Review Hannibal: Sorbet

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Un conejo oscuro y siniestro le espetaba a Donnie Darko, “Why are you wearing that stupid man suit?”. Pues bien, Hannibal se ha puesto sus mejores galas como hombre para prepararnos un banquete de lo más suculento. Con sorbete incluido entre plato y plato de casquería humana. Porque con este séptimo capítulo por fin hemos podido saborear con detalle sus ya famosos eventos gastronómicos. Y podemos asegurar que ningún plato era apto para vegetarianos.

En un episodio que centra prácticamente todo su metraje en el doctor, hemos podido ver cómo se emociona en una noche en la ópera, cómo recibe la visita de un paciente obsesionado con él, cómo tontea con Alana, cómo asesina y descuartiza buscando en su rolodex a profesionales a los que desprecia por una razón u otra y les extirpa diferentes órganos que conserva al vacío, cómo hace salchichas, cómo visita a su psiquiatra y desvía la atención de Will y Jack del Chesapeake Ripper, cómo de ordenado tiene su libro de visitas y qué preciosa y cuidada caligrafía tiene su libro de recetas. Pero admitámoslo. Lecter se siente solo. Quizá incluso esté aburrido. ¿Qué necesidad tiene de preparar una de sus cenas pantagruélicas ahora que Will está empezando a sospechar de él? Porque admitámoslo también. Graham lo sabe. En algún recóndito lugar de su maltrecha psique, lo sabe. Pero aún no ha hecho click. O quién sabe. Quizá para Hannibal este no sea más que otro de sus juegos. Pero lo dudo.

Lo dudo porque es evidente que todos en esta serie están o se sienten solos. Pasando por Jack, atormentado por la enfermedad de su mujer y la muerte de su protegida, Will, que vive tras unos altos muros que él mismo ha construido, Alana, que intencionalmente inhibe sus (obvios) sentimientos por Will, hasta su patético paciente Franklin, que sueña con ser amigo de Michael Jackson para ser capaz de rozar su grandeza. ¿Y no es eso lo que quiere todo el mundo? ¿Ser apreciado? ¿Querido? ¿Tener un amigo, no estar solo en este sucio mundo? Parece ser que la visita del stalker ha conmocionado más de lo previsto a Lecter, quién se ha visto en la necesidad de visitar a su antigua psiquiatra (todos en pie, es Gillian Anderson), quien le dispensa el mismo trato. Son colegas, hace tiempo incluso fueron doctor y paciente, pero nunca han sido amigos. Ouch. Aún así, y aunque la doctora se retiró, sigue viendo a Hannibal por pura curiosidad científica. Sabe que lo que ve no es más que lo que Lecter quiere que vea, un traje humano magníficamente cortado.

gillian

Así que con el culo un poco torcido, y tras haber llenado la nevera de provisiones, Lecter espera la visita de Will. Pero Will está demasiado ocupado teniendo sueños y/o visiones algo perturbadoras en las que sentado frente a frente con Abigail Hobbs y con una chica ensartada en cuernos de ciervo por en medio, Abigail le llama papá. Ok, eso me ha dejado más mal cuerpo que el despiece de los órganos. En fin, que el caso de la semana se resuelve de nuevo en un periquete gracias a las observaciones de Lecter, quién apunta que el asesino está recolectando órganos para el mercado negro. Es obvio que cada vez los casos de la semana importan menos, aunque en ésta ocasión haya servido para que Will mire con otros ojos al doctor cuando salva a la última víctima. Por cierto, otro sublime guiño a El Resplandor, con el baño verde donde encuentran a la primera víctima. ¡Ojo avizor!

Sólo nos queda comentar las visiones de Jack, primero imaginando escuchar el móvil a un brazo pegado de Miriam sonando dentro de las cámaras frigoríficas y luego viendo a Will muerto, autopsiado y con un brazo cortado. ¿Alguien dijo premoniciones, miedos, sentimientos de culpa? Muy avispado no ha sido llevándose a Lecter a cazar al asesino y enseñándole maneras para perseguir a criminales, la verdad. De hecho, para ser el jefe de los profilers, no es que haya hecho mucho hasta el momento… Vamos Jack, ¡recupera el control! Dejo para el final la escena más sorprendente, interesante y la que más me ha gustado. Lecter charla con Alana animadamente en su cocina, mientras prepara su cita gastronómica. Hemos visto complicidad, flirteo, amiguismo, sonrisas e incluso una cata de cerveza artesana. Hannibal quiere saber qué demonios pasa entre Alana y Will, algo de lo que no soltará prenda la doctora, quién se irá por los cerros de Úbeda recordándole a Lecter que muchos de sus compañeros pensaban que ambos habían tenido un affair. Oy oy oy, que dirían en mi pueblo. Aquí huele a pasado, a triángulo amoroso, y si no, al tiempo.

will wine

El episodio termina con la visita rápida de Will, que trae vino para el buen doctor, quién lamenta que no se pueda quedar a cenar. En otra ocasión, remata Will. Esperamos que en ésa ocasión, Will siga fuera del menú. Y que NBC no cancele una serie que disfruta de una fotografía impresionante, de unas interpretaciones sublimes (debo decir que Mads Mikkelsen está empezando a comerse a Hopkins) y de una calidad de producción que supera a la media. ¡Larga vida al caníbal!

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