Review HIMYM: Symphony of illumination

Muchas de las veces que me he puesto a escribir una review de How I met your mother me he preguntado lo siguiente: “¿Hasta qué punto tiene sentido darle tal cobertura a una sitcom? ¿No se supone que apenas hay trama, que esto va de reírse y poco más?” Y, por más que sabemos que realmente HIMYM es algo más que una sitcom (la trama de fondo, los flashbacks y flashforwards, el riquísimo universo de autorreferencias, etc), aun así, a veces me creo ese par de frases y pienso que no le hacen falta sesudos análisis (suponiendo que las reviews lo sean, claro está…) Sin embargo, en otras ocasiones queda claro que esta pequeña joya de la CBS se sale del mapa, y de la definición de sitcom. Personalmente no me gusta llamarla dramedia (un nombre horrendo, ¿no créeis?), sencillamente creo que es una serie que toca todos los palos. Fundamentalmente la comedia, claro, pero al mismo tiempo, y gracias sobre todo a la absoluta familiarización con sus personajes, es capaz de arañarnos la coraza. Porque… ¿estamos de acuerdo en que Symphony of Illumination ha sido un capitulazo?

Lo primero, y quizá es una tontería pero al menos a mí me ha venido a la cabeza: Robin queda descartada por cudragésimoquinta vez como mother. Que sí, que estaba claro que la canadiense no terminaba con Ted porque lo habían dicho ya, directa o indirectamente, un porrón de veces. Pero aún así alguno seguía diciendo por lo bajini sí, sí, pero la madre es Robin. Bueno, pues no lo es: Robin no puede ser madre de nadie porque, por desgracia, es incapaz de tener niños. Un palazo para la periodista que queda cruda y perfectamente resumido en su propia frase, en lo que podríamos llamar La parábola del salto con pértiga:

It’s one thing not to want something. It’s another to be told you can’t have it. I guess it’s, it’s just nice knowing that you could someday do it if you changed your mind. But now, all of a sudden, that door is closed.” (Una cosa es no querer algo. Pero otra es que te digan que no lo puedes tener. Supongo que está bien saber que algún día puedes cambiar de opinión… Pero ahora, de repente, la puerta se ha cerrado.)

La réplica de Lily, por cierto, es genial… “¿Y qué tal ese en el que esquías y disparas a la vez?”, refiriéndose al biatlón de los JJOO de invierno. Lo cierto es que resulta un poco raro que la Srta. Aldrin sea tantas veces infalible (Where’s the poop, Robin?) y ahora no vea lo que tiene delante de sus narices… pero también es de entender lo complicado de pensar que a Robin le puede estar pasando eso.

Hablemos de eso. Dejamos a la canadiense embarazada en el cliffhanger del anterior episodio, y adivinábamos que en este se iba a abrir un debate sobre la paternidad: ¿Kevin o Barney? Bien, pues de un plumazo, trama resuelta: Kevin y Robin son vírgenes, así que el único candidato es el rubio. Magnífica escena inicial, por cierto, con él haciendo de nenaza y ella repartiendo castañas (lo cual, por cierto, no es ninguna novedad). ¿Es un poco tramposo hacernos esto? Hombre, realmente sí, porque no solo desvirtúa el cliffhanger del 7×11 sino que deja a Kevin a años luz del centro de atención de la serie. ¿Dónde está este hombre? ¿Volveremos a saber de él? ¿Pasará lo mismo que con Nora, que nunca más se supo? Que conste que firmo ahora mismo

El caso es que volvemos al debate de la entradilla: me da un poco igual que desvirtúen un cliffhanger porque aquí lo que interesan son las risas, pero no dejo de pensar que los guionistas son lo bastante buenos como para esquivar estas tretas. Pero, eh: visto lo visto durante el resto de minutos del episodio, perdonados. Me he reído y me he emocionado con Robin y Ted. Que por cierto, no se han besado. La reacción de ella al irse de casa y despedirlo de su trabajo de reconfortador me ha parecido un acierto. No solo porque ya toca, que también, sino porque además enlaza totalmente con lo que nos quiso decir Victoria allá por el inicio de la temporada. Rodearse de tanto ex es peligroooooso…

En el capítulo trampas del capítulo, valga la redundancia, podríamos también añadir a los niños imaginarios… pero creo que más o menos todos nos olíamos la tostada desde el minuto uno. Al menos nos ha servido para engrosar la estadística de Robin como narradora de los capítulos: suma dos, tras debutar con The Stinson Missile Crisis. De hecho, es la única aparte de Ted que ha ejercido de voz cantante. La trama de Robin, más allá del puntito emotivo, ha sido tremendamente graciosa. Me quedo con muchos gags… pero sobre todo con los momentos en que ella imagina al resto del grupo animándola. Ejemplo:

Impagable Ted consolándola con comida, masajes militares y un ritmo de esclavista al mando de un galeón del siglo XVII. Grandes también el Marshall psicoanalista y la Lily llorona, pero sobre todo, sobre todo, sobre todo… el Barney que cuenta chistes. En serio, me he puesto el chiste del cura polaco y el pato como cinco veces seguidas. ¡Y eso que no sabemos el final! Imaginaos: hasta la caída tonta de luego me ha provocado una carcajada. En general, creo que todo el equipo hoy, los cinco, han estado geniales. Robin ha sido la capitana, pero Lily ha cumplido perfectamente su cometido como hacía semanas que no sucedía. Barney… qué decir del rubio, creo que ha estado sembrado en todas sus intervenciones. Desde el ¿Embarazada? Parece que nadie ha avisado a tus tetas… hasta el baile en la consulta de la Dra. Sonya (¡jajajajaja!), pasando por el flashback de Insane Duane. ¡Es magia! Brutal que ligase con una sola palabra, y brutal que Ted Estopa Mosby estuviese pululando por detrás…

Incluso la minitrama de Marshall me ha gustado. Quizá no era tan relevante como para darle nombre al capítulo, pero a su manera creo que el de Saint Cloud es el mejor personaje para tener pequeñas historias paralelas. Le encaja perfectamente el desafío de las luces, le sienta como anillo al dedo que el hijo del vecino le llame Mr. E… y le queda que ni pintado que le tome el pelo, obviamente. Marshall es el personaje más flexible de la serie, así que cuando es necesaria una historia paralela para aliñar la principal, nadie mejor que él. Detallazo, por cierto, lo de Scott comiéndose un bocadillo

En general, el episodio ha estado lleno de buenos gags y la historia importante ha sido casi redonda. Los responsables de la serie no mintieron: estamos ante una temporada muy Robin. No creo que sea el último episodio tragicómico que tengamos por delante, y me alegro, porque el triángulo Ted-Robin-Barney puede y debe estallar de forma más evidente. Eso sí: Ted siempre será Ted, siempre seguirá siendo Ted. El que un día te monta un concierto azul en tu casa y el que años después, cuando en teoría ya todo está muerto, sigue ahí para felicitarte las navidades con una lluvia de luces al son de Highway to Hell. Tremendo. ¿Estamos o no estamos de acuerdo en que Symphony of Illumination ha sido un capitulazo?


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