Review Hannibal: Rôti

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Identidad. Memoria. Manipulación. Conciencia. ¿Quiénes somos? Y… ¿por qué lo somos? ¿Seríamos diferentes si hubiéramos nacido en otro lugar, si hubiéramos sido educados de manera diferente? ¿O podemos ser quienes somos sin ser manipulados por nuestro entorno? ¿Es posible ser real y auténtico, fiel a uno mismo sin ser dirigido o influenciado por nadie? Lo cierto es que no sólo está asado el título del episodio, si no parte del cerebro de Will y por qué negarlo, parte del nuestro, también.

Los humanos somos considerados animales gregarios por naturaleza, necesitamos del apoyo y del reconocimiento de los demás. Según Maslow y su pirámide, sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de todas las personas. Y no olvidemos que dentro de las necesidades básicas se incluyen los instintos más primarios. Aquellos que entran dentro de la supervivencia y la autopreservación. Una vez eso queda cubierto, el individuo puede dedicarse a buscar la amistad, el amor, el reconocimiento, la autorealización. Algo para lo que se necesita ser socialmente capaz y aceptado. Algo que a los psicópatas no se les da muy bien. Según el postracionalismo, el sí-mismo es un proceso de construcción de sentido que dura todo el ciclo vital, donde se hace la distinción entre el Yo y el Mi, que vienen a ser los dos niveles de procesamiento de la experiencia humana. El Yo viene a ser el sentido corporal-emocional del sí-mismo, quién experimenta momento a momento. El Mi es el nivel semántico de la experiencia, que observa, evalúa y se explica, construyendo el conocimiento explícito del sí-mismo y de la realidad. El sujeto, entonces, para mantener su coherencia interna, requiere dar y darse continuas explicaciones sobre sí mismo y el mundo.

¿Puede una persona como el doctor Gideon ser manipulado? Para Jung, la persona era el rostro social del individuo, que presenta al mundo una especie de máscara diseñada por un lado para dar una impresión clara sobre los demás y por otro para ocultar la verdadera naturaleza del individuo. ¿Ha creído Gideon, en algún momento, que realmente era el Chesapeake Ripper? ¿O se ha dejado llevar por la ilusión de haberlo podido ser? Si Hannibal repite ad nauseam a Will que padece una enfermedad mental, tarde o temprano, con su cerebro frito, Will le acabará creyendo, si no lo ha hecho ya. No podemos olvidar que todos los personajes (y todas las personas, incluido tú, lector) manipulan de una manera u otra, aunque por supuesto, a diferentes niveles. Algunos resultarán más persuasivos, otros más coercitivos, otros quizá pasen más desapercibidos, pero lo cierto es que todos muestran cierto egoísmo moral.

viviseccion

Este episodio nos ha regalado una imaginería más sutil que un poste totémico, y a la par, más aterradora. Corbatas colombianas, donaciones al banco de sangre, vivisecciones humanas y alucinaciones acuosas. Por no mencionar los órganos colgados de un árbol a lo celebración navideña. Alegrados por la vuelta del doctor Chilton, nos enfrentamos a su secuestro por parte de Gideon, quien se ha escapado para perpetrar su venganza en todo aquél que haya jugado con su cerebro. Como auxiliar de quirófano tiene a Freddie Lounds, quien parece impertérrita ante tal carnicería. Qué manera de saber estar. Nervios de acero. O gustillo, vicio puro por la casquería. Porque vamos, ni un pestañeo. Me ha gustado que volviéramos a saber de estos tres personajes, que parecían haberse quedado relegados por los más espectaculares (y vacíos) asesinos de la semana. Además, este arco nos devuelve tras la pista del Chesapeake Ripper, Hannibal, que quien como bien dice Will a Alana, no dudaría en asesinar a Gideon por haber osado hacerse pasar por él. Y es que el buen doctor, como siempre, cumple un rol crucial en todo esto.

Will, por su parte, está cada día peor de lo suyo. Tiene tanta fiebre, que su cerebro se está derritiendo, literalmente. El tiempo se diluye hasta desaparecer, el muro de hielo que le protegía, su escudo, se está partiendo y fundiéndose en un mar desolado de locura. Ya no hay nada que le proteja de lo que más teme, ése imponente macho cérvido que le persigue, ése Garret Jacob Hobbs que amenaza con engullirle entero. Alucinar cornamentas y sudar más que en un baño turco siguen sin parecer preocupar a Jack o a Alana (venga ya, ¿el chico que te gusta está ardiendo y visiblemente enfermo y lo único que le recomiendas es que se tome una aspirina?) lo suficiente como para enviarlo a urgencias. Ten amigos para esto. Así que Will, notablemente en las últimas, confunde a Gideon con Hobbs y se lo lleva de regalo a casa de Hannibal, donde el buen doctor no le ayuda demasiado, ya que le hace creer que ahí no hay nadie más. Y boum, el cerebro de Will arde. Es curioso como alguien puede tener un ataque y quedarse clavado como una estaca. Yo me habría esmorrado contra el suelo, pero el bueno de Graham mantiene el tipo mientras Lecter le hace saber el paradero de Alana a Gideon, quien se marcha encantado. Al recuperar Will la conciencia, Lecter sigue manipulándole al dejar las llaves y la pistola a su alcance. Una vez más, bien jugado, doctor, bien jugado.

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Al llegar al rescate de su damisela en peligro, Will encuentra a Gideon, a quien dispara, antes de caer él mismo desmayado. ¿Era consciente de que estaba disparando a Gideon? ¿O pensaba que era la sombra que no puede quitarse de encima? Si fuera así, podría decirse que se ha disparado a sí mismo, a su enfermedad, a su locura, a su killer within. Tras eso, y en una charla más bajo el calor de un buen cognac, Hannibal afirma que el permiso de armas de Will debería ser revocado. Algo que Jack, aunque confíe en la recuperación de su agente, debería sopesar ya que loco o no, no es seguro tener a alguien armado y alucinando por ahí. El episodio termina con una breve visita a nuestra querida doctora Du Maurier, quien le recuerda a Lecter que no puede ser amigo y doctor de Will y a la vez pretender que no le pasa nada. ¿Soy la única que parece ver a la doctora Bedelia como reflejo del mismo Hannibal?

Sea como sea, y tal y como están las cosas, Will tiene que recuperarse, debemos volver a ver a Abigail Hobbs, saber algo más sobre Miriam Lass o el Chesapeake Ripper, recuperar a Georgia Madchen e intentar que Hannibal no se descubra. Casi nada. Y sólo dos capítulos. Me alegro de que Hannibal haya sido renovada.

Nota del autor
4
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11 comentarios

  1. Jorge

    La doctora Bedelia solo está en la mente de Lecter. Creo que era su antigua siquiatra y al descubrir al monstruo la mató.

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