Review Hannibal: Trou normand

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El calvados es un aguardiente que se obtiene por destilación de la sidra y es producido exclusivamente en la región de Normandía, en Francia. El tradicional trou normand consiste en tomar una copita de calvados entre los platos más copiosos de la comidas. Esta tradición se debe a que antiguamente las comidas festivas eran muy largas y contaban con varios platos de carne; la copita de calvados facilitaba la digestión y estimulaba de paso el apetito. En la gastronomía normanda actual, se suele servir un sorbete de manzana o de pera, acompañado o no de calvados, después de las carnes. Y es que viendo lo ocurrido en este Trou Normand, más de uno necesitará ese chupito entre pecho y espalda.

Empezaremos por lo que vienen siendo las partes más flojas de todos los episodios. El killer-of-the-week. Y aunque hayamos disfrutado de la breve aparición de Lance Henriksen (todos en pie, es el puto Lance Henriksen), la historia del tótem no se aguantaba por ningún sitio. No es que no me guste la idea de utilizar un poste totémico como historial de un asesino, es que una vez más, era imposible que pudiera haber montado tal numerito él solo y sin ser visto por nadie. La excusa de una playa desierta en invierno no cuela. Montar tal percal le habría llevado horas, sino días. Prefiero mil veces que los asesinatos sean más normalitos. Entiendo que en Hannibal son espectaculares por naturaleza, pero para mí han rizado el rizo. Además, la grandiosidad de los crímenes se ve empañada por el desarrollo de los mismos. ¿Para qué sirve tanto artificio si no conocemos al artista? Lance Henriksen, con su única escena, con su mirada desafiante, con su voz tranquila, nos recuerda irremediablemente a su Frank Black de Millennium, ése profiler que podría ser el abuelo de Will Graham si no fuera porque aquí lleva más de treinta años matando a diestro y siniestro (hijo secreto incluido). Su frase “I had every reason to kill the others; they just had no reason to die.” quedará para el recuerdo. Una pena que no haya dado para más y que espere en su sofá a que lo lleven al asilo para psicópatas.

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Así, con el caso resuelto de antemano, se han podido centrar en lo realmente importante. Abigail Hobbs. Todo ha girado a su alrededor. Freddie ha vuelto para ofrecerle escribir un libro sobre su historia. Y es que Abigail quiere pasar página y para eso necesita dinero. Algo que conseguiría fácilmente si contase su versión de la verdad. Algo a lo que Hannibal y Will se oponen enérgicamente por distintos motivos. Hannibal teme que su secreto salga a la luz. Will teme que Freddie se aproveche y que Abigail pierda la oportunidad de vivir una vida tranquila apartada de los focos de la fama y los medios. Y es que Jack Crawford sigue con la mosca detrás de la oreja. Sigue pensando que Abigail colaboró en los asesinatos de su padre. Algo que se magnifica con el descubrimiento del cuerpo de Nicholas Boyle. Aunque no nos hayan mostrado su cara, queda claro que quien desentierra el cadáver es Abigail. Crawford la interroga con Alana defendiendo no ya a la muchacha, si no al juicio de Hannibal. Porque… ¿qué interés tiene el buen doctor en mentir sobre todo esto?

Will, por su parte, sigue en su particular purgatorio. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, como diría tío Ben. Y su poder se le está yendo definitivamente de las manos. Ha empezado a perder tiempo. Y a dar clases imaginarias. Y tiene visiones, es sonámbulo y oye voces. Está nuevecito, pa estrenar, vaya. Normal que Alana le suelte que no es que no le quiera, es que está más allá que acá y que mientras eso ocurra, no se va a comer un colín con ella. El único que parece entenderle, como siempre, es Hannibal. Pero Will, aún tocado, no está hundido y descubre que Abigail es culpable. Y que Hannibal la ayudó. Y ahí, esa fuerza magnética de polos opuestos de un mismo imán aparece para quedarse. Sus líneas de fuerza, en principio contrarias, se encuentran en un mismo punto central común. Abigail. Will habría podido descubrir a Hannibal, pero no lo hace ya que significaría el fin para su protegida. Hannibal deposita no sólo su mano en el hombro de Will, si no su entera confianza y su oscura influencia. Sea el que sea el destino del buen doctor, a partir de ahora, Will ha aceptado compartirlo.

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Tras una cena en casa de Lecter donde descubrimos que Freddie es vegetariana (o eso o sabe de qué tipo de carne están hechos los platos del doctor) y donde por fin Will se sienta a comer, Abigail confiesa a Lecter su implicación en los crímenes de su padre. El buen doctor la conforta y le asevera que ella no es más que otra víctima y que Will y él la protegerán y la ayudarán en todo lo que puedan. El bromance del año ha evolucionado. Ahora, Will y Hannibal son pareja de hecho con hija adoptiva y todo.

A cuatro episodios del final y aún sin noticias de NBC, sólo podemos rezar por una segunda temporada (a poder ser en una cadena de cable, libre de prejuicios y censuras) y para que el romance Hannibal-Will se mantenga un poco más. ¿Qué queréis que os diga? Aún sabiendo quién es el doctor Lecter, estoy de su parte. Será que me atraen los psicópatas.

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