Review Gods: Paterfamilias

Quien más, quien menos, todo el mundo se ha enfrentado alguna vez a ese disparatado momento en que tu padre te engancha en la cama con tu pareja… jugando al trivial. O a ese momento en que tu padre aparece por sorpresa el sábado por la noche, cuando en realidad tenía que volver el domingo por la mañana, y descubre que su casa se ha convertido en una discoteca en la que no falta de nada: los sofás son el podium, las camareras son amigas de tu hermana, el alcohol es el mismo que él usa para el carajillo y, además, en el local está permitido fumar. De todo. O cuando llevas una racha goleadora que no te crees ni tú mismo y el día que viene a verte tu padre parece que te han girado los pies antes del partido. Aunque las mejores cosas de la vida suceden alrededor de tus padres, también es cierto que tienen la habilidad divina de aparecer en las situaciones más inoportunas. Que se lo pregunten al Batiatus…

La influencia de la figura paterna en los protagonistas de la mayoría de series daría para hacer una tesis kilométrica. No hay más que echar un vistazo a las últimas creaciones de J.J. Abrams: en Lost no había un padre decente (el de Locke, el de Ben, el de Sun); en Fringe, el de Olivia no es más que una carta al año y el de Peter… bueno, todos conocéis a Walter; y en Undercovers no llegamos a verlos, pero estoy seguro que el padre de uno era alcohólico y el de la otra no se hablaba con ella desde hacía años. En Spartacus: Gods of the Arena sucede algo similar, como hemos comprobado en Paterfamilias, un capítulo que me tomo la libertad de definir como un coitus interruptus. Y me explico.

Missio se establecía por méritos propios como uno de los mejores capítulos de la historia de Spartacus de la mano de los éxitos del Batiatus. Ver a Vettius herido y apestando a orín era poco menos placentero que el trío con el que se cierra el episodio. Batiatus había desafiado al poder establecido y había vencido. Con sus dagas envenenedas y sus juegos de manos, y ganándose la enemistad de algún que otro noble, sí, pero el fin, ese papel principal en el primus, justificaba cualquier procedimiento irregular para llegar hasta él. Si obviamos esos medios, si nos olvidamos de las lágrimas de Melitta o de la sangre del anterior Doctore, la mayoría celebramos los éxitos de Lentulus. Y en el momento culminante de su obra, cuando sólo le quedaba besar la gloria, en el momento del orgasmo (nunca mejor dicho), aparece Titus. Aparece papá. Y papá tira por tierra los métodos de su hijo, se disculpa ante Vettius y Tullius, escupe sobre su dignidad cuando se reconoce como un simple lanista ante el pueblo y desacredita todos los movimientos de Batiatus. Coitus interruptus. Los padres, ay los padres, esos superhéroes del desatino, los Dioses del inoportunismo. Si algún día os enganchan jugando al trivial con vuestra pareja, pensad que el Batiatus estaba bebiendo vino de los pechos de una mujer mientras su esposa se masturbaba al lado, justo en el momento en que entra el padre. This is Spartacus.

Festival en cada del lanistaFestival en cada del lanista

Superado este glorioso momento, conocemos a un Titus distante y recto, que cumple con el (lógio) papel de padre desencantado con el camino que ha seguido su hijo. Batiatus, por su parte, parece haber superado ese momento de la vida en que te das cuenta de que no podrás cumplir los sueños que tu padre suponía para ti. En Missio comprobamos que Quintus había decidido romper con la tradición y había pasado a la acción: muerto el Doctore, viva el Doctore. Y Paterfamilias es el momento en que Titus lo engancha con las manos en la masa, como el que está a dieta y es sorprendido abriendo la puerta de la nevera. Y es también el capítulo en que advertimos las enormes diferencias entre uno y otro. El Batiatus solventó una pelea entre gladiadores enviando a las minas a uno de ellos, mientras que Titus intenta transmitirles la idea de que deben luchar por la gloria. Quintus usa a Barca como guardaespaldas, mientras que Titus pasea por las calles de Capua con la cabeza bien alta y sin miedo de recibir una puñalada por la espalda. En definitiva, este 1×03 nos ha enseñado cómo era el ludus antes de que Batiatus se sentara en el trono y la importancia que tenían valores como el honor o la dignidad. A nadie se le escapa que, aunque simpáticas, aunque atractivas por macarras, las formas del Batiatus nunca han sido las adecuadas. Y nos hemos dado cuenta de todo esto por contraste, cuando hemos conocido a Titus.

Mención especial, la enésima, al trabajo de John Hannah, con esa cara de horror al ver a su padre por primera vez, con ese triste caminar con los hombros caídos por las calles de Capua como al niño al que le quitan el juguete y con esa expresión final de satisfacción por la victoria de Crixus sobre Auctus, en la que alegra la cara, sube los hombros y recupera su juguete. Pediría un reconocimiento oficial (Globo de Oro, Emmy) para Hannah, pero me viene a la cabeza la escena del vino. Y sinceramente no se me ocurre mayor premio que el de interpretar a Batiatus.

Decíamos que en Paterfamilias Titus deshace todo lo conseguido por su hijo en el anterior episodio. Primero disculpándose ante Tullius por haber osado ocupar el espacio que le tocaba en los juegos. Y luego aceptando qué gladiadores de su ludus participarían en los mismos. En su primer contacto con los gladiadores Titus se acerca a Oenomaus, el más fiel y honorable de sus hombres, y se aleja de Gannicus, que representa todo lo que detesta. Por eso no tiene ninguna objeción en que Gannicus desaparezca del programa y entren en su lugar Crixus, Auctus, Barca y Gnaeus. Y por eso tampoco nos extraña que Titus plantee la batalla entre Crixus y Auctus como una lucha entre su látigo y el de su hijo, entre su forma de conducir el negocio y la de Batiatus. Fantástica la pelea entre los dos gladiadores, pero me quedo con otros detalles: los problemas de Crixus para combatir contra una lanza, de ahí que reciba instrucción de Gannicus; la confianza de Doctore en Crixus, al que pone a entrenar con Barca; y, sobre todo, el discurso de Batiatus a Crixus antes de empezar el combate. Después del primer episodio dije que las 50 monedas que paga Quintus por Crixus, el hecho de que le salvara la vida, son el inicio de la relación tan estrecha que mantienen ambos en Spartacus, la serie original. Pues bien, a esa afirmación hay que sumarle esa escena, en la que los dos empiezan a labrar su destino juntos: Crixus en la arena, hasta convertirse en el campeón de Capua, y Batiatus en el palco, hasta ser el lanista más importante de la ciudad. Porque sí, Crixus vence. Y consigue la marca.

Crixus ya es gladiadorCrixus ya es gladiador

La victoria de Crixus sirve para que Titus tienda una mano a su hijo y para que encaminemos, los que hemos visto Spartacus, el personaje del galo. Crixus es más Crixus que la semana pasada, a diferencia de otros personajes que siguen muy alejados de su versión futura. Choca ver al Doctore empuñando el látigo con manos temblorosas y dando órdenes con una voz que no retumba hasta el último rincón de Capua, como acabará haciendo. En su caso creo que influirá de forma decisiva la muerte de Melitta. O la de Gannicus. O la de ambos a la vez, porque tiene toda la pinta de que este triángulo sólo se puede resolver con sangre. No sé si es algo personal, pero cada vez que veo a Gannicus compartir escena con Doctore, tiemblo. Y la tensión me ahoga. El ascenso de Crixus facilitará la transición de Gannicus a él como héroe de la arena, pero para ello, insisto, veo muchas manos manchadas de sangre. Las de Oenomaus. Y las de Batiatus, por supuesto, que cada vez está más convencido de que la rueda de Crixus es la buena. Por cierto, aplaudo también el trabajo de Manu Bennett, soberbio guerrero ascendido a la categoría de héroe en Spartacus, que en su primera batalla en Gods of the Arena ha sabido transmitirnos el miedo que estaba pasando. Era como ver un partido en diferido, porque todos sabíamos el resultado, así que todavía le doy más valor al papel del actor.

Otro que cada vez se parece más a su yo futuro es Barca, que ha reconocido el valor de Crixus en la arena aunque haya eliminado a su pareja. El honor entre gladiadores. Recordemos que Barca y Crixus son buenos amigos en Spartacus y que los dos tienen el favor de Batiatus, así que es muy posible que Paterfamilias nos haya mostrado la primera piedra de esa relación. El pobre Barca ha tenido que lamentar más bajas en este 1×03, ya que Ashur y su compatriota sirio han decidido merendarse sus pájaros, en una de las escenas más divertidas de la precuela. Desde que empezó Gods of the Arena me fijo especialmente en la pierna de Ashur, a ver en qué momento se cruza con una espada o un golpe de Crixus. Lo veremos. Y cierro con Lucretia, sin duda la más alejada de la domina que todos conocemos. Insegura ante Titus y paternalista con sus esclavas, en especial con Melitta, no veo la escena en que activaremos a la verdadera Lucretia. ¿Será a través de Gaia? ¿Tendrá que sacrificar a Melitta? ¿O sonará All Along the Watchtower? Estaremos atentos, Gods of the Arena lo merece. Sin ninguna duda, el mejor estreno de la midseason

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