Review GotA: Past Transgressions

Las primeras palabras de Spartacus: Gods of the Arena sólo pueden ser para el hombre que ha hecho grande el nombre de Spartacus en Starz: Andy Whitfield. El actor australiano, al que hemos visto fugazmente en el previously de Past Trangressions, está luchando contra el cáncer “como un verdadero campeón”. Eso nos cuenta Steven S. DeKnight, creador de la serie, que también pide respeto a la privacidad del actor en estos duros momentos: “Andy, por supuesto, está siendo muy reservado sobre su situación y lo que está pasando junto a su familia”. Por su parte, Manu Bennett (Crixus), al que también hemos visto en el piloto de la precuela de una forma inesperada, sigue dando motivos para la esperanza: “todas las informaciones indican que Andy está muy animado y que está luchando con la misma fuerza con la que combatió en la serie“. Le deseamos toda la suerte y ánimo del mundo. Y ahora, vamos a por Gods of the Arena…

Visto Past Transgressions más de uno se pregunta por qué esta precuela de seis episodios no se llama La vida del lanista en lugar de Gods of the Arena. Y es que no cabe duda que la estrella que más brilla en la ciudad de Capua es la de John Hannah, Batiatus, un personaje capaz de convertir una serie cargada de violencia y sexo gratuito (no nos rasguemos las vestiduras), en un producto imprescindible. Claro. Claro que influye la original puesta en escena de Spartacus, esa estética única en la parrilla televisiva, la curiosidad por conocer la histórica figura de este líder que se rebeló contra el imperio romano o la presencia no menos importante de Lucy Lawless, magnífica hasta cuando parpadea, pero John Hannah actúa en sinergia con todo esto, haciendo que el efecto producido por la acción de los elementos sea superior a la suma de esos elementos. Gods of the Arena nos ha presentado a Gannicus y nos enseñará el crecimiento de Crixus o la conversión de Oenomaus en Doctore, pero por encima de todo nos mostrará la habilidad, fortuna y falta de escrúpulos de Batiatus para convertir su roñoso ludus en uno de los referentes de la ciudad, aunque podamos decir que al final de Past Transgressions, literalmente, se le han meado en la cara.

Gods of the Arena es, pues, la historia de The House of Batiatus antes del éxito de dos campeones como Crixus y Spartacus. En su lugar, como representante de las fuerzas de Quintus Lentulus, encontramos a Gannicus, el Spartacus de Gods of the Arena. Y le doy ese calificativo únicamente por su figura de líder, porque por lo que respecta al carácter son la noche y el día. Gannicus es un insolente y orgulloso gladiador que no lucha por el honor de Batiatus ni por el suyo propio, perdido en el fondo de alguna botella de vino, sino por supervivencia, por el clamor popular y, aunque todavía no lo conocemos demasiado, creo que también lucha por diversión. Gannicus se presenta entrando en la arena con los brazos en alto y con una sonrisa en la cara, muestra inequívoca de que se siente a gusto entre espadas, sangre y mujeres que quieren pasar una noche a su lado. Y de su mano, la serie nos recuerda que no se corta un pelo a la hora de hablarnos de violencia. Gannicus desoye al Batiatus (do not kill him!) y empieza el baño de sangre de la precuela:

Gannicus disfruta de la batallaGannicus disfruta de la batalla

El destino de Gannicus irá unido al de Batiatus, ya que la supervivencia del uno supondrá el éxito del otro. En Past Transgressions ambos se anotan el primer tanto ante Vettius, el joven archienemigo de Batiatus en Gods of the Arena y rival lanista, al que humillan públicamente con la victoria de Gannicus a ciegas (¡impresionante!). Es pronto, insisto, para sacar conclusiones, pero Gannicus me recuerda a esos futbolistas jóvenes con aptitudes inmejorables para practicar deporte, pero con un cebrero más pequeño que el de una hormiga. Su brillante victoria con los ojos vendados es una muestra de su potencial, que seguro exprimirá el inteligente Batiatus para seguir creciendo. Aunque al final del episodio Tullius, el poderoso hombre que Batiatus querría ser, ayude a Vettius a recuperar su honor. Queda claro que Batiatus tiene muchos enemigos en esta lucha por obtener poder y reconocimiento social. Y todo lo que quiera conseguir, lo tendrá que hacer a través de la arena. Para empezar, de forma inconsciente aunque evidenciando su olor para los negocios, se ha hecho con un esclavo rebelde, un galo llamado Crixus, ¿os suena?

La relación que vimos en Spartacus: Blood and Sand entre Crixus y Batiatus tiene su origen en esa escena en la que el lanista paga 50 dinares por el esclavo. Desde ese momento, Crixus se siente en deuda con Batiatus. Y lo demostrará en cada uno de sus combates hasta convertirse en the champion of Capua. Crixus, por cierto, está en la misma situación que Spartacus cuando llegó al ludus. Y el papel de Varro, en este caso, lo ocupa un joven y sano Ashur, que todavía disfruta del sabor de la arena y de la movilidad de sus piernas. Me encantaría que viéramos la meteórica transformación de Ashur, ya que en Past Transgressions no es más que un aspirante a gladiador y cuando arranca Blood and Sand se ha ganado por completo el favor de Batiatus. En cualquier caso, tanto él como Crixus y Barca han tenido un papel testimonial en el arranque de la precuela, que han dominado las espadas de Gannicus, la pena del Doctore, la lengua de Batiatus y las tentaciones de Gaia.

¿He dicho la pena del Doctore? Me refería a la pena de Oenomaeus, un nombre tan complicado como extraño para la figura del Doctore de Blood and Sand, gladiador retirado en la precuela. Estamos en esa época en la que Oenomaeus ya ha luchado contra Theokoles y se ha recuperado de las heridas sufridas por el gigante. Y quiere volver a la arena. La figura de Gannicus lo eclipsa, pero además el Batiatus no está por la labor. En su voluntad por romper con las formas de su padre y de su hambre de gloria, Batiatus no está demasiado contento con la figura del actual Doctore. Así que Gods of the Arena, posiblemente, nos enseñará la complicada transición de Oenomaeus, que se verá obligado a aceptar que ha perdido su condición de Champion of Capua y que es el elegido por Batiatus para coronarse como Doctore. Para superar ese trauma contará con la ayuda de Melitta, su mujer, que es una de las esclavas más veteranas del ludus. Aunque no sé por cuánto tiempo, ya que en Blood and Sand, si no recuerdo mal, el Doctore le contaba a Spartacus que había perdido a su esposa. Por cierto, ¿soy el único que ha visto sospechosos cruces de miradas entre Gannicus y Melitta? Forman un triángulo clásico con dos amigos, Oenomaeus y Gannicus, y una mujer, Melitta, al que aventuro un final trágico.

Oenomaeus, qué buen gusto tienesOenomaeus, qué buen gusto tienes

Si alguien se preguntaba si podíamos ver Gods of the Arena sin hincarle el diente a Blood and Sand, la respuesta es no. Un no rotundo y enorme como el circo que se está construyendo en Capua. El que cae de nuevo en Gods of the Arena no encuentra sentido a las miradas de Oenomaeus, al pelo largo de Crixus o a las palmaditas en la espalda entre Solonius y Batiatus. La relación entre ambos es tan impactante, después de ver cómo era en Blood and Sand claro, que se resume en una escena: Solonius dejando dinero a Batiatus para comprar a Crixus. No hace falta decir nada más. La precuela nos servirá para entender el odio que se profesarán en la serie, pero también para saber hasta qué punto uno y otro han influido en el crecimiento de sus respectivos ludus. Para empezar, Solonius ha dejado escapar a Crixus, que bien podría compararse a la historia del Barça dejando escapar a Di Stefano. La histora habría sido otra.

Me gustaría cerrar el primer análisis de Gods of the Arena con el personaje de Gaia, a la que muchos recordamos por ser la desequilibrada sexy de Dexter. Gaia es la tentación. Amiga de Lucretia, se presenta en el ludus familiar luciendo la mejor de sus sonrisas, su cuerpo para el pecado, joyas para engalanar a la jefa y un pequeño recipiente cargado del mejor opio. Si Gaia no es una profesional de la seducción, entonces Gannicus no sabe manejar una espada. Lucretia cae rendida a sus encantos, aunque poco antes confiesa que nunca se ha acostado con otro hombre que no sea su marido (ay, Crixus). Es una Lucretia ambiciosa, pero menos histérica e intervencionista que en Blood and Sand. Y como esta historia sólo dura seis episodios, me temo que Gaia será decisiva para el cambio de la domina. Los minutos finales no sólo son fantásticos por ofrecernos la primera (?) escena lésbica de la serie, ni porque aparecen intercalados con la paliza que recibe Batiatus, sino porque se traduce como un evidente mensaje de cambio: el lanista ha aprendido que por la vía de la justicia no va a conseguir el poder que desea y Lucretia ha caído en la tentación. Uno tendrá que jugar sucio y la otra… también.

Gods of the Arena tiene ante sí la complicada misión de despertar nuestro interés por Gannicus, entre otros personajes nuevos. Cuenta a su favor con el cariño que tenemos hacia los clásicos, en especial Batiatus, con el sexo y la violencia como mejores armas y con la curiosidad de ver el nacimiento de una historia apasionante. En su contra, un número: seis, que son los episodios que tiene la precuela. Yo sé que voy a estar atento cada sábado (viernes en Estados Unidos) a la serie desde la escena inicial de Past Transgressions, en la que un gladiador corta la cabeza por la mitad a otro. Lo he entendido como un mensajito de Steven S. DeKnight y de Starz a la audiencia: Bienvenido de nuevo.

Bien hallado...Bien hallado…


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