Review HIMYM: Tailgate

Review HIMYM: Tailgate

Ha vuelto How I met your mother (aunque la próxima semana ya nos castigue de nuevo con un parón) y lo ha hecho con un capítulo marcado totalmente por las fechas y por esa tendencia tan de moda que es robarle la voz de narrador a Ted. En esta ocasión le ha tocado a Marshall contarnos cómo van las cosas por Motherland, manteniendo el tonillo de drama que también sigue siendo marca de la casa, pero sin olvidar la cuota de carcajadas. No ha sido un retorno por todo lo alto, creo que estaremos casi todos de acuerdo, pero sí contiene detalles interesantes. Empezando por el Puzzles… ¡grande! ¿Comentamos Tailgate?

Lo primero, el nombre. Y no me refiero a Puzzles, cuyo nombre es una referencia a sí mismo, un bucle infinito de preguntas recurrentes que uno de sus socios fundadores aprovechará para retarte a los dardos o a una disquisición sobre la obra de Joyce. El otro querrá llevarte a la cama… No, me refiero al nombre del episodio; la siempre agradable Wikipedia me revela que el tailgating es una práctica muy común en los Estados Unidos que consiste en abrir la puerta trasera del coche (léase maletero, de ahí lo de tailgate) con el fin de sacar comida y bebida, usarla como mesa improvisada y montarse una barbacoa. Generalmente las tailgate parties se llevan a cabo en los aparcamientos de los estadios, antes o después de un partido de béisbol, fútbol americano, etc. Todo muy yanqui, y también muy del estilo de los Eriksen, ¿cierto?

La trama de Marshall, Lily y sus respectivos padres es la nota sentimental del capítulo. Él visita a su padre en el primer aniversario de su muerte (¿recordáis Bad news?) y ella decide darle una nueva oportunidad de formar parte de su vida. Ambas tramas acaban en final feliz: Marshall se da cuenta de todo lo que ha aprendido de Marvin, de cuánto de parece a él, y se reconcilia con sus hermanos (sinceramente, no he entendido muy bien el motivo de las peleas, los Eriksen siempre han sido muy teletubbies y no termina de encajarme que ante la tumba de su padre se pongan a discutir así, aunque bienvenidas sean las luchas dialécticas que contienen insultos del nivel de turd face), mientras que Lily logra, embarazo mediante, que su padre aparque una convención de juegos de mesa. Parece que el bebé hará que tengamos al señor Aldrin cerca, o que al menos lo veamos un poco más.

Por cierto: ¿hemos dicho adiós del todo a Dowisetrepla? ¿Han abandonado Lily y Marshall Manhattan definitivamente? Si es así, perdonadme pero no me he enterado (o no lo recuerdo, que también podría ser). No me parece mal, los suburbios pueden dar tramas buenas y nuevas, pero como ya dijimos hace algunas semanas corremos el riesgo de tener a los cinco magníficos demasiado separados.

Cinco que siguen siendo seis, porque aunque nos hemos deshecho de Nora sin apenas dejar rastro (off topic: ¿no es maravillosa la manera en que pronuncia la palabra ristretto?), a Kevin no nos lo quitamos de encima. Esta semana no ha molestado mucho, posiblemente porque Ted y Barney le han dado el trabajo sucio del Puzzles. Dios, qué grande el Puzzles. La verdad es que merecía casi un capítulo para él solo, le podían haber dado los 22 minutos al bar. Todo de esta trama me ha encantado: desde el recuperar la mítica escena de We should buy a bar! (con el tablero del Monopoly volando) y al no menos mítico Doug de The Fight, hasta el logo del bar. Un logo claramente inspirado en Cheers, de la misma manera que la canción al piano también es un poco del estilo de la de la serie del bar de Boston (que ya sonó en el mágico Swarley, rememeber?). Pero lo mejor, sin duda, Ted. El Ted pedante, es decir, el Theodore Mosby, es un personaje que me roba el corazón con una facilidad pasmosa:

It’s funny, but it seems each time I read James Joyce’s Ulysses, it’s a different book, begging the question: Has the book changed… or have I?

¡Genial!

Obviamente, la historia de Puzzles, como casi todo gran evento en la serie, no termina con el capítulo, sino que se prolonga en la red. Os dejo con la web oficial del bar, que tiene su gracia, y nos vamos a Robin, cuya historia está también localizada en un NY tomado por la locura del fin de año… y de un Sandy Rivers tan desatado como genial. La canadiense se ve obligada a salvarle los muebles a la cadena para la que trabaja presentando las campanadas, porque el creído de Sandy se ha emborrachado de amor. Sí, una trama tan irreal como divertida, y que nos sirve para saber que a la Scherbatsky las cosas le van a ir mejor en 2012. ¡Nos alegramos por ella! Ha sido un poco triste oír sus quejas casi en directo, pero lo cierto es que el año que cerraba no había sido el mejor para ella… Por cierto: el Ted narrador, que recupera la voz cantante en detrimento de Marshall al final del episodio, dice que lo de Robin presentando ya lo iremos viendo, lo cual eleva ya a niveles alarmantes la cantidad de cosas pendientes que tenemos. A saber, el momento casino entre Marshall y Barney que vimos en, creo, Ducky tie; Ted vestido de mujer en el McLaren’s (¡no recordaba que Lily estaba embarazada, eso quiere decir que lo sabremos pronto!); obviamente, la boda de Barney… y seguro que me dejo alguna que me recordaréis en los comments.

En resumen: capítulo bastante normal salvado, en lo que carcajadas se refiere, por el Puzzles, y en términos generales, por el mono que teníamos de How I met. Echo de menos, ya en serio, que Ted se cuelgue de alguien y volvamos a las tramas de citas. ¿A vosotros os ha gustado?


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