Review HIMYM: The Over-Correction

Durante mucho tiempo padecí una especie de Síndrome de Stendhal al ver episodios de How I met your mother, una reacción que a medida que llegan las temporadas sexta, séptima y octava se fue tornando en Síndrome de Estocolmo: estaba secuestrado por la rutina (y por las reviews, no lo neguemos), pero a la vez unido por un fuerte vínculo afectivo pseudo-umbilical; una suerte de esquizofrenia, alimentando por el sube y baja en la calidad de las entregas semanales que nos brinda la CBS. Con The Over-Correction me ha entrado un subidón porque hacía, ahora sí, mucho pero que muuuucho tiempo que no me parecía tan divertido y tan redondo un How I met. Y es que llegados al punto de desastres como The Autumn of Break-Ups, Splitsville o el más reciente Lobster Crawl, toparse con 20 minutos como los de esta semana es poco menos que darte de morros con un oasis en pleno desierto. Tengo que confesar que el martes, poco antes de ver el capítulo, tuve la intuición de que sería un nuevo fiasco (mi prodigioso olfato…) y a raíz de ello la tentación de repetir la técnica de la review en directo (usada en Blitzgiving), ante la poco halagüeña perspectiva de tener que comentar otro episodio soporífero. Por suerte, el 8×10 arranca tan fuerte que me empezó a oler bien desde el minuto uno… ¿comentamos?

Porque empezamos con una escena casi de vodevil y saltamos, inmediatamente, a una semana atrás. Aparte de que eso en sí (el enredo) ya me gusta, otro detalle me ganó para la causa de The Over-Correction: teníamos a cuatro personajes en escena, y el quinto, el que faltaba, Barney… no podía ser otro que ese “him” al que los demás hacían referencia. Es decir, se adivinaba que la trama principal iba a necesitar de los Cinco Magníficos. Al final resulta que Marshall se queda bastante en fuera de juego, con una trama B en que su madre y su suegro… bueno, luego iremos a eso kids. Primero veamos en qué tres planos se ha movido el capítulo: 1) las historias de largo recorrido, básicamente en este caso todo lo que implica la relación entre Robin y Barney; 2) los running gags, tanto viejos como nuevos, que yo prefiero llamar mitología de la serie; 3) los gags a secas. La tónica de esta temporada ha sido beber casi exclusivamente del punto tres, porque el primero ha sido prácticamente inexistente (apenas ha habido mother para Ted y creo que Padmallow han cesado de contar con historias de largo recorrido) o bien decadente (Ted-Victoria), mientras que el segundo ha sido flojo (ejemplo: la bala malgastada de Robin Sparkles en Twelve Horny Women). Pero creo que en esta ocasión lo han clavado a todos lo niveles…

La trama principal

Una vez más, el misterio en esta serie no está en el qué sino en el cómo: sabiendo que la temporada termina en boda Robarney, no dudo que todo el rollo del rubio con Patrice es una farsa perpetrada por él… o algo así. Está claro que no hay pareja que valga, que Barney no ha visto la luz porque no hay ninguna luz que ver y que el final del camino es Robin. La inclusión del famoso Playbook en esto me hace pensar que todo es una gran artimaña de Suitman para que los sentimientos de la canadiense afloren completamente, para que no haya duda de que ella está colada por él. En ese caso… ¡pobre Patrice! No sólo ha sido utilizada desde siempre por Robin, sino que ahora también Barney se le sube a la chepa… a menos que estén compinchados, lo que tendría mucho sentido, porque en su infinita devoción por la canadiense veo a Patrice muy capaz de confabularse con su futuro esposo. La cercanía de la mid-season finale, con capítulo doble incluido, alimenta la teoría de que algo gordo va a pasar. ¿Apuestas?

Clásicos de ayer… y de mañana

La enemistad entre Lily y su suegra, las botas rojas de Ted, la incapacidad de Lily para guardar secretos, el monólogo de los peces de Marshall, el Playbook, el CD Get Psyched ¡de la primera temporada!, la relación especial entre Barney y la madre de Ted, las interventionHa habido muchos clásicos básicos de la serie esta semana. Me quedo con uno: las botas rojas de Ted. Geniales desde que salieron a la luz el primer día, pero especialmente brillantes por el recorrido que han realizado, pasando del arquitecto a Stuart, de éste a su mujer (en realidad eran para el disfraz de Claudia aka Wonder Woman en Halloween), y de ahí a Barney, que las guardaba con la intención de completar uno de esos míticos “Challenge accepted!que tanto nos gustan. Muy fan también de la Robin barriobajera, amenazando a Ted con romper las botas… y enviándole una foto de prueba al móvil.

El retorno del Playbook también ha estado sembrado, e incluso hemos podido ver un truco más: The Two-Can-Play-at-That Game, donde más que Barney la que ha brillado es la psicópata que le abre la primera puerta… ¡genial! Para cerrar las dosis de mitología, una nueva que quizá pueda tener continuidad en el futuro pero que en este capítulo de momento se ha explotado más que bien: a Ted nunca le devuelven las cosas. Bueno, a decir verdad, quizá la última mención, la del cubo de basura, ya sobraba, por repetitiva; pero todas las demás han sido buenísimas, sobre todo la del taladro (por inesperada) y la de la máquina de etiquetar… porque servía básicamente para etiquetar cosas que luego no volvían. Ah, y no me olvido el detalle que en un primer visionado se me pasó, pero que a la segunda sí vi: cuando Mickey sale medio desnudo y bebiendo, luce la sudadera de Ted que el arquitecto había prestado a Marshall anteriormente. Awesome!

Gags

Finalmente, el capítulo ha contado con bastantes momentos brillantes, empezando por Ted en la cárcel visitando a su nueva novia, la anti-Victoria, pasando por las referencias a ese peliculón que es Este muerto está muy vivo, y cerrando con la mención al impagable dueño de Playboy: “Hugh Hefner, en tu vestíbulo, ¡ahora!”. Me quedo, además, con las siguientes frases…

Robin: And that’s why I need to steal The Playbook and show it to Patrice, so she’ll believe me.
Marshall: Or you could do almost anything else and not sound so creepy.

Robin: Hey… how’s my favorite architect? Other than incredibly handsome…
Ted: Hey, Mom!
(…)
Robin: Hey… how’s my favorite architect? Other than well-endowed…
Ted: Mom???

Barney: Damn it, Ted! You get those ornaments all year, I just need them for Christmas!

Barney: Patrice, can you grab my computer from the bedroom? I want to change my Facebook status to “Happy!”

The Over-Correction ha avanzado en la trama de Robin y Barney, y lo ha hecho aliñando esa historia con momentos divertidos, tanto para los fans de la serie como para los novatos. Esta fórmula tan sencilla, pero supongo que tan difícil de mantener, es la que le va al pelo a HIMYM. Hemos podido contar con ella esta semana, de ahí el buen nivel, pero eso no quiere decir que no vayamos a volver a las andadas en breve. Sigo pensando que la serie merece un final digno y creo que es complicado que sea compatible con una novena temporada. En cualquier caso, felicidades a Stuart y Claudia por su hija, ánimo a Robin en su intervention (nadie grita “Patriiiiice!” como tú, Scherbatsky…), bravo a Judy por jubilar los jerseys con pelo de caballo auténtico y bravísimo a todas y cada una de las bibliotecas ocultas de Barney. ¡Grande HIMYM!

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4.5
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