Review HIMYM: The Stamp Tramp

How I met your mother ha buscado en más de una ocasión el abracadabra de una manera muy concreta: enseñándonos el final para sorprendernos por el camino. Es muy habitual oír de boca del Future Ted la frase “but we’ll get to that later“; de hecho, el propio (y presunto) motor de la serie es un gran but we’ll get to that later, aunque en este caso nos falta la resolución última, que es la cara y cuerpo de la cacareada madre. Dicho de otra manera: HIMYM no tiene reparos en contarnos el qué para jugar con el cómo, y lo hace sobre todo en las tramas románticas. El paradigma ha sido este arranque de temporada: sabíamos desde el minuto uno las fechas de caducidad de las parejas Quinn-Barney, Victoria-Ted y Robin-Nick. Sucede que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y en ninguno de los tres casos los guionistas han sabido sacar la chispa necesaria para conquistarnos. Todo esto para deciros que The Stamp Tramp ha cambiado la fórmula, ha buscado la sorpresa pura y dura con la trama de Brad, y lo ha logrado, al menos en mi opinión; también hemos rescatado la idea de lanzar un tópico y presentarlo ante el grupo, buscando reacciones. En este caso, la teoría de los stamps, o sellos de calidad, que dice que cada uno le otorga su aprobación a las cosas… y esa aprobación vale o no vale para los demás según seas riguroso o no con los sellos. Una teoría muy cierta, un capítulo muy bueno y una sonrisa en la cara para todos, ¿comentamos The Stamp Tramp?

Un capítulo equilibrado en el reparto de minutos, y de un ritmo mucho más rápido que el arrastrado Splitsville. Marshall se lleva buena parte de mis aplausos, junto con Brad, por esa trama legal en la que el amigo demuestra no serlo tanto: ¡menuda picaresca la del personaje de Joe Manganiello! Al dúo se ha sumado el jefecillo Honeywell, un tipo tan loco como su socio Garrison Cootes (al que da vida Martin Short y que todavía no hemos visto en la octava). Muy fan de su obsesión por medir 1’95… y de la cara que pone Marshall cuando le obliga a medirse a su lado. Lo cierto es que Marshall mete la pata hasta fondo, algo que se veía venir dado el lamentable estado de Brad cuando se cruzan. Claro que precisamente por eso apura Brad, porque sabe que su amigo es un reparte-sellos de primera… Me ha encantado el momento fantasma de Marshall: ¡por fin sabe lo que sentía su ídolo Patrick Swayze en Ghost!

Paralelamente, Lily y Ted han sido los más aferrados a la teoría de los stamps, con el arquitecto emperrado en quitarse esa etiqueta de no ser capaz de generar tendencias. Paréntesis: cada poco tiempo suelo oír o leer algún comentario tachando a Ted de ser el peor protagonista de una serie. Bien, pues dejando de lado que esa corona es, indudablemente y por los siglos de los siglos, para Carrie Bradshaw, yo tengo que romper una y mil lanzas en favor de Teddy Westside. Es un personaje genial, y casi siempre tiene algo que me hace reír mucho. En esta ocasión… le pega taaaanto, pero tanto, el ser tan deliciosamente pretencioso como para no descubrir nada que guste al resto; de ahí el ejemplo del otorrinolaringólogo que pone Robin. Paréntesis cerrado. La pasión de Ted por mantener a Dr. X en el anonimato ha sido más débil que sus ganas de colgarse la medalla por haber descubierto a Dishwalla; finalmente, y gracias a una cinta de VHS, se ha quedado sin una cosa o la otra, porque a los Dishwalla los descubre Lily. Qué filón esas cintas de la universidad… qué filón, de hecho, todo lo que tiene que ver con la época universitaria de Lily, Ted y Marshall. Sobre todo porque si este Ted les parece tonto a muchos, de aquél ya ni te cuento… Por lo demás, la trama de los stamps me ha hecho pensar en ese amigo (o amiga) que siempre, constantemente, pone Me gusta en Facebook: ¡qué poco valor tiene ese pulgar arriba!

Y, por último, Robarney. Porque ya casi son uno, Robin y Barney. Y no lo digo solamente por el beso final, sino porque la química que desprenden juntos funciona. Ojo, para mí tiene más sentido como química de amigos que como química de pareja, pero aún así les reconozco los encajes. Su parte del episodio ha consistido básicamente en juegos de palabras con los nombres de los clubs de striptease: me quedo con el Beaver Dam, que finalmente resulta no serlo. Eso sí, cuando Barney descubre que Robin elige el Golden Oldies intencionadamente yo pensaba que se trataba de un boicot de la canadiense para que el rubito no pisara más ese tipo de locales… sí, me esperaba un retorno de la confesión que vimos por parte de él en el anterior episodio; un paso adelante, vamos. Pero no, el motivo era puramente lucrativo y de momento tendremos que esperar alguna semana más para conseguir reunir a Robarney.

Episodio que remonta el vuelo, no sé si el mejor de lo que llevamos de temporada pero desde luego el más divertido de noviembre. No hace falta darle vueltas a las parejas o a la sacrosanta mother para hacer buen How I met, y creo que este The Stamp Tramp es la prueba. Por cierto: cerramos, cómo no, con un but we’ll get to that que nos da a entender que Marshall ganará el caso contra Brad. Marshall en pleno juicio, ¡mola! Curioso que no lo hayamos visto aún…

Y antes de acabar…

  • Bravo por la ya recurrente broma de LeBron, esa manera de hundir un poquito a Ted y al estado de Ohio en general. Broma recalcada además en este capítulo en especial porque la trama de Barney es bastante paralela a la salida del jugador de los Cavs
  • Bravo también por otra broma recurrente que ha vuelto: Marshall y su monólogo sobre peces. Nunca he entendido ni una sola de las bromas que hace cuando lo recita, pero me hace mucha gracia que lo saque como recurso para captar la atención cuando está claro que es… bastante malo, digamos
  • El doble sello de aprobación a sí mismo de Marshall: ¡es tan buen tío que podría haber entrado en un bucle infinito!
  • Brad: “Hey! Marshall! Bilbo!” Vale, gag muy facilón, pero me ha hecho gracia
  • Ted, en una de las cintas: “I look magnifique!” Es genialmente pedante, sí señor…
  • Lily no tuvo una tercera cita con Marshall: fue con Gabino Diego

MVP de la semana: Brad. Regresa por todo lo alto, da trama de continuidad para la semana que viene, tiene futurólogo de cabecera y sus flatulencias incitan al desalojo, ¿qué más podemos pedir?


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