Review HIMYM: The Final Page

Dicen los que vieron jugar a Carles Rexach, extremo del Barça en los años 70, que brillaba por su irregularidad. Que era bueno, sí, pero que le faltaba combatividad y ganas de apretar un poco; su frase más famosa, de hecho, dice que “correr es de cobardes”. Por su parte, el científico inglés Henry Cavendish fue posiblemente una de las mentes más brillantes del siglo XVIII, pero su extrema timidez y dificultad para las relaciones sociales, especialmente con las mujeres (se comunicada por escrito con su ama de llaves), hicieron que muchos de sus descubrimientos y predicciones quedasen silenciados durante décadas, entre ellos cosas tan rimbombantes como la Ley de la conservación de la energía, la Ley de Ohm, la Ley de presiones parciales de Dalton, la Ley de los gases de Charles, etc. Como veis, para cuando los trabajos de Cavendish salieron a la luz, las medallas ya colgaban de otros cuellos… Si Rexach hubiese sido menos vago y Cavendish más ambicioso, sus entradas en la Wikipedia ocuparían varios párrafos más. Y si How I met your mother nos regalara cada semana episodios como éste (o como The Over-Correction), su puesto en el Olimpo de las Series sería de mayor rango. Porque, ¿quién le puede decir que no a HIMYM cuando se pone así?

Así de bonita, y me refiero casi más a la escena de la limusina que a la de la azotea, y así de decidida a poner las cosas en su sitio. A veces los guionistas han abusado de los pasos atrás y adelante (Robin y Ted sí, y ahora no, y ahora sí, y ahora… y así con muchas tramas), pero tras esta midseason finale tenemos cuatro de las cinco piezas colocadas en el tablero: Padmallow por un lado, Robarney por el otro. Que sí, que los preparativos de la boda no serán un camino de rosas y que, como ya hemos visto gracias a los flashforwards, Barney tiene alguna que otra duda a escasos minutos del sí, quiero. Pero todos menos Ted están encaminados. La conversación, las miradas, todo lo que se desprende del momento-limusina es que cualquier ínfimo atisbo de que Robin sea la mother es historia (lo sé: lo es desde hace años, pero todavía hay mucho believer suelto), y en cierta manera la última gran jugada de Barney es grande precisamente por el detalle de contar con la bendición a ciegas de Ted.

Con el estilo de las grandes ocasiones y con ese empujón a la trama que ha sido la última página del Playbook, How I met cierra un 2012 tortuoso, con capítulos manifiestamente malos y con la duda de su longevidad sin resolver. Los jefes han dicho que a más tardar sabremos algo definitivo en enero, y aunque ellos tienen ganas de terminar con una novena temporada creo que la inmensa mayoría preferimos decir adiós el próximo mes de mayo. Me temo que ni siquiera episodios como éste lograrán hacernos cambiar de opinión… ¿vosotros qué decís?

The Final Page tiene como epicentro el concepto de mirar hacia delante, de dejar el pasado atrás, algo que los personajes deben hacer liberando a ese prisionero del pozo: el profesor Vinick en el caso de Ted, Daryl en el de Lily y Marshall, y Patrice en el de Robin. Al único que no hemos visto ni arriba ni abajo del pozo ha sido a Barney, aunque lo cierto es que tampoco ha tenido mucha opción a explicarse durante buena parte del capítulo. ¡Qué lujazo, permitirse prescindir de los gags de Barney durante medio episodio! A decir verdad, al rubio no le hace falta hablar para provocar risas. De hecho, sus momentos mudos han sido casi los más cómicos… no, miento: lo mejor ha sido cuando ha recuperado el habla, en el coche con Ted. ¡Menudo speech!

You unjinxed me! I’m free! If the bison on the nickel could hear you talk about them, they would diminish their population even further on purpose. If Lily wants a big wiener in her mouth, she’s got my number. And I’m sorry that you took the rap for all the farting on the car ride up here. That was me!

El recuperar el habla en ese momento justo, por cierto, es uno de los dos detalles que me han chirriado del capítulo: que se nota que The Final Page no está pensado como un episodio en sí, sino como dos mitades (The Silence of the Jinx y The Robin) unidas sencillamente por motivos de calendario. Se ven mucho los costurones. El otro punto que me ha dejado un poco frío es que la jugada de Barney se veía venir a la legua. Demasiado a la legua. Y eso, en una serie que sabe hacer juegos malabares como nadie, es un pinchazo serio. La petición de mano queda a años luz de la famosa danza de la lluvia de Ted y de la que ya sabéis que es mi gran debilidad romántica en esta serie: la two-minutes date entre Stella y Ted. En todo caso, dos errores perdonables (más el primero que el segundo) que no deslucen unos 42 minutos con risas, sonrisas y lágrimas.

¿¿¡Marshall Erickson!?? Vaya gazapo, ¿no?

Volviendo a los pozos, a esa mención molona a El silencio de los corderos (¡top 5 de pelis EVER!), para Ted es momento de soltar a Robin (el viceversa creo que pasó hace ya algún tiempo), y repito que es muy grande que Barney incluyese ese paso en el The Robin, en esa última página del Playbook. Por cierto: ¡lo ha quemado de verdad! Eso sí que no me lo esperaba… Precisamente por eso es más firme que nunca la decisión de convertir a Stinson en un tío centrado, al menos en el aspecto femenino. No me desagrada: a poco cerca que estemos del final, quede medio año o año y medio, creo que el rubio puede ser un personaje gracioso sin el aspecto de ligoteo, al contrario de lo que sucedió en la quinta temporada, cuando Robarney empezaron a salir; por aquel entonces me costó mucho ver a Barney emparejado, y ahora me parece que estamos todos más preparados para asumir la pérdida de esa faceta suya. Pido, eso sí, que no lo conviertan en un personaje blando. Tanto él como Robin son en cierta manera tipos duros, y preferiría que eso se plasmase en su relación. Barney tiene que seguir imponiendo, de alguna manera, su “reinado del terror” (muy fan de cómo lo dicen en este capítulo), porque su deliciosamente alterada escala de valores morales es lo que engrandece al personaje. Confiemos en que siga…

A costa de repetirme, rescataré la ya vieja idea de que un episodio con tramas equilibradas suele ser garantía de éxito, y en esta ocasión lo han clavado (cierto, tenían el doble de tiempo…) Han sido geniales todos los gags de Barney mientras estaba bajo la maldición de la repetición, ha sido brutal la frase de Lily en el coche (“I love this huge wieners… in my mouth!!“), ha sido muy grande el momento sueño húmedo de Ted volatilizando al profesor Vinick (“Mosby. Ted Mosby. Architect.“, dice mientras fuma como nunca jamás nadie había fumado… de mal), ha sido tremenda cada vez que Robin ha gritado “Patrice!” (y no han sido pocas) y, contra todo pronóstico, me dejo sin reseñar ningún momento especialmente brillante de Marshall. Lo cual es raro, porque incluso el abuelo Mickey me ha gustado… aunque supongo que solo porque es fan de Breaking Bad. Peter Vinick Gallagher y Seth Daryl Green han estado también muy correctos en sus papeles. Me quedo con un momentazo de este último, cuando dice que Marshall y Lily se parecen a los de sus pinturas… ¡loquísimo! Por cierto: ¿soy el único que al ver su sótano se ha acordado del sótano de Stella en su casa de New Jersey?

Capítulo con aroma a season finale, y capítulo de esos que marcan un antes y un después en las tramas gordas. Ranjit suele ser indicativo de que algo importante ronda… Definitivamente, Ted es el soltero. Su cara al final, mirando por la ventana de su primer rascacielos, es un poema: era prácticamente imposible que Ted no estuviese celebrando por todo lo alto la consecución del sueño de su vida. Pero claro, conseguirlo en la misma noche en que pierdes, ahora ya sí que sí, a la mujer que llevas metida en el corazón (a veces creo que más en la cabeza) durante casi ocho años… no debe de ser un trago dulce. Con el edificio GNB acabado, el trabajo ya no impide a Ted buscar a la mother, empresa a la que seguro que empieza a dedicar minutos desde el 8×13, episodio que, por cierto, se emite el 14 de enero. Seguro que damos unas cuantas vueltas antes de llegar a ella, pero al menos sabemos que Robin no mareará la perdiz de por medio. Gracias, precisamente, a Ted. El guiño, sutil, ha sido la última frase del capítulo y se ha quedado flotando mientras el los colosos del GNB y la WWN enmarcaban el edificio más bonito de Nueva York, el maravilloso rascacielos de la Chrysler:

And so, let’s all raise our glass to Ted Mosby. None of this would have been possible without him. To Ted!

Exacto. Ni lo arquitectónico, ni lo sentimental. Un cachito de ese anillo que Barney pone en el dedo de Robin es de Mosby. Os dejo con dos canciones. La primera, Let Your Heart Hold Fast, es la que cierra el capítulo; la segunda, mucho menos comentada, me ha encantado y costado lo mío encontrarla: se titula If The Hudson Overflows y es la que cierra la primera parte del doble episodio. Con ellas, feliz Navidad y hasta enero…

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