Review HIMYM: The Magician’s Code

“Casi una hora de risas y, posiblemente, alguna lagrimilla”. Esa era mi poco arriesgada predicción para la finale de How I met your mother, porque realmente es lo mínimo que se le puede pedir al cierre de una temporada en el caso de la sitcom de CBS: risas y alguna lagrimilla. Las risas cada uno las habrá puesto donde prefiera; la lagrimilla, estoy convencido, nos ha llegado a todos cuando Marshall ha dicho en voz alta que su hijo recibe el mismo nombre que su padre. Gran recuerdo para el gran Marvin Eriksen, sí señor… quien no se haya emocionado ahí no tiene corazón. Me consta que otras han llorado incluso más de la cuenta, un torrente de emociones para una finale que también ha tenido sus sombras. Os las contaría aquí mismo, sin más preámbulos, pero The Reviewers’s Code me impide destripar el episodio en la entradilla, así que… ¿vamos dentro?

La finale de How I met nos ha llegado esta vez en dos entregas, algo inédito en los seis años anteriores. Han sido además dos partes claramente diferenciadas. La primera, centrada en el parto de Lily; la segunda, en el futuro sentimental de varios personajes. Podríamos decir que la Part One ha tenido más intención de comedia, mientras que la Part Two, escrita por los chefs Carter Bays y Craig Thomas, ha tocado más mitología, con el inesperado regreso de Victoria y la enésima visita a esa boda que ya sabemos de quién es (¡Barney y Robin!) pero que aún no situamos en el tiempo. Efectivamente, seguimos con el inconcreto A little ways down the road. Recapitulemos: la famosa boda ha sido vista ya en el 6×01, en el 6×24, en el 7×01 y en el 7×24. Dicho de otra manera, hemos visitado el que parece ser el día más importante para la historia del grupo (boda interna + Ted conoce a la madre) en las dos últimas finales y premieres. Con todo, lo único que sabemos es que Ted es el padrino y que los novios son Robarney; poca chicha, muy poca, malditos Bays y Thomas… ¡queremos saber más!

A costa de empezar la casa por el tejado, voy a seguir por aquí. Por la boda. No sé vosotros, pero yo esperaba algo más que saber que la mujer de blanco era Robin. Primero, porque en definitiva no podía ser otra que ella. Leyes no escritas de las series lo dejaban claro: construye un clímax perfecto para la pedida de mano de Barney a Quinn y rómpelo minutos más tardes mostrando a Robin de novia. Segundo, porque son demasiadas visitas a ese famoso día sin que hayamos visto el más mínimo rastro de la mother. Un paraguas amarillo, un tobillo… no sé, algo de mitología que llevarnos a la boca. Desde luego, como imagen final, a mí me ha sabido a poco.

Quizá me esté excediendo: al fin y al cabo los guionistas han puesto las cartas sobre la mesa y han confirmado la boda entre los dos personajes más indomables de la serie. Y digo confirmar porque en alguna entrevista he leído que sí, que no hay trampa ni cartón: el enlace se lleva a cabo, sin arrepentimientos de última hora. Juntar a Robarney es algo que no por esperado o por poco deseado deja de tener su relevancia en la serie. Podemos estar más o menos de acuerdo, pero sería un titular a cuatro columnas en el The HIMYM Post. ¿Cuál es el problema? Precisamente, esa previsibilidad. Uno de los motivos por los que HIMYM nos empezó a cautivar a todos fue por su capacidad para la sorpresa, para el truco, para el abracadabra (además de para la carcajada, claro). ¿Quién no recuerda ese final de primera temporada, con la perfecta mezcla agridulce entre el triunfante Ted y el hundido Marshall? ¿O la improvisada boda de la segunda? ¿O los milagros en cadena de la tercera? Lo más decepcionante de esta finale, y posiblemente de los últimos años de la serie, es la ironía del título: The Magician’s Code. Hemos perdido parte de la magia. Los trucos ya no funcionan tan bien, bien porque se ven venir de muy lejos (la caja de Barney es un perfecto ejemplo, todos sabíamos lo que iba a ser desde el minuto uno) o porque son poco verosímiles (como la trama de Victoria). Sin embargo, como en las mejores relaciones de pareja, es posible que el cariño y los años compartidos nos aporten el extra necesario para suplir la falta de chispa. Al fin y al cabo, esta finale nos ha hecho (como decía al principio) reírnos y emocionarnos. Así que vamos a repasarla como merece…

Empezamos donde lo dejamos hace quince días: con Lily en casa, presa del pánico y las contracciones, llamando desesperadamente a Marshall. Nuestra querida profesora no es consciente del lamentable estado en el que se encuentra su marido, preso a su vez del alcohol y el juego en Atlantic City y con Barney como único recurso para regresar a Manhattan. Difícil papeleta. Al rescate de Lily llegan Robin y Ted, pero se encuentran con que la futura mamá no quiere ir al hospital, sino que prefiere esperar a Marshall en casa. Esta primera parte del capítulo me ha resultado un poco extraña: más que desarrollo de trama, ha servido para colar gags a costa de los locos intentos de Barney por salir del casino y de las surrealistas historias que Robin y Ted iban recordando para distraer a Lily. Respecto a las historias… hay de todo, pero en general me han parecido bastante flojas. Rescato dos: la de los pantalones malditos de Marshall (¡es genial!) y la del hilo, perfectamente enlazada con la de Barney-Terminator. ¿La más floja? La de la puerta: ¿nos han querido decir algo? ¿Ha sido muy friki o solo me lo parece a mí?

Tampoco me ha resultado especialmente excitante el gag de Robin con sus animales de granja, y casi he odiado toda la parte del padre de Lily. A cambio, me quedo con el estupendamente estúpido mail de Ted: A man… A woman… And their best friend! ¡Genial! Obviamente, no podía faltar la correspondiente página web: lilysinlabor.com. Mención especial también para la doctora Sonya, deliciosamente loca, y para el mejor middle name de la historia: Wait-for-It. En serio, muy grande…

El repaso de gags del capítulo es intenso. He aquí mi top 5:

  • El guardia de seguridad y su truco; evidentemente, me quedo con la versión de Barney…
  • Quinn y sus seis compañeras (muy Cheerleader Effect / Spice Girls Conspiracy, por cierto) esperando a Barney para una orgía… sin cámaras; ¡pobre Barney! Soy muy fan de los Nooooooo! del rubio, por cierto
  • El Imserso yanqui al más puro estilo El club de los poetas muertos (“¡Oh, capitán, mi capitán!”) fingiendo infartos múltiples: genial; llamadme friki pero por un momento me ha recordado también a la última escena de La vida de Brian, cuando todos fingen llamarse Brian…
  • Marshall, grapadora en mano: “Me pregunto cuanto duele eso”. Sin comentarios…
  • One dollar, two bags of gummy bears! It’s like, I don’t even care what happens for the rest of the day!” Posiblemente, la frase más chorra del capítulo; sin duda, la que más me ha hecho reír…

Con Marvin ya a bordo como sexto miembro de la pandilla (miembro de plenísimo derecho, su primera visita al mundo exterior ha resultado ser al McLaren’s), el sprint final del capítulo se ha centrado en las relaciones de pareja. Por un lado, Barney y Quinn; por otro, Ted y la sorprendente Victoria. Vamos con el rubito…

Si Ted y Robin son la quintaesencia de la pareja perfecta en esta serie, pienso seriamente que Barney y Quinn no les van a la zaga. No se me ocurre nadie mejor para el rubio, ni siquiera la propia Robin. Quinn es inteligente, atractiva, sabe poner a Barney en su sitio (aunque le cueste una pasta en decoración y la innecesaria sensación de conocer cómo es por dentro la vagina de Campanilla…) y es capaz de sacrificar su adorado trabajo. En serio, tíos… ¿por qué no habéis querido seguir con Quinn? Vale que es una serie americana y parece que eso implica que cuanto más mezclados acaben los protagonistas mejor. Pero habéis puesto el listón muy alto con esta pareja; no solo nos va a doler que Quinn se vaya, sino que vamos a estar muy atentos a los motivos de la ruptura. Desde luego que la exstripper ha logrado algo que ninguna chica de Barney había conseguido hasta ahora: consenso positivo. Y digo positivo porque creo que Nora sí había acabado logrando consenso… pero negativo.

La trama del truco en el aeropuerto, como comentábamos antes, tiene la pega de que se ve venir de lejísimos. Lo perdonamos porque es terreno abonado para varios buenos gags (el ya mencionado del segurata, pero también el de Mr. Flanagan y la madre de Barney, o el propio Barney gritando ensordecido de rodillas tras la explosión), y porque en realidad es una pedida de mano genial. Claro que hubiera sido mejor con Hawaii como escenario, en lugar de una fría sala de interrogatorios aeroportuaria…

Pasa lo opuesto, pero con idéntico resultado, en la trama Ted-Victoria: me resulta fallida, en su caso porque hay tantos cambios de opinión en tan poco tiempo que pierde la mínima credibilidad. Me cuesta creer que realmente Victoria haya estado pensando tanto en Ted (si es así, ¿por qué no llamarlo?), pero sobre todo me cuesta creer que Ted, sabedor como es él de lo duro que es que te dejen plantado en el altar, acepte la huida. Vale, puedo entender que es humano y que se deja llevar por la locura del momento, pero hay demasiados cambios de opinión en esta trama. Y, sobre todo, nos devuelve a Victoria, cuyo paso por la serie creo que quedaba perfectamente cerrado en Ducky Tie. Su advertencia sobre el papel de Robin en las vidas de Barney y de Ted era el punto final adecuado, y además ya estaba aderezado con la dosis justa de nostalgia y tensión sexual. ¿Para qué invocarla de nuevo, queridos guionistas? Supongo que tocaba darle algo de chicha sentimental a Ted en la finale, conscientes como eran de que no íbamos a ver ni el más remoto rastro de la mother

En definitiva, una buena finale, pero buena nada más. Cero fuegos artificiales, poca magia. Me han gustado algunas cosas, especialmente un Marshall que se convierte, sin duda, en el sello de garantía de la serie. Es un personaje muy goloso al que Jason Segel ha hecho crecer de manera fenomenal. El gag del vestido de Victoria es un gran ejemplo de cómo Marshall hace mucho con bien poco. Su 8 or higher, bro aún resuena en mis oídos, y aún me provoca risas. Quizá la sombra de Marshall ha empequeñecido a una Lily que vive de fugaces destellos, y a la que espero que Marvin, de alguna manera, haga cobrar fuerza de nuevo. Robin no ha tenido su mejor capítulo, ni tampoco Barney, quizá conscientes de que les toca reservar energías para la octava, que será su temporada.

Y nos queda Ted. A veces da la sensación de que la serie olvida que Ted Mosby es el protagonista de esta gran historia; no digo que toda trama tenga que pasar por manos del arquitecto, pero sí creo que llevamos demasiado tiempo esperando al gran Ted. Su última relación de peso queda muy lejos y encima fue con la lamentable Zoey (gracias por rajar de ella, Robin…), que por otra parte recuerdo debía servir “para hacernos llegar a la madre”, una afirmación de Bays o de Thomas que, me temo, ha caído en saco roto. Ni hizo eso ni hizo gran cosa. Ahora lo dejamos cabalgando hacia un nuevo fracaso… Al menos esta temporada ha sido la última en que hemos oído un “Te quiero” de Ted a Robin, y este último, pronunciado en la sala de espera del hospital, ha sido muy gracioso. Creo que hasta Robin se lo ha tragado por un segundo.

Y con esto cerramos las reviews de How I met, un año más. ¿Qué os ha parecido la finale a vosotros? ¡Nos vemos en septiembre!

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