Review HIMYM: The Drunk Train

Review HIMYM: The Drunk Train

Podría decir que me ha encantado The Drunk Train por una sencilla razón, y es que no parece que volvamos a ver a Kevin por la serie. Si dijera eso sería cierto, y además sería coherente con lo que llevo pidiendo desde hace muuuuchas semanas… Pero claro, después del mal sabor de boca de The Burning Beekeeper es injusto que llegue un buen capítulo y se le juzgue por algo así. De modo que remataré la entradilla apelando a Victoria y a su famosa predicción: lo de Ted y Robin siendo amigos no puede funcionar jamás. Sí, volvemos al I love you, Robin

Cuando la serie se pone sentimental suele ganar puntos, y esta semana la dosis de cuore ha sido medio-alta, con lo cual podemos decir que el drunk train le pega un acelerón a lo que llevamos de temporada. Episodio de los llamados de trama, donde además de las gracias de turno encontramos los conflictos necesarios para que los personajes avancen. En primer lugar, Robin y Kevin lo dejan; en segundo lugar, Barney se enamora de Quinn; finalmente, como consecuencia de la mencionada ruptura, Ted se declara (y van… ¿cuántas veces?) a la canadiense. Desde luego, no nos podemos quejar de chicha.

Kevin olía a fiambre desde el momento en que ha clavado la rodilla en el suelo. Sabíamos, o intuíamos, que la relación entre el terapeuta y la periodista no iba a durar mucho más, así que al ver el anillo la cosa estaba clara: fin del camino. Como ya ha pasado en otras ocasiones, el personaje secundario muere de una manera bastante amarga, sin tiempo para las despedidas; no me parece mal. Nuestro compromiso es con Robin, y Kevin simplemente ha sido en este episodio una manera de mostrarnos lo clave que está siendo en ella la noticia de su no maternidad. De paso, y quizá metido un poquiiiiito con calzador, exprimimos con absoluta rapidez la soltería de la canadiense para devolvernos al Ted más bobalicón. Sí, me niego a decir romántico. Ted no ha sido nada romántico en ese final, ha sido más bien irreflexivo e inocente. Sobre todo irreflexivo: no es momento de soltar tal bomba atómica, Teddy Bear… ¿Os gusta, por cierto, que se retome esta trama? Creo que todos estaremos de acuerdo en que no hay lugar para muchas vueltas más… de hecho lo más probable es que en el siguiente capítulo ya haya tenido lugar una conversación entre Robin y Ted en la que ella haya puesto las cosas en su sitio. Es decir, mal rollito a la vista. Es decir, lo último que necesita Scherbatsky en su vida ahora que acaba casi de juntar dos pésimas noticias en un corto espacio de tiempo. Repito: bad move, T-Mos… Pero esto es HIMYM, y sabemos a lo que jugamos. Sabemos que si Victoria dice X en el 7×03 es porque pasará Y en algún momento de la temporada.

Curiosamente, quien provoca la locura transitoria de Ted es el otro elemento en la ecuación: Barney. El rubito le ha cogido el gusto a esto de ¿enamorarse o encapricharse? de alguien, y ahora tenemos a una candidata de nombre Quinn porque la que Suit Man bebe los vientos. Una chica de armas tomar que con su breve aparición ya ha ganado, seguro, más adeptos que la espesa Nora. Estoy aún dándole vueltas a ese final en el que la vemos en el Lusty Leopard: ¿cómo es posible que Barney no la reconozca?

En la recámara, Lily y Marhsall, enfrentados en contar las veces que se deben una. Trama de relleno bastante más agradable que la media, me da la sensación. Ha sido realista y graciosa. Y dado pie a algunos de los mejores gags del episodio, con esas rajadas sobre la noche de bodas de los Eriksen-Aldrin.

Pero bueno… todos sabemos dónde anda el meollo de la semana. En Robin y Ted, en la nueva vuelta de tuerca. Debo reconocer que me ha disgustado la manera en que Ted ha sacado lo que llevaba dentro, porque me ha parecido precipitada, atropellada y carente de magia, esa cosilla tan esencial en la serie. Aún así, creo que vistas las últimas aventuras de Ted (Zoey y alrededores) no es tan raro que el arquitecto eche mano del pasado. De su gran relación, que está siempre ahí tan cerca. Al fin y al cabo… ¿no echo mano de Victoria cuando tuvo la ocasión? Con Stella, la otra grande, es más difícil, dado que la historia acabó como el rosario de la aurora. Claro que, como decía antes, la nueva entrega de Robin y Ted durará un suspiro. Entonces… ¿por qué nos hacéis sufrir, guionistas?

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3.5
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