Review HIMYM: Splitsville

¡Review de HIMYM! Inadmisible, lo sé, pero me ha costado más de lo habitual encontrar un rato para ver Splitsville, el 8×06 que se emitió hoy justo hace una semana. Un capítulo de línea ascendente, que cierra las tramas de esta primera fase de la temporada: nos deshicimos de Quinn y de Victoria, ahora era el turno de Nick. Carpetazo a los amores externos y momento para que la serie dé un paso adelante en cuanto a lo que hemos venido a buscar, y no me refiero a la mother: risas. ¿Comentamos Splitsville?

Es curioso, pero How I met your mother apenas sabe funcionar cuando la sacas de su fórmula habitual de cinco. Ted, Robin, Lily, Marshall y Barney, no pidas más, no pidas menos. Hay secundarios que sí encajan bien, como la familia de Ted (muy fan de sus padres…), pero casi ninguno de los personajes episódicos ha tenido éxito.

Empezamos con Robin quejándose de que lleva tres días sin acostarse con Nick por culpa de una lesión que ella achaca a Marshall, y es que el abogado ha montado un equipo de baloncesto amateur y fichado a Nick, un portento físico… tanto como desastre intelectual. Ya habíamos intuido anteriormente que el noviete de Robin no era especialmente brillante, pero con las tramas de esta semana la cosa se ha ido de madre: el gag de los gitanos-romaníes ha sido muy grande… Y es que la falta de sexo ha hecho que la canadiense abriese los ojos y se replantease la vida con el chef. Obviamente, la decisión de Robin genera debate. Lily apuesta por el carpe diem: más vale Nick en mano… Claro que la opinión de la profesora está sesgada a causa de su propia falta de sexo; no es la primera vez que vemos a Lily en esta tesitura, y es un papel que me gusta mucho para ella, tanto como cuando aflora su lado lésbico y le tira los trastos a Robin.

Marshall tampoco está muy a favor de que Robin deje a Nick, en su caso porque un bajón moral podría afectar al juego de la estrella de los Force Majeurs. Por su parte, Barney protesta: si es censurable que él se lleve a rubias tontas a la cama, tampoco debería estar permitido que Robin saliese con Nick únicamente por sus abdominales y su papel en la cama. Et voilà, tenemos drama montado. Un drama de los habituales, de los de HIMYM de toda la vida: un problema encima de la mesa y dos bandos enfrentados defendiendo sus opiniones. Classic!

Finalmente es Barney quien tira del carro y le da a Robin el empujón necesario que necesita para cortar con Nick, porque le estaba costando lo suyo… Obviamente, la inclusión del rubio en esta trama, entrando como un elefante en una cacharrería, ya nos adelanta que la pareja Robarney puede estar a la vuelta de la esquina, mucho antes de lo que preveíamos (al menos yo). De hecho, ha faltado casi nada para que se besasen… Supongo que el tonteo durará algún que otro capítulo, pero en menos de lo esperado tendremos de nuevo a Ted como único soltero de la pandilla.

El colofón final es doble: por un lado tenemos el BFF Day de Patrice y Robin, con esas instantáneas impagables de las caras de felicidad extrema de una (ronzado el síndrome de Stendhal), y de #SeñorLlévamePronto de la otra. ¡Explotemos un poco más el filón Patrice, por favor! Por otro lado está el adiós de los T-Squares a su entrenador, Ted; una despedida que, como no podía ser de otra manera, se lleva a cabo en el bar Splitsville… genius!

En resumen: capítulo muy normalito, aprobado raspado si no fuera porque venimos de tocar fondo en semanas anteriores. Un episodio con muy poca chicha, aunque con algunos gags decentes: los gitanos, los delfines, Lily on fire y Patrice. Esperemos que esto sea tendencia y que la vuelta al quinteto original devuelva la serie a sus mejores tiempos, o al menos a tiempos mejores.

MVP de la semana: Splitsville. ¿Un bar para dejar a tu pareja? ¡Cómo no se ha inventado antes!


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