshall, estaba viviendo hasta hace poco en casa de su madre, solterísimo y sin descendencia?

MVP de la semana: una imagen vale más que mil palabras…

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2.5
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