Review HIMYM: Now we’re even

How I met your mother tiene la no demasiado sana costumbre de marcar unos ritmos de emisión anticlimáticos: arraca bien, sigue bien, apenas se detiene en Navidad… pero es llegar la primavera y empezar a sembrar parones. Unos parones cortos, cierto, porque no suelen ir más allá de las dos semanas, pero que a estas alturas de la temporada, cuando se supone que llega la tela que cortar (el bebé de Lily y Marshall, la boda de Barney, ¿la mother?), nos parten por la mitad. Al menos a mí me pasa, que le pierdo el ritmo… y luego claro, tardo dos semanas en colgar la review. Así que si este párrafo te suena a excusa barata, ehem… quizá hayas dado en el clavo. Pero bueno, aún estamos a tiempo de comentar Now we’re even, ¡vamos a ello!

Como decíamos en la pre-review, el título del episodio viene de la sexta temporada, en concreto de The Mermaid Theory, capítulo en que vemos a Ted entrando en el McLaren’s con un vestido de mujer y pronunciado dicha frase, Now we’re even, en alusión a Barney. Merece la pena conocer la historia de esta pequeña y absurda trama, porque tiene miga. A la Wikipedia me remito:

Craig Thomas, uno de los creadores de la serie, y el guionista Chris Harris hablaban en uno de los podcast oficiales de la serie de la situación planteada en The Mermaid Theory. Harris contaba que pusieron a Ted en una situación que fuera un reto para los guionistas, se auto-acorralaron con una trama absurda a modo de reto. ‘Lo único que sabíamos era que Ted tenía que decir esas palabras, Now we’re even, y las tenía que decir en un tono casi de felicidad, pese a ir vestido como iba vestido; el tono, desde luego, no era de vergüenza, sino de triunfo’.

Bueno, pues creo que es justo decir que han salido bastante bien del aprieto, ¿no?

El capítulo plantea tres tramas: por un lado, Ted y el placer de vivir solo, que se mezcla con Barney y su imperante necesidad de hacer cosas que le impidan, precisamente, vivir solo durante el rato en que su novia está trabajando. Porque, recordemos, es stripper. Muy bien llevado: es muuuuy propio de Barney el presumir de algo (se tira los primeros minutos del episodio repitiendo constantemente el empleo de su chica) que en realidad le está haciendo daño. Segunda trama: Lily y su sueño erótico, con Marshall en el papel de Sherlock Holmes; una historia cuya conclusión no es otra que la que resalta Rajit antes de estallar en una genial carcajada histérica, y es que a Marshall se le está acabando el tiempo de cometer locuras, porque Lily empieza a necesitar toda su atención y su paciencia, y porque luego vendrá el bebé. Y finalmente tenemos a Robin y su mal llevado anonimato, que desemboca en una aventura algo inverosímil, pero que en realidad es útil para decirnos que la canadiense y Ted siguen sin arreglar las cosas. Creo que el SMS que recibe ella es lo más soso que ha hecho Ted en estos siete años de serie

Ahora que repaso las tramas creo que Now we’re even no ha sido un mal capítulo, aunque considero que sí ha estado algo por debajo de los anteriores. Lo siento, The Broath va a ser insuperable durante bastante tiempo en mi escala personal… es una debilidad. Sin embargo, hay un par de gags que encumbran este 7×21, y los dos son de Barney:

– The truth is, I’ve spent the last five years trying to inception your wife. – That movie only came out two years ago. – What movie?

– Guys, I was sitting at home last night, and all of a sudden, I had a piphany. And my piphany was this… – Actually, it’s, uh, it’s epiphany. – No, Ted, this is the piphany

¡Mágicos! También ha sido una grata sorpresa recuperar a dos de los grandes secundarios de la serie, Sandy y Ranjit, sobre todo porque los dos han estado muy bien. Por cierto, hablando de secundarios… ¿tenemos nueva camarera en el McLaren’s, o es que yo no me había fijado en ella?

Lo que siempre recordaremos de este capítulo, además del vestido de Ted, son los carteles previos a cada una de las noches legendarias. En total, nueve:

Me han encantado los mariachis, pero sin duda el mejor es el de Phil Collins, Peter Gabriel y Genesis. Desde luego, el que logre hacer eso en el plazo de una noche podrá presumir de legendary night durante el resto de los tiempos. Todo esto no hace sino confirmar la genial química no ya entre Barney y Ted, sino entre Neil Patrick Harris y Josh Radnor. La mecánica del rubio intentando arrastrar al moreno a la vida nocturna sigue funcionando pese al desgaste de las temporadas, y hoy sin ir más lejos se han sacado de la manga como novedad un deliciosamente arbitrario sistema de puntuación. Brutales los 9000 puntos para Ted por acostarse primero con Robin, o los pobrísimos 12 por ¡diseñar el rascacielos! Obviamente, era inevitable que una de las cifras de esta loca escala fuera 83… Mención especial al momento de autoparodia cuando el vigilante de seguridad de la cadena de televisión habla de su grupo de música; el Ted de 2030 hace un amago de lo que ya es una de sus especialidades: aplazar la historia. Sin embargo, se rinde a la evidencia y acaba aceptando que quizá no es para tanto. “Tuvieron una canción, no era mala, y eso es todo.”

En general ha sido un capítulo por encima de la media y que toca algo, muy de refilón, de las tramas que estamos esperando. Nos acerca a los penúltimos momentos del embarazo de Lily, que supuestamente dará a luz en la finale; nos recuerda lo colgado que está Barney de Quinn, y esto ya empieza a oler a boda. Sí, la pregunta de todos es la misma: ¿cómo se entiende ahora que Barney vaya a tener dudas? Supongo que con colocar la boda del rubio en un flashforward todo se puede arreglar… Y respecto a Robin y Ted, poco que decir. Pasan por su peor momento, pero no dudo que terminarán bien. ¿Juntos? No. Bien.


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