Review Gods: Missio

La vida es de un color, de un sabor o de una textura diferente según los ojos que la miren. Pero también según el momento en que se mire. Por eso a veces vemos el vaso medio lleno y a veces lo vemos medio vacío. Por eso para algunos Mad Men es una joya de la televisión y para otros un peñazo indigesto. Por eso para unos pocos el Madrid tiró la Liga en Pamplona y para otros… bueno, para otros la tiró en el Camp Nou. Y por eso un día ves al Batiatus como un pobre lanista al que se le mean en la cara y al día siguiente como el taimado manipulador, soberbio y tirano que en realidad es. Y qué bien lo hace esto Spartacus: acercarte al Batiatus para que te pueda clavar mejor su daga envenenada. ¿Comentamos el 1×02?

El absurdo debate sobre cómo llamar a Spartacus: Gods of the Arena en el blog resultó ser más interesante de lo que pensaba. Después de darle algunas vueltas he llegado a la conclusión de que la abreviatura GotA o incluso SGotA, como proponían algunos, es demasiado confusa. Y aunque me gusta Arena porque es ahí donde tienen lugar los mejores momentos de la serie, me convence más Gods, que casualmente es como me describió el capítulo uno de mis mejores amigos (Hi there, McCoy), que fue el que me recomendó la serie y con el que tenemos cierta tendencia a exagerarlo todo: “este capítulo es Dios”. Partimos de la base, pues, de que tenía el listón realmente alto cuando empecé a ver Missio. ¿Es para tanto el 1×02?

Sí, es para tanto. Y para llegar a esa conclusión no hay que ser un experto en series, sólo hay que ver la cantidad de cosas trascendentales que suceden en tres cuartos de hora. Por si alguien tenía alguna duda de que la precuela iba a tratar la mayoría de temas que tienen relación con la serie original, que lo había, intuyo que habrán dejado de pensarlo a raíz de Missio, el capítulo en el que Oenomaus se convierte en Doctore, Gannicus en su peor enemigo, Ashur oposita para ser la mano derecha del jefe, Crixus para ser el nuevo campeón de Capua y Batiatus es más Batiatus que nunca. Y cuando sucede esto último, sólo podemos estar ante un capítulo inmenso.

Venganza húmedaVenganza húmeda

Missio arranca sin elipsis temporales, es decir, con Batiatus destrozado, humillado y con olor a bebé sin cambiar, caminando por las calles de Capua ante la mirada del pueblo que un día no muy lejano lo idolatrará. La serie se recrea en su desgracia, como si se tratara de una escena de violencia o de sexo, para que podamos valorar su grado de indignación y para justificar todos sus actos posteriores. En este momento del capítulo, creo que hablo por todos, sentimos pena por Batiatus y queremos que ejecute su venganza con el sadismo y efectividad con la que la lleva a cabo. Ni más ni menos. Aprovechando la llegada del noble Qixus, encargado de elegir los gladiadores para su primus, su plan pasa por cortar el suministro de gladiadores y de paso eliminar al joven lanista Vettius. Y el plan funciona, en parte gracias a un sirio llamado Ashur que no tiene escrúpulos en cargarse a un compañero para conseguir la marca de gladiador. Esa escena marca el inicio de las buenas relaciones entre Ashur y Batiatus, pero también justifica el odio que le tiene Crixus al propio Ashur. Crixus es un guerrero noble, que no tardará en ganarse el reconocimiento en la arena con la determinación de su espada y no con esa daga con la que Ashur apuñala por la espalda. Son la noche y el día. En cualquier caso, como decía, el plan funciona. Y el noble acaba en casa de Batiatus, donde espera Gaia con el aguijón a punto. Vettius 1-Batiatus 1.

A partir de ese momento se cortan nuestros suministros de simpatía hacia Batiatus, que saca su otra cara, o tal vez su cara real, la de soberbio tirano dispuesto a todo (y todo es todo) para obtener reconocimiento y poder. Con la inestimable ayuda de Gaia, personaje fantástico del que beberá Lucretia para formar su personalidad, Batiatus corteja al noble Qixus y satisface todos sus caprichos. Porque como sabéis, los nobles eran niños mimados a los que no se les podía negar nada. Que Qixus quiere una batalla a muerte entre gladiadores, sacamos a Gannicus a merendarse a… ¡Crixus! Y el galo presenta su candidatura a futuro champion of Capua poniendo en apuros al mejor gladiador del ludus. Decíamos en el 1×01 que uno de los retos de Gods of the Arena iba a ser el de comprometernos con los personajes nuevos. Y en la batalla entre Gannicus y Crixus me he dado cuenta que ya lo habían conseguido. Evidentemente, Crixus es un viejo amigo, pero en ningún momento he deseado que acabara con Gannicus, que personalmente me ha cautivado con su nobleza, su dominio de las armas y su particular y alegre modo de vida. La batalla ha resultado ser mucho más espectacular y reñida de lo que suponíamos, aunque al final haya tenido que intervenir Gaia para salvar la vida de Crixus.

La oposición de CrixusLa oposición de Crixus

No hemos pisado oficialmente la arena en Missio, pero hemos asistido a dos de las batallas más interesantes que ha visto Spartacus. La primera, antes narrada, entre Gannicus y Crixus, por un capricho del noble. Y la segunda, entre Doctore y Oenomaus, por la voluntad de Batiatus de sustituir al primero. Ya dijimos la semana pasada que la relación entre el Doctore y Batiatus estaba condenada al fracaso. El Doctore era el eslabón que unía el negocio actual con el negocio del padre de Batiatus. Y Batiatus, como ha quedado claro en Missio, está decidido a forjar su propia leyenda. En su inmensa sabiduría y su diminuta compasión, Quintus manda a Oenomaus a una batalla a muerte contra el actual Doctore. Batalla en la que vemos como los dos guerreros comparten movimientos y en la que, habiendo visto Spartacus: Blood and Sand, todos sabíamos quién saldría vivo. Como apasionado amante del sonido de las espadas chocando, Oenomaus llevaba meses buscando una confrontación. Lo que no esperaba es que tuviera lugar contra el hombre que más respeta del ludus. Claro que para Batiatus no existen los amigos, sólo esclavos que obedecen. Sobre esta lectura construirá su pequeño imperio, pero también empezará a cavar su propia tumba.

Insatisfecho con la escena de acción, Qixus tiene un nuevo capricho: Gannicus. Por lógica, el gladiador más feroz de la arena también debe ser una bestia sexual. Pero en lugar de probarlo personalmente, el noble exige que Gannicus protagonice una escena pornográfica en directo junto a… esa esclava mismo: Melitta. Toca volver a aplaudir el trabajo de los guionistas, que en capítulo y medio nos han sabido contar la especial relación de amistad y respeto que existe en el triángulo Oenomaus-Melitta-Gannicus. Por eso, y por el buen trabajo de los actores, la escena de sexo entre Gannicus y Melitta es salvajemente dura. El sexo, actividad favorita de Gannicus, se convierte en una pesadilla al estar cara a cara ante la mujer de su mejor amigo. La duda que me queda es si ambos estaban esperando ese momento, viendo la química existente y esos cruces de miradas a los que ya hicimos referencia en la review de Past Transgressions. En cualquier caso, las consecuencias de esta escena nos conducirán posiblemente a la guerra entre Gannicus y Oenomaus. Fantástico el momento regreso a las celdas, en el que Oenomaus se avergüenza de los actos que acaba de cometer y Melitta lo consuela con un doloroso “We do what we must in this house“. En esta casa manda Batiatus, que tendrá a sus gladiadores en el primus. Misión cumplida.

Melitta llora en silencioMelitta llora en silencio

Y como no hay capítulo de Spartacus sin una novedosa escena de sexo, Missio cierra las puertas con un trío entre Batiatus, Lucretia y Gaia. Es el homenaje que se da el jefe tras una dura jornada de trabajo. El Doctore ya es nuestro Doctore, Batiatus ya es nuestro Batiatus y Ashur y Crixus cada vez se parecen más a nuestros Ashur y Crixus. Si hay algún fan de Spartacus que no ha disfrutado con este episodio, es que en realidad no es fan de Spartacus.

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