Review HIMYM: The Rebound Girl

Kids, dejadme que os ponga en situación… será rápido. Después de ver el 7×10 de HIMYM y de escribir la review con relativa rapidez mi cerebro desconectó de la serie, debido también en parte a un fin de semana de montaña rusa y a un inicio de semana muy offline. Aterrizado ayer, un fugaz paseo por las sospechosas habituales (SpoilerTV, TVLine y compañía) y por las redes sociales me despertó el olfato: algo gordo pasaba en el 7×11. Por suerte logré pasar desapercibido y las hordas de spoilers no detectaron mi virginal presencia. Llegué sano y salvo a la gran cita. Deglutí el capítulo anoche, salí a gritar mi fascinación en Twitter, leí a @FedePeverell pedir opiniones (“Se ruega la review de HIMYM EN ESTE INSTANTE. ¿Qué final, no?“) y abrí WordPress. Lo que sigue es la crónica de lo que ha sido uno de los mayores terremotos que ha sufrido la comedia de la CBS

The Rebound Girl es el cebo perfecto. Después de ver el final de Tick Tick Tick…, con Barney nuevamente soltero, las cosas parecían encaminadas a un episodio de transición en el que la trama consistiría en un desfile non-stop de rubias, morenas y pelirrojas, una bacanal de candidatas al puesto de Chica Rebote, un hombro (eufemismo) donde llorar el despecho (cursiva no gratuita) de Robin. Pero no, no hemos visto a Barney tirando de playbook; más bien hemos visto florecer su lado más rarito: ¿queriendo tener un niño con Ted? Mother of God… El episodio, de hecho, me estaba resultando de lo más normalito. Tampoco diré malo, porque aunque la trama de Ted y Barney era descabellada, lo cierto es que todos (Lily incluida) conseguían sacarme risas. Pero de normalito a uno de los mayores terremotos que ha sufrido la comedia de la CBS parece que solo hay un paso. En concreto, una frase. Scherbatsky: “I’m pregnant” Zasca…

¡Paren máquinas! Lo primero que hay que decir es que, aunque la escena y la manera de decirlo signifiquen con un 99% de probabilidades que el futuro bebé es de Barney, no podemos descartar que la paternidad sea cosa de Kevin. ¿Cambia eso las cosas? Sí y no. En ambos casos nos estamos adentrando en un terreno tan inesperado como peligroso. ¿Robin embarazada? ¿Qué tendremos, una octava temporada con dos bebés a bordo? No es que tenga nada contra los bebés, pero evidentemente romperían la dinámica básica de la serie, que consiste en sentarse casi cada noche en el McLaren’s y charlar. Si Padmallow y al menos Robin, pero potencialmente también Barney, se convierten en papás… ¿qué será de Ted? Otra cosa graciosa que probablemente los no-neoyorquinos no hemos tenido en cuenta: si los Eriksen-Aldrin se mudan a Long Island, no cuela que puedan estar cada dos por tres en Manhattan. El tráfico de la Gran Manzana no es precisamente fluido…

Creo que queda completamente justificado hablar de terremoto en alusión a las palabras de Robin que cierran el capítulo. Una sorpresa mayúscula que, echando la vista atrás, se veía venir en algún momento. La canadiense ha estado muy nerviosa e irritable durante todo el episodio (impagable ese ¿Nunca habéis oído hablar de las luces en el techo?…), y ojo, con eso no quiero decir que las embarazadas sean todas nerviosas e irritables; me refiero a que el guardar tan monumental secreto descentra a cualquiera. Otra pista: capítulo escrito por Carter Bays y Craig Thomas; normalmente es sinónimo de algo… Espero de corazón saber pronto quién es el responsable del bombo, y no por satisfacer a la portera que llevo dentro sino porque no quiero (no queremos, creo) que esto se convierta en un juego. Bastante tenemos con la madre…

Terremotos aparte, The Rebound Girl ha sido un capítulo resultón. Sí, la trama de Ted y Barney queriendo ser papás merece casi una tarjeta amarilla por su surrealismo, y estoy convencido de que si no fuera por el giro final yo mismo estaría tirando muchas piedras contra su tejado, pero mirando el conjunto realmente tiene cierto sentido y gracia que se hable todo el rato de bebés. ¿No creéis? Por su parte, el asunto de las casas que ha mantenido en disputa a Robin y a Padmallow me ha gustado sobre todo por esa distorsión visual que ha sufrido Dowisetrepla… y por todas las lámparas que han fallecido en acto de servicio, ¡qué grande!

El capítulo, además, ha sido generoso al regalarnos grandes frases:

  • Oh… so… you’re gonna keep your job? (Barney)
  • What it is I do for a living? I work, Ted, 14 hours a day so that our baby can have food and clothes and a nice house while you sit around doodling pictures of buildings, that’s what it is I do! (Barney)
  • Do you have a baby guy? Did Guy the guy guy get you a baby guy? (Ted)
  • Daddy’s home! (literalmente, Barney)
  • I’m pregnant (no me cansaré de escucharla…)

Y alguna más que seguro me dejo. Me he reído mucho con Lily y sus extraños sueños sexuales de embarazada… “officer“; con el señor que viene a comprar el piso de Padmallow (repasad esa escena: “Soy taaaaaaaan rico” // “¡No dijo eso!” // “¡Sus zapatos sí!”); y, especialmente, con el intercambio de golpes de Ted y Barney. “Dibs on the nanny!“. Además, hemos tenido una divertida variante del ¿quién es tu mejor amigo? / ¿quién es tu best man?, en forma de ¿con quién te quedarías si fueras gay? Y, para los más frikis del lugar, la mención a los Cazafantasmas (el coche, la señal de prohibido, el parque de bomberos, el Who you gonna call?) ha sido gloriosa.

Finalmente, admitidlo, Hurricane Mosby Stinson es un nombre maravilloso, sin duda. Y Hurricane Stinson Mosby también…


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