Review HIMYM: No Pressure

Si fuésemos personajes de comic, buena parte de nosotros habríamos acabado el episodio anterior de How I met your mother con un nubarrón encima de la cabeza, amenazando truenos y centellas. Síntoma de que el te quiero de Ted a Robin no causó muchos “¡Aaaaah!” de admiración, ni muchos “¡Oooooh!” de ternura, sino más bien muecas de fastidio. Otra vez con lo mismo, otra vuelta de tuerca a aquello que sabemos que nunca será. Y, sin embargo, los guionistas han sido capaces de continuar los hechos de The Drunk Train con un capítulo redondo: No Pressure es la prueba de que la historia de Robin y Ted aún tiene enfoques originales, de que finales como el de la semana pasada pueden, contra todo pronóstico, generar tramas notables. Al fin y al cabo, lo de Robin y Ted sigue siendo, hasta que se demuestre lo contrario, la cumbre del amor en esta serie… con permiso de Lily y Marshall, claro está. 20 minutos después del te quiero en el tejado casi tenemos un cierre para la historia de la periodista y el arquitecto. Y Ted puede empezar, de verdad, a buscar a la madre. No pressure, Teddy Bear

Posiblemente la mejor conclusión del capítulo es la que sacamos ya en el minuto cero: que el siguiente I love you de Ted es para la madre. Ahí la volvemos a ver, esta vez con el tobillo tapado, a las puertas de un cine, cobijada por un paraguas amarillo, quizá a punto de entrar a ver The Wedding Bride III (¡gran trilogía, Jed Mosely!), quizá justo después de salir de verla. No hay fecha, claro, pero al menos tenemos una referencia. Repito: el siguiente I love you de Ted es para la madre. Se acabaron las medias tintas, se acabaron los parches, se acabaron las aves de paso. Incluso podríamos decir que se acabó Robin… aunque Marshall nos lo impide con ese not yet final. ¡Aaaaaarg! ¿Tanto costaba cerrar el círculo bien? ¿De verdad hay margen para dejar la puerta entreabierta?

La parte buena es que aunque esa puerta sigue abierta para nosotros, para los espectadores (bueno, y para Marshall, que se niega a perder su apuesta), para Ted queda cerrada, y se abren nuevas decenas, todas ellas portadoras del icónico paraguas amarillo. Preciosa escena final en la que Ted se mezcla con un mar de potenciales mothers bajo la lluvia al ritmo del Shake It Out de Florence and the Machine

Robin-Ted, game over. ¿Robin-Barney? Aaay, rubito… Barney pasa por ser el personaje más transparente de la serie: no se avergüenza de mostrarse como mujeriego, de intentar por todos los medios acostarse (o al menos ver en acción) a la esposa de uno de sus mejores amigos (¿soy yo o la obsesión de Barney por Lily va en aumento?), de lucir su alterada escala de prioridades, en resumen. Pero cuando toca hablar de sentimientos (y de trabajo, no olvidemos que aún desconocemos de qué trabaja) la cosa cambia, y Suit Man es de lo más opaco. En este capítulo parece haber renunciado definitivamente a Robin, aún sabiendo que la canadiense lo ha dejado con Kevin. ¿Cuánto tardarán en volver a besarse? ¿O quizá Quinn tenga algo que decir en todo esto? Recordemos que en el episodio anterior Barney se quedaba prendado de una rubia que luego resultaba ser una stripper, y a la que parcialmente hemos perdido la pista esta semana. Más madera, en cualquier caso, para el triángulo amoroso por excelencia de HIMYM.

Además de las consecuencias a largo plazo, que son la teórica ruptura definitiva entre Robin y Ted, tenemos otra a muy corto plazo: Robin se tiene que mudar. No es Ted quien se lo pide, Ted se cortaría un brazo antes que hacer eso; Ted le iluminaría toda una habitación con bombillitas antes que hacer eso… Pero Marshall se echa el equipo a la espalda e intercede por su mejor amigo, diciéndole a Robin que debe dejar el mítico apartamento. Aires nuevos para la canadiense, y también para Ted, que seguramente tendrá inquilino/a nuevo/a, ¿no creéis? Al hilo de las bombillitas, tengo que decir que ha sido genial volver a ver algunos momentos de la temporada, como el ya mencionado o como los pétalos de Barney.

La trama ligera de turno esta vez no lo ha sido tanto. A Lily y Marshall les han pillado con el carrito del helado, descubriendo su hobby secreto: las apuestas. Pero no las apuestas de peleas de gallos, o de cuántos goles marcará el Sporting en su visita al Sardinero, o de… nono, apuestas sobre el resto de miembros del grupo. Me ha encantado la de la muerte de Barney, por cierto… ¡yo también creo que morirá asesinado, le pega mucho! Es vez, decía, la trama ligera no lo ha sido tanto porque ha servido para aderezar la trama principal, y de paso para seguir insistiendo en la búsqueda por parte de Barney del desnudo, parcial o integral, de Lily. Realmente, ahora ya no lo pregunto, lo afirmo: la obsesión de Barney por Lily va en aumento. Estuvo a punto de cazar sus pechos ya durante el arranque de la temporada y ahora ha rozado el palo. Por suerte o por desgracia para él, Marshall ha sido un tremendo rival psicológico (“¡tengo más estrías que un elefante!”) y ha podido con el afán voyeur del rubito. ¿La víctima? El VCR de Ted…

Como siempre que tiran de videoteca, los responsables de la serie me ganan con esas imágenes del pasado, con esos momentos mágicos y ya nostálgicos (véase última imagen). También con los detalles: The Wedding Bride III en el cine, o el baile de Barney en el coche yendo a la boda de Stella y Ted… ¿identificáis la canción? Me he reído bastante, sobre todo con Barney. El momento Charlie Brown / tetas de Lily ha sido brutal, y también las cotizaciones sobre piercings ocultos y genitales depilados. Para los yanquis supongo que también ha sido divertidísimo el cameo del humorista Conan O’Brien, al que vemos muy fugazmente en el MacLaren’s, aunque en nuestro caso poco jugo le podemos sacar… En resumen: gran capitulo. Me apuesto lo que sea a que no ha sido la semana de más risas de la serie, pero creo que a todos nos gustan los episodios así… ¿me equivoco?

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