Review HIMYM: The Perfect Cocktail

Review HIMYM: The Perfect Cocktail

Si The Killing llegó sobre la bocina, lo de esta semana no tiene perdón de Jacob. Ni siquiera una entradilla brillante me haría sentir a salvo de la quema, de modo que ni lo intentaré. Solo usaré estas líneas para manifestar la extrema rabia que me da llegar a los finales de temporada y tener la sensación de que estamos en ninguna parte. Una temporada de HIMYM es una orquesta en la que hay espacio para todos los instrumentos (que son probablemente azules), pero a la que llegados a estas alturas pedimos un gran solo de violín, porque sabemos que es capaz de ello. Dadnos magia, chicos

Que esta serie, como casi toda sitcom que se precie, desafía las leyes de lo que llamamos vida normal está claro. Claro y aceptado. Especialmente cuando Barney está por medio, sabemos que nada será como debería ser en la vida real. Solo que nos gusta saber que la irrealidad es usada para justificar tramas awesome, y esta semana no ha sido el caso. La resolución (provisional) de las tensiones entre Zoey y Ted acerca del edificio Arcadian ha rozado la tontería, mientras que la búsqueda del perfect cocktail… psé, como trama de relleno podría no haber estado mal, pero es que prácticamente ha sido la principal. Y sin prácticamente…

Vamos a ver. ¿Acaso Ted no se da cuenta de que lo suyo con Zoey es nada? Supongo que no, y sobre todo supongo que no lo quiere ver. La pelea que les supone la demolición del edificio se esquiva siempre que es menester: algo muy propio de Ted, recordemos su relación con sus padres. En el magnífico Brunch (¡eso sí que eran capitulazos!) ellos no le decían nada sobre su separación, ni sobre su divorcio, ni sobre el hecho de que la madre estuviera con otro nombre. ¡Ni sobre la pobre abuela! Desde luego, Ted es un as en esto de pasar palabra. Ohio style, que diría él. Así que no es de extrañar que cuando salga a la luz la palabra Arcadian se ponga a hablar sobre Oprah… Lo que no me cuadra nada es lo de Zoey. Vamos a ver, alma de cántaro… si viviste ahí de pequeña, ¿tanto costaba decirlo? ¿Tanto costaba revelar la fuente de tu apego a semejante chatarra? Y hablando del cochambroso edificio, ¿en serio sigue funcionando como hotel? Eeeecs… Lo mejor de esta parte, sin duda alguna, es la reaparición del cockamouse, uno de los elementos mitológicos más antiguos de la serie.

Para nuestra mi desgracia, el capítulo acaba con la parejita entregada a un I love you de lo más desesperante, que provoca que la trama Zoey se ensanche aún más. Estoy seguro que la gran mayoría de vosotros no ha hecho un “Ooooh…” sino un “Pffff…” (¿se entienden mis onomatopeyas?). No quiero ser pesado con lo de la falta de química entre ellos, a años luz de Victorias, Stellas, Robins y demás, pero sí diré que llegados a estas alturas… ¿qué sabemos de Zoey? Que es arquitecta, que estaba casada con un friki llamado The Captain y que quiere preservar el edificio donde vivió de pequeña. Echad la vista atrás y comparadla con cualquier novia de Ted. No hay más preguntas, señoría. Te doy dos capítulos para que desaparezcas, rubia…

No hay una descripción disponibleCockamouse!

El resto del capítulo ha sido relativamente divertido, aunque como decía antes casi parecía más la trama principal que la secundaria. El meollo: Marshall y Barney están en guerra tras la marcha del primero del GNB. Como siempre, la aparición de Artillery Arthur (nuestro amadísimo Bob Odenkirk) es oro en paño. Suya es la mejor frase del episodio, cuando afirma que Marshall estaba pegando a una foca… ¡con una foca aún más mona! Awesome… La mala leche de este tío no conoce límites. También son geniales todas y cada una de las paranoias que se montan al principio, con Marshall llegando al GNB en plan macarra.

Esta parte del capítulo ha funcionado bien porque cualquier guerra en la que se meta Barney es divertida. La no tan lejana del Exploding Meatball Sub fue justita, pero si echáis la vista atrás recordaréis una memorable batalla entre el rubio y un empleado del edificio de enfrente. Guerra sucia en su máxima expresión. Ha sido buenísimo ver cada dos por tres aparecer al asistente, foto en mano, para ilustrar… vete a saber qué. Si de alguien ha sido el capítulo, ha sido de Eriksen y Stinson. Las chicas han estado un poco por debajo. El gag de la pelea por el sitio no ha terminado de cuajar, mientras que la búsqueda del cocktail perfecto… c'mon, girls, estaba clarísimo que era la birra, ¡desde el minuto cero! Aún así, nos ha servido para repasar los efectos de diversos licores en los cuerpos del grupo. Sin duda, premio para el Martini, que hace aflorar en Lily sus más lésbicos sentimientos. Sentimientos que, por otra parte, no logra esconder demasiado ya de normal… El brandy pone a Marshall y a Barney en plan existencial, buscando el sentido de la vida, mientras que el bourbon hace de Ted un machito. Y, por supuesto, la absenta lleva a Robin (y a cualquiera que la pruebe, según vemos al final) a un estado más allá de lo zen. Colocón, colocón…

En resumen: capítulo muy normalete, que al estar colocado a tres del final es aún más normalete. O sea, más flojo. Poca chicha argumental, y la que hay (esos I love you) nos lleva a un lugar al que no queremos ir. Claro que yo lo veo todo con la idea de que Zoey desaparece de nuestras vidas en breve. En la finale, para ser más exactos. Pero… ¿os imagináis una séptima con ella? Brrr…

No hay una descripción disponibleChicas, no era tan difícil…


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