Review HIMYM: Unfinished

Review HIMYM: Unfinished

La Teoría del Péndulo de TS (véase la entradilla de la review del 6×02 para más señas) sigue en plena forma, estimados mothers (ahora a los que leáis las reviews os llamaré así, ea…) Una semana más, y van muchas, la doble D no se pone de acuerdo a la hora de valorar un capítulo de . Si hace unos días era yo el que rajaba del episodio de turno y David el que hablaba maravillas, hoy me toca a mí aplaudir y a Martínez abuchear a Unfinished. Pensaréis que menudos críticos que estamos hechos, que ni nos ponemos de acuerdo en algo tan básico como decir si un episodio es bueno o malo, pero… ¿y lo bonita que es la diversidad de opiniones?

Chicos, en mis primeros días como profesor, tenía un simple objetivo: dar una clase que cambiara la vida de alguien. Una tarde del 2010 alcancé esa meta…

Welcome back, primeras temporadas de HIMYM. Bienvenidos de nuevo esos capítulos redondos, donde la trama divertida y caótica se junta con una idea de fondo mucho más seria y aleccionadora, donde todos los personajes pueden beber de la fuente sagrada de los guionistas (que vale, que unos tendrán mejores gags que los otros, pero al menos compartimos minutos, que tiene su gracia), donde Ted es el motor de la serie, donde Barney es, perdón por la confianza, un cabroncete genial, donde Marhsall, bendito Marshall, recupera ese indescriptible sombrero, donde Robin es débil y agresiva a la vez, donde Lily se vuelve a vestir de sargento (Where's the poop, Robin?!)

Con esa frase pronunciada por Ted y que abre el episodio nos metemos de lleno en la idea de fondo, la seria: que las cosas importantes de la vida, léase los sueños, no se pueden dejar inacabadas. Sólo si te atropella un bus (¡era un tranvía!) tienes derecho a abandonar, pero si logras esquivarlo y sigues con vida, tus sueños se merecen lo mejor. Y no hace falta que sean Sueños, así en mayúsculas. Puede ser algo tan sencillo como apuntarse a karate, o como tocar en un grupillo de aficionados. O algo tan básico e imprescindible a la vez como saber colocar a una persona, léase un ex, en su sitio. De eso va el capítulo, de cosas inacabadas.

A la serie le sienta muy bien un episodio así de vez en cuando. Es como un alto en el camino que nos recoloca en la historia principal (porque no dudéis que esa clase de Gaudí a quien le cambia la vida es a Ted) y que nos brinda eso que HIMYM sabe hacer tan bien: servir grandes moralejas sin el relativamente habitual edulcoramiento que se gastan la gran mayoría de comedias.

Y después de Dalí, GaudíY después de Dalí, Gaudí

Vale, Dani, muy bien, el capítulo es redondo, ¿y a mí qué? ¡Quiero reírme! ¡Jarl! ¿Y no te has reído con estas frases? Para mí, magia pura…

  • Barney: Call me “old fashioned”, pero necesito acostarme al menos tres veces con una chica para al menos plantearme cenar con ella
  • Barney: Ted… admiro tu lealtad… llevas ese pelo desde siempre, sin importarte que esté pasado de moda o que haya sido adoptado por la comunidad lésbica… ¡por Ted!
  • Ted: Y sí, este chaleco es nuevo, gracias por daros cuenta… ah, no, espera, que no lo habéis notado, ¡Barney lo ha notado!
  • Robin: Ooooh, Ted… te vas a abrir de patas tan claramente y vas a diseñar ese edificio…

Y más: todas las tácticas que Barney aplica sobre Ted (lamentarse por sus cualidades, establecer un cansino contacto visual, ¡tocarle!) son geniales; el grupo de funk-bogados de Marshall es delirante; y el hecho de que se ofrezca a hacer de wingman de Barney no para conquistar a una chica sino para conquistar a Ted es… ¡pura magia una vez más!

Respecto a las tramas, me ha gustado especialmente la actitud de Barney durante el capítulo, convencido de su victoria. Barney (casi) siempre gana, y aunque no me suelen gustar los personajes infalibles… en su caso siempre hago una excepción. Por otro lado, Don me empieza a sobrar bastante (¡y eso que el pobre no sale!), así que espero sinceramente que esta vez el adiós de Robin haya sido definitivo. Marshall ha estado genial: funk, sombrero, Star Wars… cuando no está encerrado en tramas de pareja, el señor Eriksen es el amo. ¿Y Lily? Pues sigue de farolillo rojo…

It sucks!It sucks!

Un último apunte. Barney confiesa que su lista de mujeres ya llega a las 236 (wow… respect!), lo que nos depara las siguientes cuentas: si en Right place, right time llegó a la deseada marca de las 200, y si asumimos que los capítulos de la serie se emiten a tiempo real, eso significa que entre mayo de 2009 y octubre de 2010 el rubio ha logrado 36 nuevas conquistas, una media de dos al mes, lo que no está mal para un ser humano estándar, pero en el caso de Barney… ¿no sabe a poco? Por cierto: ¿estará Rachel en la lista, o lo estará en breve?

Cerramos con la conclusión de Ted:

Gaudí, hay que reconocerlo, nunca abandonó su sueño, pero no así como suele ser. Quiero decir, normalmente no es un autobús lo que evita que la iglesia marrón, puntiaguda y rara sea construida. Generalmente es porque es demasiado difícil, o demasiado caro, o asusta demasiado. Y sólo cuando has parado te das cuenta de lo difícil que va a ser volver a empezar, así que te fuerzas a ti mismo a no quererlo. Pero siempre está ahí. Y hasta que lo termines, siempre estará…

Unfinished. Amen

Funk!Funk!

PD: si pensabas que ibas a acabar de leer la review sin ninguna referencia al paralelismo (¿?) entre el avioncito de Ted y el avioncito de Kate… bad move!


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