Review Glee: The New Rachel

La tercera temporada de Glee se caracterizó por ser como una montaña rusa: capaz de elevarnos a lo más alto con momentos brillantes para después dejarnos caer en seco, sin arnés ni colchoneta, con algunos de los capítulos más aburridos de la serie. Y, sin embargo, los seguidores incondicionales estábamos impacientes por ver de nuevo a los héroes de las Nationals. Medio New Directions se graduó y el otro medio no, la mitad siguen en Ohio y la otra mitad se ha desperdigado. Veamos qué ha sido de ellos

Arrancamos con Rachel. ¡Ay, señorita Berry, quién te ha visto y quién te ve! Parece que fue ayer cuando aún era una encantadora muchachita (y un pelín repelente, seamos francos, aunque eso formaba parte de su encanto) que acompañaba su nombre de estrellitas y reclamaba todos y cada uno de los solos del coro, cosa que nunca nos importó porque era la estrella que más y mejor brillaba en New Directions. Sin embargo, su vida ha dado un cambio radical: un cambio de casi mil kilómetros (palabra de Google Maps) y de un coro de instituto a una internacionalmente reconocida fábrica de estrellas como NYADA. Vamos, como si Mario Casas se va a Hollywood: en España tiene estatus de estrellita y de guaperas (que alguien me explique por qué) pero en la meca del cine no se comería un rosco. O sí, quién sabe, ahí tenemos el precedente de Penélope Cruz (con la que, morid de envidia, estaré personalmente en el festival de cine de San Sebastián). ¡Pero basta, que nos desviamos! (Me encanta eso de “nos desviamos”, así os meto en el ajo y no parece que yo sea el único culpable de que en lo que llevamos de review aún no hayamos entrado en materia).

Rachel está en Nueva York, y parece que el suyo no va a ser un camino de rosas: a la lógica morriña hogareña y lo mucho que echa de menos a sus comp… a Finn y Kurt, se suma el nada amistoso trato que le dispensa su nueva profesora de baile, Cassandra July (Kate Hudson), que desde el primer minuto quiere dejar las cosas claritas: “Puede que haya dos personas en esta habitación lo suficientemente buenas para triunfar en este negocio. Al resto: gracias por pagarme el alquiler de mi loft en Soho”. Y, como broche, le dedica el primer “you suck” del año a Rachel, que seguro que pensaba que había dejado eso atrás. Pues no, hija, no. Y si encima Rachel le suelta a las primeras de cambio que su aliento huele a alcohol, pues ya se sabe… un poquito de “Americano”, de Lady Gaga, y “Dance again”.

¿Y qué pasa con los que se quedaron en Lima? De momento parece que la suerte les sonríe, aunque enseguida vemos que se trata de un espejismo. Una vez loser, siempre loser. En cualquier caso, la marcha de Rachel ha dejado el trono de New Directions vacío, y ya se han postulado los candidatos a ocupar la plaza: Tina, avalada por la propia Rachel; Unique, que viene de ser elegido como el mejor solista de las pasadas Nationals (¡qué injusticia, por Dios!); Blaine, que a pesar de no formar parte del grupo original se ha ido ganando protagonismo a pulso; y Brittany, que se come a todos en cuanto a frases ingeniosas se refiere… y lo mejor es que las dice desde la inocencia/ignorancia, sin tener verdadera constancia de lo que dice. Will, como siempre, intenta poner paz diciendo que las victorias no las logran las estrellas, sino el trabajo en equipo. Ya… claro… Como no podía ser de otra manera, el puesto de Nueva Rachel se decide mediante un duelo musical donde todos los aspirantes cantan “Call me maybe”. El ganador es, si lo pensamos detenidamente, el más apropiado: Blaine. Lo que no me entra en la cabeza es que sea Artie quien tome la decisión, yo no le dejaría decidir ni mi marca de detergente, pero allá ellos si confían en su criterio. La perfecta Nueva Rachel sería Santana, de eso no me cabe duda, pero de momento no ha hecho acto de presencia. Paciencia, volverá.

Caso especial es el de Kurt, que se resiste a dejar atrás su pasado. Nos sorprende, ya que si algo caracteriza al personaje, aparte de su exquisito/excéntrico gusto por la moda, es su empuje, no detenerse ante nada, afrontar todos los problemas sin darles la espalda. Pero incluso Kurt necesita un empujoncito de vez en cuando, y ese empujoncito se lo da Blaine con la canción “It’s time” (que, por cierto, me salgo de nuevo del tema principal para decir que es el mismo título que el último y excelente episodio de Weeds, cuya no menos excelente review podéis leer en esta misma web). Me encantan esos números musicales en los que alguien se pone a cantar en un sitio repleto de gente y todo el mundo se une al show. Alguna vez tengo que probar, a ver si es verdad que todos cantan y bailan conmigo… o llaman a la policía. El caso es que al final Kurt acepta y parte rumbo a Nueva York. Hummelberry contraataca. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de que juntar en la Gran Manzana a Rachel y Kurt nos va a dar muchos y muy buenos momentos.

Las caras nuevas:

  • Brody Weston, alumno de tercer año de NYADA, que se postula como sustituto de Finn en el corazón de Rachel. El tío tiene un físico portentoso, canta bien (o eso parece, porque sólo le hemos oído tararear en la ducha) y encima comparte con la señorita Berry un ritual de higiene a altas horas de la madrugada que promete futuros encuentros en los aseos.
  • Robin Sylvester, hija de Sue. ¡Qué cosa más mona! Es que es como para comérsela. [Advertencia: la expresión “es como para comérsela” es española, no tratéis de usarla en el extranjero o asustaréis a las madres. Lo digo por experiencia.] Poco podemos decir de ella salvo que es el amor de la vida de su madre, que paradójicamente delega sus cuidados en otro personaje nuevo, Kitty, descrita por Sue como una joven Quinn Fabray excepto que no está embarazada, ni es maníano-depresiva ni ha estado en una silla de ruedas. Ojito con esta chica porque tiene pinta de que las vaya a liar gordas.
  • Unique, que no es exactamente una cara nueva, pero esta vez llega para quedarse. Genial Brittany, como casi siempre, cuando le ve aparecer en la sala de ensayos: “Un corte de pelo genial, Mercedes, pensaba que te habías graduado”. Sigo sin perdonarle que le ganara a Rachel el galardón de mejor cantante en las Nationals, pero creo que estamos de acuerdo en que en esa ocasión se premió más la valentía que la voz (que, admitámoslo, también tiene, y mucha).
  • Marley y su madre con un extraño parecido con Ken Tanaka, el antiguo entrenador de fútbol. Una chica guapa, humilde y con voz. Parece algo sosita pero sin duda es un buen fichaje para la serie y para New Directions. No hay más que ver el dueto que se marca en la distancia con Rachel, ese genial “New York state of mind” de Billy Joel, para darse cuenta. Sin duda, en mi opinión, el mejor número del capítulo, porque volvemos a escuchar a Rachel y porque vemos que los nuevos fichajes del coro no van a dar el cante. O, bueno, sí, pero en el buen sentido.
  • Jake, el nuevo chico malo de Glee. Canta como los ángeles pero, ¡ah!, comparte sangre con el temperamental y genial Puck, y eso se tiene que notar. No tengo ninguna base para decir esto, pero para eso soy el reviewer y me autoconcedo la autoridad para hacer pronósticos: Jake va a ser un grande. Lo digo porque sí y me quedo tan pancho.

Y hasta aquí la review, que llega solapada con el segundo capítulo de la serie. Después de tanto tiempo sin ponerme manos a la obra con las reviews puede que se me note algo oxidado, como Anne Igartiburu, pero prometo esfuerzo, constancia, y, sobre todo, os garantizo que lo vamos a pasar muuuy bien esta temporada.


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