Review Hannibal: Fromage

trombonist

Las relaciones humanas, qué cosas. Qué bien afinados deben estar los sentidos para poder tocar juntos en la misma sintonía. Sólo hace falta una nota discordante para romper el hechizo, para no ser más que un instrumento desafinado, aislado, abandonado por la orquesta. Y en Hannibal están especializados en ser artistas solistas. Este plato de Fromage no ha hecho más que seguir subiendo el nivel de una serie que empezó con paso vacilante y ha ido cogiendo más y mejor forma.

Will repara en su casa un motor de barca (guiño, guiño) cuando escucha como un perro parece herido cerca de su casa. Confundido, sale a buscarlo, pero no encuentra nada. Llama a Alana para que le ayude en su búsqueda. A estas alturas está más que claro que Will está perdiendo la cabeza, pero Alana le sigue el rollo pensando que quizá no sea más que una excusa para estar juntos. Más tarde, Will vuelve a escuchar ruidos dentro de su chimenea, pero su reacción es algo más radical. Se lía a martillazos para descubrir que ése ruido sólo existía en su cabeza. Alana regresa a verle y la tensión sexual no resuelta puede con Will, quién acaba besando a la doctora Bloom. Ella, sin duda, está interesada en Graham, aunque quizá de una manera más profesional que personal. Le gusta, está claro, pero le puede más la curiosidad. Alana rechaza a Will dejándole claro que si estuvieran juntos ella le acabaría tratando como a un sujeto de investigación. Ouch.

alana

El killer-of-the-week está directamente conectado con Sorbet, ya que resulta ser Tobias Budge, el amigo de Franklin, el paciente stalker de Hannibal. Y es que al bueno de Tobias le gusta hacer cuerdas con catgut humano. Regenta una tienda de instrumentos de cuerda y posee un gusto exquisito por la música y los acordes entre notas convencionales. Y es que las cuerdas hechas con intestino animal (tranquilos, aunque se llame catgut, normalmente suelen ser de cabra u oveja) son apreciadas por su sonido cálido, con harmónicos más complejos y utilizadas por intérpretes de música antigua y clásica. No es de extrañar, pues, que en su búsqueda de notas poco convencionales, ejecute al trombonista de la filarmónica local. Le inserta un mástil de violoncello en la garganta y le disecciona la tráquea para dejar a la vista y poder tratar sus cuerdas vocales, convirtiéndolo en el instrumento orgánico definitivo. En este punto, y por ser un poco quisquillosa, no creo que Tobias quisiera tocar, ya que las cuerdas vocales, aunque sean llamadas coloquialmente así, no son cuerdas, si no pliegues. Creo que simplemente Tobias quería llamar la atención, enseñarle a Hannibal qué era capaz de hacer.

Y ha sido obvio que Franklin ha entregado el mensaje de maravilla, ya que Hannibal se ha presentado en la tienda de Tobias y bajo un velado intercambio de presentaciones y alegorías estupendas sobre quién es el más esnob, Tobias ha acabado cenando en casa del doctor. Allí ha desvelado sus cartas. Quiere ser su amigo. ¡Ay, la amistad! Ya todo se comprende. Y aunque Lecter sepa que comparten la misma visión del mundo, aborrece la idea de tener a otro psicópata de amigo. Tiene gracia cómo todos deseamos encontrar a alguien que nos aprecie y cuando eso ocurre, con qué egoísmo e hipocresía los rechazamos cuando no los creemos merecedores de nuestro afecto. Pero es que Hannibal ya sabe a quién quiere de amigo. Will. Un Will que llega emocionado y nervioso como un adolescente a casa del doctor para traerle la confusa buena nueva de que ha besado a Alana. Hannibal, sabiendo que debe quitarse a Tobias de encima, manda a Will en su busca.

maurier

Volvemos a ver a la radiante doctora Du Maurier, interpretada de manera brutal, como siempre, por Gillian Anderson. Descubrimos más de su pasado gracias a Hannibal, quién le recuerda que se retiró por haber sido atacada por un paciente. Lecter confiesa que ha encontrado a alguien con quien podría mantener una amistad, alguien que aunque no comparta sus puntos de vista, los entiende, alguien merecedor de su amistad y de lo que es más importante, su confianza. Mientras tanto, Will visita la tienda de música donde vuelve a tener alucinaciones auditivas y podemos verle tragando pastillas como si fueran gominolas. Ay, Will, no es que estés inestable, es que estás al borde del precipicio. Descubre el sótano a lo Buffalo Bill de Tobias y es atacado por éste con unas cuerdas, pero se defiende pegándole un tiro que le arranca media oreja.

Tras esto, la escena vuelve a centrarse en el despacho de Hannibal, donde un Franklin indignado no se toma muy bien lo de que Hannibal no quiera ser más su psiquiatra. Aparece Tobias, quien admite que ha matado a dos policías que han ido a buscarle. Franklin, en una vuelta de tuerca, ejerce de negociador, intentando calmar los ánimos. Pero es demasiado tarde. Hannibal cree que Will está muerto. Harto de la palabrería de Franklin y sabiendo que el enfrentamiento con Tobias es inevitable, decide matar a Franklin y eliminar testigos. Empieza entonces la pelea de los dos psicópatas. Como en Los Inmortales, sólo puede quedar uno. Y bueno, la serie no se llama Tobias, ¿verdad? He disfrutado de la lucha, aunque mucho más de los sutiles detalles, como por ejemplo la cara de wtf que ha puesto el doctor cuando ha visto que Tobias empezaba a darle vueltas a la cuerda. Me ha hecho reír sobremanera, con un Lecter digamos que poco entrenado para la lucha cuerpo a cuerpo contra el ninja afinador de pianos. Que Lecter acabase con él estrellandole una figura de un ciervo (igualito al que se imagina Will en sus visiones) en la cabeza me ha parecido de justicia poética. Por ponerle una pega, diré que al matar a Franklin a mano descubierta, sus huellas le delatarán a menos que las haya limpiado fuera de cámara, después de la pelea.

El episodio se cierra con la más interesante, aunque breve escena de todas. Jack Crawford y Will se personan en el despacho de Hannibal, donde un alicaído y herido Lecter es sorprendido por un Will vivito y coleando. Los ojos de Mads lo han dicho todo. Se le han llenado de lágrimas. Y alegría. Will le ha correspondido, disculpándose por haberle metido en “su mundo”. Pero Hannibal, como bien le contesta, ya lleva tiempo allí y sobretodo, aprecia la compañía. Will no deja de sorprenderle. Jack no acaba de creerse la historia de Hannibal. Y eso traerá problemas, por descontado.

ojos tiernos

Un magnífico capítulo lleno de matices para Hannibal y Will, donde podemos atisbar la magnitud de la tragedia que se le avecina a Graham, con sus visiones del Minnesota Shrike, sus pastillas, sus alucinaciones auditivas, su fusión con las mentes de los asesinos, pero sobretodo, su incipiente amistad con el doctor Hannibal Lecter. ¿Están destinados a encontrarse? Todo héroe necesita su villano, ¿pero cuánto tiempo más podrá el doctor guardar su oscuro secreto? Y Hannibal, con sus altos muros de protección construidos, con su perfecto traje de humano puesto, ¿podrá resistir la tentación y mantenerse alejado de Will? No lo creo. Bromance y del bueno.

Me muero de hambre por un nuevo plato de Hannibal. ¿Quién está conmigo?

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